Los siete pecados capitales de Pablo Casado

Arrancó mal obviando el centro y coronó una campaña nefasta ofreciendo carteras ministeriales a Vox


Madrid / La Voz

Pablo Casado entonó el martes un tímido mea culpa tras haber desatendido el centro político con el resultado de la pérdida de nada menos que 71 escaños. El dirigente popular dijo haber «tomado nota» del mensaje que le envió el electorado en las urnas, el mismo con el que tanto le advirtieron algunos barones territoriales: desde el centro es donde se ganan las elecciones. Beneficiado por la proximidad de las municipales, autonómicas y europeas, Casado continuará en el cargo al menos hasta el 26M, pero a nadie se le escapa que una fuga de más de dos millones y medio de votos solo puede explicarse con la concatenación de muchos y gruesos errores. Estos son sus siete pecados capitales.

Extrema Derechización

Desatención del centro. Casado se impuso en las primarias con un discurso de vuelta al aznarismo, pero no fue su proyecto lo que le dio la victoria, sino la apertura de una tercera vía dentro del partido como alternativa a la fratricida disputa que mantenían María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría por la sucesión. Desde el día que agarró el timón, emprendió un brusco rumbo a la derecha con el objetivo de recuperar a los ruidosos votantes que se habían marchado a Vox, desatendiendo por completo el centro político, un espacio desde el que suelen ganarse las elecciones y del que se acabaron beneficiando el PSOE y Ciudadanos. Su glotonería de querer abarcar a todos los votantes a la derecha del PSOE bajo sus siglas le jugó una pasada por elegir mal el punto de partida. Mientras Rajoy lo hacía desde el centro a la derecha, Casado eligió desde la derecha al centro.

FALTA de INTEGRACiÓn

Solo una familia. Una vez en el poder, incumplió su promesa de integrar a las distintas ramas del PP. Las ofertas que trasladó a algunos de los derrotados resultaron sonrojantes, por lo que muchos decidieron marcharse y, otros, descabalgados, optaron por esperarlo a la vuelta de la esquina. Todavía está abierta la herida tras la puñalada que le asestó el expresidente madrileño Ángel Garrido con su marcha a Ciudadanos. Casado incluso se inmiscuyó en algunos territorios, como en Asturias, para imponer como candidata a una persona afín a pesar de que la dirigente local acababa de ganar las primarias. Mientras tanto, repartió llaves de despachos en Génova a los pupilos más aventajados de Aznar.

Sobreexposición

Falta de claridad. Casado presume de haber completado en los últimos diez meses el equivalente en kilómetros a tres vueltas al mundo. Ha estado sobreexpuesto encadenando mítines y actos en todos los rincones del país. El problema es que allí donde iba intentaba vender diez mensajes, mezclando el 155 con la despoblación, cuando siempre suele ser más eficaz colocar una idea de forma clara que 14 de manera confusa. Además, algo que sabía muy bien Rajoy, y ahora Sánchez, es que cuanto más hablas, más riesgo corres de equivocarte.

Confección de listas

Más toros y menos política. La laminación de cargos en el partido se agudizó con la confección de las listas electorales, despreciando a políticos experimentados para rodearse de afines y supuestos independientes con más conocimientos en el mundo del toro (otra vez esa obsesión con Vox) que de la política.

Mal Rodeado

Asesores mediocres. Y de aquellos polvos, estos lodos. El gran problema de haberse rodeado solo de aplaudidores, muchos sin ninguna experiencia, es que al jefe le puede parecer que lo está haciendo de maravilla, porque solo escucha peloteo. Y cada vez que un barón le advertía del peligro de desatender el centro, algunos le envenenaban diciéndole que este solo codiciaba su trono.

Andalucía

Ganar una batalla, perder la guerra. La Junta fue su gran trofeo, quizá el único hasta la fecha. Lo paseó con soberbia por todas las plazas, pero no se dio cuenta de que la victoria le acabó costando una histórica derrota. El asesor de cabecera de Pedro Sánchez, Iván Redondo, comenzó a construir en la derrota andaluza el relato con el que el candidato socialista insistió una y otra vez en campaña, alertando del peligro de la posible llegada de la ultraderecha a La Moncloa y obteniendo una movilización masiva.

Una campaña nefasta

De Illana a Maroto. Empezó torcida con unas sonadas declaraciones de Adolfo Suárez Illana mezclando a los chimpancés con el aborto, tras las que quedó relegado a la nevera. Apartado de los micrófonos y reservado para la foto. Casado no logró o no quiso matizar su insólita propuesta para bajar el salario mínimo interprofesional. Y el último día puso la guinda llamando tímidamente al centro político a la vez que ofrecía carteras ministeriales a Vox en su futuro Gobierno.

El mejor resumen de la campaña es que su responsable, Javier Maroto, se queda fuera del Congreso tras no obtener el PP ni un solo escaño en todo el País Vasco.

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Fran Balado
Pablo Casado
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La resaca en Génova 13 tras el batacazo electoral fue dura. No podía ser de otra manera después de comprobar cómo se esfumaban 71 de los 137 escaños con los que contó la bancada popular en la pasada legislatura. «¿Cómo hemos llegado a esto?», se preguntaba una trabajadora de la sede central que todavía no daba crédito, y desprendiendo sus más que razonables dudas de volver a vivir algo parecido el 26 de mayo con las municipales, autonómicas y europeas. Ella misma ofrecía una respuesta: «Nos hemos ido demasiado a la derecha».

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