Carmen Villar: «Nadie está exento de que sus hijos se conviertan en acosadores o acosados»

Pretende visibilizar el problema y ayudar a padres y niños que hayan pasado por situaciones similares


a coruña / la voz

Carmen Villar se atrevió a dar un paso adelante y contar el acoso escolar que sufrió su hijo cuando estaba en primero de la ESO con el objetivo de dar visibilidad al tema, ayudar a padres y niños que estén o hayan experimentado en sus carnes una situación similar y para tratar de cambiar unos protocolos, que en su caso, obviamente han fallado. Y lejos de hacerlo desde la rabia, el enfado o el resentimiento, lo hace lanzando un mensaje conciliador e invitando a la reflexión: «Nadie está exento de que sus hijos se conviertan en acosadores o acosados. Ambas partes son víctimas y hay que ayudarlas».

Esta madre coruñesa tiene claro que lo que falló en el caso de su hijo fue el protocolo de actuación, desde un principio y hasta el final. «Cuando el centro detectó un posible caso de acoso debería haber actuado inmediatamente y no esperar a ver qué pasaba. Cuando vas al médico con una infección te dan un antibiótico. Pues con esto igual. Ante un problema, hay que buscar una solución», explica. Sin embargo, con su hijo no fue así. A pesar de las reticencias que se encontraron desde el colegio a la hora de investigar lo que estaba sucediendo, el procedimiento siguió su curso. «Parece que si un colegio tiene abiertos varios protocolos es porque es peor, y es justo lo contrario, es porque es más consciente de la realidad y porque busca soluciones», comenta.

 ¿Qué se considera acoso?

Para que se determine que un niño ha sufrido acoso escolar tienen que cumplirse tres premisas: que se verifique la existencia de insultos, vejaciones o incluso agresiones, que estas se mantengan en el tiempo y que haya un desequilibrio de poder entre el acosador y su víctima, y «en nuestro caso dijeron que la tercera no se cumplía y se cerró el protocolo determinando que no existía acoso escolar».

Carmen Villar cree que cambiar a su hijo de centro, tal y como hizo, o expulsar a los acosadores no es lo ideal. Para ella la solución pasa por ayudar a ambas partes y enseñarles a convivir. «Son niños de 12 años y son recuperables. Pero de este modo a uno le estás enseñando que cuando hay un problema te tienes que marchar, y a los otros que cuando haces una cosa horrible no va a pasar nada», argumenta Carmen. Tras ver la reacción del centro, esta madre coruñesa optó por mover de colegio a su hijo y reconoce que tuvo miedo porque «cuando los niños no ven salida ni encuentran sentido a lo que sucede pueden desesperarse y llegar a hacer lo peor».

Por suerte, la situación mejoró con el cambio de colegio a pesar de que el pequeño comenzó el curso con el miedo a que la situación se repitiese. «Está yendo al psicólogo y la expectativa es que el recuerdo de ese acoso le va a acompañar de por vida, pero lo superará y acabará viéndolo como un capítulo pasado de su vida», analiza su madre, que anima a quienes estén pasando por una situación similar a recurrir a la ayuda de un profesional. «No puedes pretender que un niño se recupere solo de algo así porque puede cronificar la situación. Date cuenta que el acoso escolar suele pasar en un momento, en la adolescencia, en el que te estás formando como persona y en el que necesitas el apoyo del grupo», explica.

A pesar de todo lo vivido como madre de un niño acosado, Carmen asegura que entiende a las de los acosadores, porque «también sufren», y aunque a ella le ha tocado estar en un lado «no podemos culpar a los que abusan porque son niños y no podemos responsabilizarlos de algo así».

«Me escondía en la biblioteca, en el baño... Soy la víctima perfecta»

UXÍA RODRÍGUEZ
Víctima de acoso escolar y laboral. Juan es el pseudónimo de este hombre que decidió contar la pesadilla que vivió durante años en el colegio, el instituto y el trabajo.
Víctima de acoso escolar y laboral. Juan es el pseudónimo de este hombre que decidió contar la pesadilla que vivió durante años en el colegio, el instituto y el trabajo.

Uno de cada tres niños ha sufrido acoso escolar en algún momento de sus vidas

Después de años en tratamiento. Después de haber sufrido bullying en el colegio y en el instituto. Después de ser víctima de mobbing durante once años en un puesto de trabajo en el que todavía continúa... Juan (no quiere revelar su nombre real) ha decidido sacar a la luz su historia. «Tengo secuelas pero, al menos, puedo contarlo», asegura.

«Mi época escolar la pasé evitando a las personas que me acosaban. Me escondía en la biblioteca, en el baño... Soy una víctima fácil, soy más vulnerable. Se meten conmigo y no me defiendo: soy la víctima perfecta. Me agarraban por las cuatro extremidades e intentaban golpearme en los genitales con un árbol o con un poste. En el instituto, me ponían chinchetas en la silla, me tiraban bolas de papel... Te sientes culpable por no ser capaz de tener amigos», cuenta este funcionario de 41 años con síndrome de Asperger: «El diagnóstico ha sido una brújula para mí. Me ha dado seguridad y me ha orientado. Darme cuenta de que no era culpa mía fue una liberación».

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