«Me escondía en la biblioteca, en el baño... Soy la víctima perfecta»

Uno de cada tres niños ha sufrido acoso escolar en algún momento de sus vidas

Víctima de acoso escolar y laboral. Juan es el pseudónimo de este hombre que decidió contar la pesadilla que vivió durante años en el colegio, el instituto y el trabajo.
Víctima de acoso escolar y laboral. Juan es el pseudónimo de este hombre que decidió contar la pesadilla que vivió durante años en el colegio, el instituto y el trabajo.

REDACCIÓN / LA VOZ

Después de años en tratamiento. Después de haber sufrido bullying en el colegio y en el instituto. Después de ser víctima de mobbing durante once años en un puesto de trabajo en el que todavía continúa... Juan (no quiere revelar su nombre real) ha decidido sacar a la luz su historia. «Tengo secuelas pero, al menos, puedo contarlo», asegura.

«Mi época escolar la pasé evitando a las personas que me acosaban. Me escondía en la biblioteca, en el baño... Soy una víctima fácil, soy más vulnerable. Se meten conmigo y no me defiendo: soy la víctima perfecta. Me agarraban por las cuatro extremidades e intentaban golpearme en los genitales con un árbol o con un poste. En el instituto, me ponían chinchetas en la silla, me tiraban bolas de papel... Te sientes culpable por no ser capaz de tener amigos», cuenta este funcionario de 41 años con síndrome de Asperger: «El diagnóstico ha sido una brújula para mí. Me ha dado seguridad y me ha orientado. Darme cuenta de que no era culpa mía fue una liberación».

Pero, después del acoso escolar, llegó el acoso laboral. «Mis acosadores eran superiores y mis compañeros no hacían nada porque lo veían como algo normal. Me decían que era cosa de un tiempo pero que luego te dejaban en paz. En mi caso duró once años hasta que, finalmente, denuncié», afirma. «Se me empezó a caer el pelo, tenía bruxismo, problemas de piel, musculares... Estuve de baja varias veces. Una de ellas, más de un año. Es muy difícil identificar en uno mismo los síntomas de la depresión».

Existe una relación bidireccional entre bullying y depresión. «Es un círculo vicioso. Como el acoso tarda tanto en ponerse de manifiesto, el daño que se ha hecho es demasiado. Muchos jóvenes llegan a las consultas después de un intento de suicidio», recuerda el doctor Celso Arango, Director del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital General Universitario Gregorio Marañón.

Los niños objeto de bullying siguen estando en riesgo social y de salud casi 40 años después de la exposición al acoso, es uno de los datos que los expertos pusieron de manifiesto en el Seminario Lundbeck dedicado a la huella del acoso escolar y laboral en la salud mental.

«En torno al 10% de los niños y adolescentes en España padece acoso escolar, lo que aumenta entre 2 y 3 veces el riesgo de sufrir depresión respecto a la población escolar general», señaló el doctor Arango que recuerda que «es un problema de salud pública. Igual que se pueden reducir los accidentes de tráfico, se puede redudir el acoso escolar. Hoy mismo, más de mil niños están sufriendo una agresión física o amenazas verbales por parte de algún compañero».

La lacra del acoso escolar

Para hablar de acoso escolar se tienen que dar una serie de componentes. Tiene que existir un comportamiento agresivo: físico, verbal o relacional (como aislar al niño) que se tiene que dar de forma repetida, estar desarrollado por un grupo de iguales y existir un desequilibrio de poder.

Hay algunos factores de riesgo demostrados. El ser diferente (inmigrantes, con alguna discapacidad, obesidad, desempleo parental, orientación sexual) es el principal motivo de acoso escolar. «Más que lo físico, lo que influye para aumentar el riesgo de convertirse en acosado, es el comportamiento. Los niños con trastornos de aspecto autista tienen muchas más posibilidades de ser víctimas», aseguró el Director del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital General Universitario Gregorio Marañón que recordó un estudio de The Lancet en el que se concluía que el acoso escolar es menor en las familias que cenan juntas.

Uno de cada tres niños afirma haber sido acosado en algún momento de sus vidas, y entre el 10% y el 14% experimentan un acoso crónico que dura más de seis meses. La edad media de las víctimas está en los 10,9 años, según la Fundación ANAR. El tiempo que trancurre por término medio entre el comienzo del acoso y la llamada de ayuda es de alrededor de 13 meses. El acoso escolar más habitual dura más de un año (52,9 % de los casos) y su frecuencia es diaria (75,4 %).

Las agresiones verbales (78 %), físicas (fuertes en el 52 % de los casos) y el aislamiento (40,9 %) son los hechos violentos más habituales.

El experto también habló de la importancia de tratar al acosador. «En la mayor parte de los casos, se puede trabajar con los acosadores para eliminar el bullying. Hay que trabajar la empatía, el ponerse en lugar de otro... El acoso, muchas veces, se hace sin conocer las consecuencias. Además, tenemos que convertir a los chivatos en superhéroes», aconsejó el doctor Arango.

Acoso laboral

Múltiples estudios han demostrado la relación entre acoso escolar y acoso laboral. Muchos de los adultos objeto de mobbing han sido víctimas del bullying en la edad escolar. ¿Las causas? Se puede explicar por las características de comportamiento personal que pueden poner a algunos individios en riesgo continuo de convertirse en el objetivo de los acosadores. Otra explicación es que, esas experiencias traumáticas, al fomentar síntomas de depresión, pueden provocar reacciones negativas de otros y, por lo tanto, poner a las personas en riesgo de un nuevo acoso en la edad adulta.

«La prevalencia de acoso laboral en los distintos estudios oscila en torno al 14 %. La relación entre mobbing y depresión también está demostrada. De hecho, la depresión y la ansiedad son los síntomas más prevalentes en las primeras etapas en las que el trabajador está siendo víctima de acoso laboral», explicó la Dr. Rosa Gutiérrez, jefa del Servicio de Salud Mental de Alcobendas en el marco del Seminario organizado por Lundbeck.

La exposición al mobbing puede tener efectos a largo plazo en la salud mental hasta cinco años después con secuelas como fobia social, depresión o trastorno de estrés postraumático. Se estima que un 10% de los suicidios consumados es atribuido a este tipo de acoso.

«Las personas tenemos que tener menor tolerancia al maltrato porque la gente que está alrededor es la que lo agrava. Cuando la gente que te rodea no hace nada, eso es lo peor», asegura Gutiérrez.

La propia Organización Mundial de la Salud describió en 2010 a este fenómeno global como «un gran problema de salud pública», al que se ha llamado «epidemia silenciosa mundial».

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