¿Es Ana Pastor la alternativa a Pablo Casado?

Juan María Capeáns Garrido
juan capeáns SANTIAGO / LA VOZ

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Oscar Vázquez

La experiencia y moderación de la pontevedresa emerge en medio del cataclismo

30 abr 2019 . Actualizado a las 11:02 h.

Afines hasta en la derrota, simpatizantes históricos que abandonaron el barco con las últimas zozobras y detractores de toda la vida asistieron el domingo con distintos sentimientos pero la misma perplejidad al hundimiento del PP, una debacle que no auguraba ni el peor de sus enemigos, por más que la deseara. Entre los restos del naufragio flota Ana Pastor, uno de los escasos referentes populares que, dentro de la decepción global, va a superar el test de estrés al que se va a someter el partido a partir de esta misma mañana, cuando comience el análisis pormenorizado de los resultados y las claves del bofetón electoral.

Pastor, que tuvo una oferta en firme de Pablo Casado para prejubilarse políticamente como número uno de la lista de las europeas, optó por pelear desde Galicia por continuar en el Congreso, lo que le da derecho a hacer suyo el mensaje enviado por Feijoo pasada la medianoche: si el PPdeG no hubiese aguantado el tipo en una jornada nefasta, la diferencia entre los populares y Ciudadanos -poco más de 200.000 votos- hubiera sido mínima, dejando al actual líder inhabilitado como referente del centroderecha.

En Génova se manejaban tres escenarios. Uno optimista, que ya asumía un leve retroceso; otro pesimista, que es el que se produjo en toda España; y un tercero previsible, que es el que ha conseguido sostener Ana Pastor con una campaña más didáctica, centrada y moderada, alejándose del discurso bronco y de agitación de los fantasmas de la izquierda que se marcaba a diario en el argumentario de la dirección del partido. Tampoco tuvo reparos en poner por delante sus propios pensamientos: «Yo pertenezco a un partido, pero nadie va a hablar nunca por mí como mujer. Hablaré y me defenderé yo. Y me identifico creo que prácticamente con todas las mujeres», dijo exactamente hace un mes al hilo de las polémicas declaraciones de Suárez Illana sobre el aborto, una señal del descontrol que hubo en precampaña.

Tampoco se ciñó al guion al analizar los resultados en caliente. Decepcionada, como todos, fue más allá que otros líderes, que se quedaron en la descripción de lo ocurrido en la jornada dominical. La división de la derecha afectó, pero ella exigió una «reflexión» profunda para analizar los motivos: «Seguramente las cosas se podían haber hecho mucho mejor», adelantó.

El silencio de los veteranos

La vieja guardia popular sigue estupefacta por los resultados de Casado, pero antes incluso de la campaña, durante la elaboración de las listas, ya hubo quien mostró su disconformidad con la práctica desaparición de referentes vinculados a la etapa de Mariano Rajoy. De momento siguen en silencio a la espera de posicionamientos en frío y de que las preguntas sobre la dimisión del candidato remitan. O que termine de pasar el revolcón, pensando en el 26 de mayo.

Pastor trabajó 23 años mano a mano con el expresidente, pero logró mantener su expediente inmaculado y sin vínculos con la corrupción, que fue el origen de la catástrofe electoral. En el escueto grupo parlamentario que va a configurar el PP, dos de cada tres diputados no tienen ninguna experiencia en el Congreso -y en consecuencia se deben a quien allí los ha situado-, y tampoco han hecho oposición, que es lo que le tocó a Pastor cuando Rajoy perdió el poder en el 2004. Entonces ya venía de ocupar un ministerio con Aznar y estaba preparada para incrementar sus responsabilidades, pero tuvo que digerir el golpe y bregar ocho años desde la oposición, un trabajo que ella valora porque le dio un diagnóstico certero de los problemas del país, algo que no tuvo Pablo Casado ni en su etapa orgánica como responsable de comunicación ni en sus diez meses como presidente popular.

En el caso de que la familia popular sin despacho en Génova trate de sacudir el avispero, las redes tejidas en los últimos años serán determinantes para medir fuerzas, y ahí también juega sus bazas la gallega, que consiguió cultivar intensas relaciones con los medios de comunicación y periodistas de la capital con la bandera blanca que otorga el cargo institucional de la presidencia del Congreso. El puesto volverá a rifarse el 21 de mayo, en lo que será un aperitivo del ambiente de legislatura. En ese punto ya se empezará a conocer el papel que le concede Casado, al que le recomiendan que no deseche su capacidad para aportar mesura en las estrategias parlamentarias y moderación en los planteamientos.

A disposición del partido

Tiene, además de esas virtudes, otras ventajas a su favor. Está dentro del Congreso, es un referente respetado, mantiene vínculos sanos con sus adversarios y conserva una «muy buena» relación con Casado, confirman desde su entorno, de ahí que tampoco sea el perfil adecuado para liderar una revolución desde dentro, pero sí para ponerse a disposición del partido en el sentido más amplio si los próximos meses vienen de nalgas. «Todavía voy a dar mucha guerra», aseguró a La Voz este viernes en una entrevista de campaña en la que advirtió que iba a estar «donde digan los ciudadanos con su voto y donde mi partido quiera».