Mensaje de paz en el adiós de Akihito

El emperador formaliza su abdicación, la primera en más de dos siglos en Japón

Los emperadores Akihito y Michiko durante el ritual de abdicación en el palacio imperial de Tokio al que asistieron 500 personas
Los emperadores Akihito y Michiko durante el ritual de abdicación en el palacio imperial de Tokio al que asistieron 500 personas

Tokio / E. La Voz

Una sencilla ceremonia de abdicación puso fin al reinado del emperador Akihito cerrando una etapa de la historia de Japón. Akihito, de 85 años, se despidió de su pueblo con un mensaje de paz y agradecimiento. Hoy cederá el trono del Crisantemo a su primogénito, Naruhito, en la primera abdicación en Japón en más de dos siglos.

En su último discurso como emperador, Akihito deseó «a Japón y al mundo paz y prosperidad» y quiso dar las gracias a su pueblo con unas sentidas palabras: «Estoy profundamente agradecido por las personas que me aceptaron como un símbolo y me apoyaron». No olvidó reconocer el papel de su esposa y compañera de reinado, Michiko, y la incluyó a la hora de expresar sus buenos deseos para el futuro: «Junto con la emperatriz consorte, espero desde mi corazón que la era Reiwa (bella armonía), sea estable y fructífera». 

Tokio amaneció con un cielo gris y la fina lluvia estuvo presente durante toda la última jornada de la era Heisei (alcanzando la paz) que se extinguió a la medianoche con el fin del reinado de Akihito. La ceremonia de abdicación estuvo marcada por la brevedad y la austeridad. Se celebró en el salón Pino del palacio imperial con la asistencia de solo unas 300 personas, entre las que se encontraba el futuro emperador Naruhito y su esposa, la princesa Masako, junto a los miembros adultos de la casa real y representantes de los tres poderes del Estado. 

Tesoros reales

El emperador entregó los tesoros reales que simbolizan la monarquía: una espada, una joya de jade y un espejo, junto a los sellos imperiales. Tras custodiarlos 30 años hoy pasaran a manos de Naruhito. Por la mañana unos centenares de personas se congregaron ante el palacio real en señal de apoyo al nuevo emperador que, vestido con el traje tradicional de sokutai, visitó varios templos para anunciar a los antepasados y a los dioses sintoístas su renuncia al trono. 

Akihito (1933) ha sido el primer emperador de la historia en acceder al trono del Crisantemo sin el halo de divinidad. Al final de la Segunda Guerra Mundial, su padre, Hirohito, fue obligado a explicar a su pueblo a través de un discurso radiado que no tenía orígenes divinos. Era uno de los acuerdos de la rendición de Japón.

A su muerte en 1989, Akihito ascendió al trono cómo un monarca constitucional, sin poder ejecutivo. Su reinado ha estado marcado por la voluntad de defender la paz y acercarse a su pueblo. La imagen de la pareja imperial visitando a damnificados de catástrofes, arrodillados intentando consolar a las víctimas en los centros de acogida han humanizado la institución.

Está posición más cercana le ha valido las críticas de los funcionarios de la casa imperial que aspiran a conservar las tradiciones y defienden que el emperador siga siendo un símbolo y no un representante de la clase media nipona. Akihito ha trabajado para borrar el pasado militarista de la nación y no ha dudado en visitar algunos países víctimas de la ocupación nipona como China o Filipinas.

No todos ven bien la modernización de las milenarias tradiciones del trono del Crisantemo

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