Sánchez veta el careo con Casado y se plantea excluir a Abascal del debate

Ferraz estudia las ventajas y los inconvenientes de dar voz a los ultraderechistas


Madrid | La Voz

Pedro Sánchez rechaza el cara a cara en televisión con Pablo Casado. El candidato del PSOE a las elecciones del 28 de abril no se sentará a debatir frente al jefe de la oposición, al entender que significaría reforzarlo y concederle la corona de líder dentro del bloque de derechas, cuando su estrategia pasa precisamente por lo contrario: atomizar el voto entre PP, Ciudadanos y Vox.

Todavía no existe confirmación oficial de que Sánchez dejará su silla vacía. Los socialistas, favoritos en todas las encuestas y acorde con su estrategia electoral de parar el reloj todo lo posible durante esta campaña en la que confían que hasta el día de las elecciones no transcurra nada más que el tiempo, no oficializarán su anuncio hasta entrada esta semana, pero fuentes del comité electoral han confirmado a la Ser que el mano a mano con Casado planteado por Mediaset aceptado por el líder popular está totalmente descartado.

Mientras tanto, Iván Redondo, principal asesor político del jefe del Ejecutivo y que coordina la campaña con Ferraz, todavía estudia las ventajas y los inconvenientes de participar en un debate más amplio. Sobre la mesa existen dos posibilidades, y será Sánchez el que finalmente elija tanto el escenario del debate como las reglas del mismo. Uno a cuatro para el lunes 22 de abril, organizado por RTVE y con presencia de los candidatos de las fuerzas con mayor representación en el Congreso (Sánchez, Casado, Iglesias y Rivera), o bien uno a cinco fijado para el día siguiente y organizado por Atresmedia en el que también tenga voz Abascal, el líder de Vox, partido al que todas las encuestas sitúan con una representación importante en la Cámara Baja para la próxima legislatura.

Parece claro que Sánchez al menos sí acudirá a uno de ellos. Falta comprobar por cuál se decide. El coordinador del comité electoral y secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, se limitó a anunciar en la rueda de prensa de ayer que «habrá participación» por parte del presidente del Gobierno.

El dilema está en invitar o no a Vox a la fiesta. Por un lado, en Ferraz entienden que lo mejor para el PSOE es continuar alimentando y dando alas al fantasma de la ultraderecha, aunque existe cierto temor de que legitimar el mensaje de Vox concediéndoles un micrófono podría acabar resultando perjudicial para los interese socialistas.

Malestar en Génova

La renuncia de Sánchez a participar en el cara a cara junto a Casado no ha sentado nada bien en Génova. El presidente del PP mostró su malestar en las redes sociales: «Lo lógico es que debatamos en un cara a cara, ya que soy el líder de la oposición y tengo 50 escaños más que el presidente del Gobierno», denunció, tratando de echar por tierra la coartada del PSOE en la que justifican su ausencia en que si aceptasen el mano a mano con Casado, inmediatamente tendrían que sentarse en la mesa con el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera. «No está claro quién es el que lleva la voz cantante en el bloque de derechas», esgrime una fuente en Ferraz.

Tan pronto como conocieron la renuncia de Sánchez, desde el comité de campaña del PP se apresuraron a difundir un vídeo en Internet bajo la etiqueta «Sánchez se esconde» en el que hacen un pequeño ejercicio de hemeroteca para ridiculizar el no del candidato socialista.

 De González a Rajoy

El primer cara a cara televisado se celebró el 25 de mayo de 1993. Participaron González y un joven Aznar, que sorprendió con su facilidad para desmontar al que por entonces parecía imbatible presidente del Gobierno. Al sevillano no le sentó bien la derrota. Una semana más tarde acabaría imponiéndose en la revancha. Y finalmente también en las urnas el 6 de junio de 1993.

En las tres siguientes citas electorales (marzo 1996, Aznar logra la presidencia; marzo del 2000, su mayoría absoluta; y el 2004, Zapatero conquista la Moncloa) no existió debate. Los candidatos no volvieron a coincidir en un plató hasta el 2008. Y de nuevo con doble ración. Zapatero y Rajoy protagonizaron en un enfrentamiento con partido ida y vuelta en el que las crónicas de entonces señalan al socialista como vencedor. Los televidentes recordarán a «la niña» que usó Rajoy de metáfora para hablar de España y el cinematográfico «Buenas noches y buena suerte» con el que se despidió el socialista.

A partir de este momento el debate televisado se convirtió en costumbre. Rajoy destrozaría a Rubalcaba en las elecciones del 2011 que supusieron el epílogo del bipartidismo. La irrupción de Podemos y Ciudadanos en las encuestas del 2015 propiciaron que Iglesias y Rivera encajaron en el primer debate a cuatro en el que también participaron Sánchez y Soraya Sáenz de Santamaría, que acudió al plató en lugar de Rajoy. Por entonces Casado era el vicesecretario de comunicación del PP, excusó la ausencia del gallego: «Su tiempo no es un chicle». Rajoy sí se sentó unos días más tarde en un cara a cara con Sánchez en el que el candidato socialista cuestionó la decencia de su oponente en plena crisis de Bárcenas. Los resultados de esa cita electoral y el no es no de Sánchez imposibilitaron una investidura, por lo que seis meses más tarde, en junio del 2016, acabarían celebrándose unas nuevas elecciones. Esta vez Rajoy sí acudió al debate a cuatro con Iglesias, Sánchez y Rivera.

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