El mayor alijo de cocaína  en España sigue sin dueño y causa pérdidas a los narcos por 938 millones

Lo atribuyen a una red holandesa-marroquí, y los 5 detenidos en Algeciras serían intermediarios

Alijo en el puerto de Algeciras en el 2015 de cocaína  oculta en piñas frescas procedentes de Centroamérica.Alijo de cocaína oculta en piñas frescas, en el puerto de Algeciras en el 2015
Alijo de cocaína oculta en piñas frescas, en el puerto de Algeciras en el 2015

VIGO / LA VOZ

La información de la Armada de Colombia, y transmitida en origen por la National Crime Agency del Reino Unido, señalaba el contenedor exacto procedente de Colombia. Ya en España, los agentes de la Brigada Central de Estupefacientes, el 22 de abril del 2018, y con el depósito preñado ya en su poder en la zona portuaria de Algeciras, dieron con el mayor alijo de cocaína incautado jamás en la Península. 8,3 toneladas del polvo blanco más caro del mundo camufladas bajo otro fruto típico del país cafetero, el plátano. Un alijo valorado en 938 millones (el precio del kilo, según la Oficina Central de Estupefacientes, se paga a 33.500 euros) estaba llamado a acabar en las narices de holandeses, ingleses y españoles.

El inspector Daniel Santiago, del grupo de 43 de la brigada y a cargo de la investigación junto a otros compañeros, fue testigo de la aprehensión y participó en la investigación judicializada por la Fiscalía Especial Antidroga y el Juzgado de Instrucción número 2 de Málaga: «Pensábamos en una tonelada, tal vez algo más, pero al abrir el contenedor nos encontramos con todo eso». Un porte de 17 palés con cajas de plátano embaladas, de los que 15 contenían únicamente coca. Ni una simple capa de algo por encima para disimular el verdadero contenido del envío. Lo siguiente, dada la magnitud del alijo, era fijar una estrategia para llegar a lo más alto de la organización importadora.

El contenedor se vació en buena medida y se colocó en el lugar previsto. Tocaba esperar: «Sabíamos que necesitaban ayuda para salir del puerto, así que simulamos que todo les iba bien. Un camión lo sacó pasando el control sin problema hasta una nave». Daniel Santiago y sus hombres, junto con el Servicio de Vigilancia Aduanera, entraron y arrestaron a uno de los tres propietarios de la empresa importadora de fruta, Tropical World, y al transportista. El guardia civil que dejó salir al camión sin la documentación necesaria también acabó esposado y sigue en prisión provisional. 

Extradición

Los otros dos socios de Tropical World fueron detenidos tras huir a Francia, en colaboración con Aduanas de ese país, y extraditados a los pocos días. «Él y sus dos socios tenían entonces entre 28 y 35 años. Eran los dueños de la empresa, pero carecían de capacidad económica para algo así, tampoco antecedentes policiales que los hicieran sospechosos».

Tropical World llevaba trabajando un año y medio y recibía seis o siete contenedores al mes. Siempre fruta, siempre de Colombia, lo que evidencia lo elaborado del plan y la paciencia de sus cabezas pensantes. «Hicieron pruebas más pequeñas antes; nadie envía por primera vez un cargamento tan grande». La investigación sobre los verdaderos dueños de la mercancía acaba por ahora en un callejón sin salida. La información que se maneja es buena, pero insuficiente para sostener una acusación.

Todas las líneas apuntan a una organización holandesa-marroquí asentada en la Costa del Sol, pero, por ahora, sin más detalles que puedan trascender. Sí se sabe que al menos uno de los 14 homicidios por ajustes de cuentas cometidos el año pasado entre Cádiz y Málaga tiene su origen en este alijo. El fallecido, según el trabajo de campo, se habría negado a pagar más de 30 millones de euros por la pérdida de semejante fortuna en coca. En el punto de origen, Colombia, dicho patrimonio en perico se atribuye al clan del Golfo. Una organización mitificada por su larga trayectoria en el negocio, aunque, hoy en día, formada por diferentes familias que se reparten el trabajo para abaratar gastos.

«No podemos hablar de un cartel como los mexicanos, o los colombianos en el pasado. Tienen más nombre que otra cosa, suelen ser grupos independientes que se mueven en una misma zona y se reparten el trabajo», añade el inspector Santiago antes de recordar el trasfondo del problema: «Sobra producto, se ahogan en cocaína, quieren quitársela de encima y eso nos ayuda a veces».

La otra parte de la investigación, la colombiana, se pierde en una cooperativa de productores de banana. «No hay detenidos, es muy complicado. El origen del plátano está en una cooperativa con terrenos de diferentes dueños y cada uno con su propia gestión. Después se transporta a naves comunales de la cooperativa; más tarde, a almacenes de logística para embalar, y a continuación, a una nave de transporte que la introduzca en el contenedor como paso previo a su llegada al puerto... en qué momento se contamina la mercancía es muy difícil saberlo, hacen falta pruebas fehacientes. Ocurre lo mismo con los cargamentos de piña». 

Corrupción portuaria

La compañía exportadora se ubica en Medellín y se llama Agropecuarios del Tesoro, con especial experiencia profesional en el puerto de Turbo. De sus muelles, orientados al mar Caribe, salen grandes cantidades de cocaína a medio mundo, por lo que la corrupción en esta zona portuaria tampoco ayuda a aportar más luz al caso. Ya en España, sostiene la investigación, las intenciones de los receptores pasaban por dar un cambiazo. La Policía Nacional hizo los arrestos y el decomiso en una nave de Málaga y encontró decenas de cajas de plátano iguales a las que venían en el contenedor contaminado que sí almacenaban fruta.

«Creemos que iban a cambiar la coca por el plátano, meter todo en el contenedor y devolverlo al puerto. Luego pasarían el control sanitario obligatorio para alimentos frescos», detalla el inspector Santiago. Y añade: «La fruta, en contacto con la cocaína, por una reacción química, madura mucho antes y puede pudrirse. No hubiera pasado el control. Supimos rápido que necesitaban un contacto en la puerta para salir, por eso esperamos». Otro hecho sospechoso es que el peso declarado del contenedor no cuadraba con el real.

La instrucción judicial prosigue sin que se conozca aún el escrito de la Fiscalía y, sobre todo, sin que se pueda encausar a los verdaderos dueños del mayor alijo incautado en tierra de la historia en España y en Europa. El primero, en seco y en mar, se elevó a 10 toneladas y se cogió a bordo del Trepel en aguas próximas a Canarias en 1999.

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