Menos comida y más ocio, así ha variado la cesta de la compra de los españoles

Los productos con los que se calcula el IPC revelan la evolución que ha experimentado el consumo en España


redacción / La Voz

La despensa ya no la llenamos en el ultramarinos de barrio, lo hacemos (generalmente) en grandes superficies comerciales. Ya no tiramos de aguja e hilo para confeccionar nuestras propias prendas con las telas que compramos en la tienda de abajo, ahora vestimos nuestro armario con moda de usar y tirar. Y el tiempo de recreo ya no lo pasamos escuchando cintas de casete y de VHS, sino conectándonos en una pequeña pantalla a los servicios de streaming... Los avances de las últimas cuatro décadas han revolucionado por completo las formas de consumo de los españoles. Poco queda de aquellas familias de finales de los setenta que sentaban a la mesa casquerías y carnes frescas de añojo y dedicaban parte de su presupuesto a los estudios de BUP de sus hijos.

La cesta de la compra de los españoles puede convertirse en un curioso índice para certificar hasta qué punto hemos cambiado en los últimos 40 años. La comparación de las listas de productos con las que cada año se calcula el índice de precios de consumo (IPC) muestra la evolución (o más bien revolución) que han experimentado los hábitos entre 1976 -el primer año del que se tiene constancia en los archivos del Instituto Nacional de Estadística (INE)- y la actualidad.

El consumo del hogar viene determinado por un sinfín de variables (no solo económicas, sino sociológicas o incluso tecnológicas) y varía a lo largo del tiempo. Para medir la inflación, el INE recoge en la lista que conforma el IPC una serie de bienes y servicios que considera representativos del gasto de las familias. Los clasifica por grupos y pondera la mordida que cada uno de ellos se lleva del presupuesto de los hogares. Con el paso del tiempo algunos nuevos entran y otros ya añejos salen. En la cesta de 1976, por ejemplo, sorprende encontrarse partidas como el cordero lechal o las hechuras y tintorerías. Mientras que los platos preparados tienen en los índices modernos un grupo propio, en los setenta se incluían con la carne o el pescado.

Y nace el ocio

Ha cambiado, y mucho, el tiempo libre. Las familias de hace cuarenta años -según el IPC- no tenían ocio, sino «otros esparcimientos», mientras que con los gastos de educación de los colegios más habituales hoy en día convivían los costes asociados a los internados (también con su propio grupo).

En la lista de 1983 aparece por primera vez la partida de crustáceos y moluscos frescos y congelados y el cordero deja de ser un subgrupo como tal. La tecnología empieza a asentarse en los hogares tímidamente y, por primera vez, la cesta tipo de los españoles incluye una categoría para frigoríficos, lavadoras y lavavajillas y otra para aparatos de radio y televisión o de imagen y sonido.

Las mascotas, en los 2000

Hubo que esperar a que aterrizara el siglo XXI en los almanaques para que las mascotas y todos sus gastos asociados entraran en la cesta de la compra de los españoles. La primera vez que se tiene constancia de este grupo es en el IPC elaborado en el 2001. Y su relevancia no ha parado de crecer. Porque mientras que en aquel momento los animales domésticos compartían grupo con la partida de floristería, pronto se independizaron para copar su propio subgrupo.

La alimentación languidece con el paso de los años. Llenar la despensa cada vez supone un esfuerzo menor para la cartera de los ciudadanos patrios. De hecho, según un estudio publicado en la Universidad de Valencia con el histórico de los datos del INE, en el año 1936, los españoles dedicaban un 60,1 % de su presupuesto a alimentación, bebidas y tabaco. La partida del vestido se llevaba el 9,4% y la de la vivienda el 14,6. En 1976, las cosas ya empiezan a cambiar. Llenar el estómago protagoniza un 40,5 % del gasto y empiezan a aparecer en la rutina de los ciudadanos nuevos derroches como el del transporte, el ocio o la salud.

La curva de la alimentación no para de ir cuesta abajo en los siguientes registros del IPC. En 1992, apenas representa el 26,8 %, y en el 2002 se queda en el 22 %.

En el otro fiel de la balanza, el gasto en transportes. El primer índice en el que se incluye como grupo, en 1976, constata que esta partida araña un 9,7 % del presupuesto, mientras que en el 2008 la movilidad de los españoles ya mordía el 15,2 % del bolsillo.

Al ocio también le han sentado bien los años. Mientras que en la cesta de la compra de 1936 ni tan siquiera aparecía reflejado -hubo que esperar a 1976 para que firmara su primer registro, llevándose entonces casi un 7 % del presupuesto de cada mes-, a día de hoy, copa casi un 20 % del gasto de los españoles.

Las comunicaciones también tiran cada vez más del bolsillo. Del escaso 1,44 % que suponía en los presupuestos de 1992 (primer año en el que aparece como grupo), se ha pasado al 3,7 % actual.

Los juegos de azar y el «streaming» conquistan los bolsillos españoles

La última revisión del IPC, fechada en el 2016, nos da algunas claves de cómo somos hoy en día los españoles. El gasto en loterías y juegos de azar entró en la cesta de la compra hace tres años. Y vaya si entró. Actualmente pesa más de un 1 % en el presupuesto familiar. Y no es la única novedad que trajo el índice en su último lavado de cara. Porque Netflix y Spotify ya tienen su cuota de protagonismo en la cesta de la compra. Los servicios en «streaming» consiguieron asomar la cabeza y empezar a contar en el cómputo, al igual que las cápsulas de café, que ya son un habitual en los desayunos patrios. Unos vienen y otros se van, y las nuevas modas han relegado a la categoría de productos de segunda artículos como las videocámaras, los DVD grabables o el brandi.

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