«La gente muere de ébola en sus casas porque tiene miedo de ir al hospital»

Sanitarios que trabajan en la epidemia en la República del Congo cuentan su experiencia

MSF
R.R.
REDACCIÓN/ LA VOZ

La situación en la República Democrática del Congo no ha empeorado. Sigue siendo igual de desesperada. A los especialistas y equipos que llevan meses trabajando sobre el terreno no les ha sorprendido que la Organización Mundial de la Salud (OMS) haya declarado de emergencia internacional la epidemia de ébola que el país sufre desde hace un año. Estaba más que justificada.

El sentir general en el Congo es que la situación lleva empeorando desde hace varios meses, hasta llegar al descontrol en el que se encuentra sumida ahora la epidemia. El 1 de agosto, se cumplirá el primer aniversario del brote de ébola en la República Democrática del Congo. Entonces se extendía por el país de una manera lenta. Los primeros casos se dieron en zonas rurales con malas comunicaciones y de baja densidad de población. Sin embargo, en las últimas semanas se ha extendido con facilidad hasta llegar a una de las grandes ciudades del país, Goma, con un millón de habitantes. Es lo que ha desatado la alarma hasta convertir el episodio en una «emergencia internacional».

Luis Encinas, enfermero pediatra de Médicos sin Fronteras (MSF), conoce de cerca la enfermedad, al haber trabajado en las epidemias de Liberia, Guinea o Sierra Leona, cuando se originó hace cuatro años el brote más mortífero de la historia. Para Luis, que se desarrolle la epidemia en una zona rural supone una disyuntiva. Tiene ventajas e inconvenientes: «Si hablamos de zonas remotas, cuanto más remoto, menos gente hay y se produce un aislamiento natural. Al llegar a grandes ciudades, está menos controlado», explica. Sin embargo, este aislamiento dificulta llevar un tratamiento a los afectados. «Resulta complicado llegar hasta allí. En Guinea o Liberia, las comunicaciones por carretera eran muy superiores. Los enfermos llegaban antes a los hospitales, y con ellos también viajaba con más rapidez la enfermedad», dice Luis al comparar la situación en el Congo con la vivida en África occidental. Las comunicaciones en el país del ecuador africano dejan mucho que desear. «Nos enfrentamos a malas carreteras y comunicaciones. Para recorrer 50 kilómetros necesitas alrededor de tres horas». Esta dificultad de acceso hace que algunos casos se compliquen, pues el tiempo que se tarda en hacer llegar las terapias hace que aumente el peligro.

Desde Médicos del Mundo, la coordinadora sanitaria en la República Democrática del Congo, Hydra González, resalta esta complejidad. «En la capital, los equipos son más conocedores, es una gestión centralizada», explica.

Epidemia del miedo

«Siempre decimos que cuando llega la epidemia del ébola, también llega la epidemia del miedo» dicen desde MSF. Las organizaciones que trabajan sobre el terreno, aprecian una gran falta de confianza por parte de la población. «Dos de cada tres personas afectadas por el ébola mueren en sus casas», afirma Luis. Un dato como este representa que la población tiene miedo de ir a un hospital, de dejarse tratar por los especialistas. «La gente no confía. Dejarse en manos de la cultura extraña no es tarea fácil», resalta Hydra. «Hay un rechazo enorme. Tienen miedo a las preguntas de los equipos médicos extranjeros y extraños o a las ambulancias. Que se los lleven y no se sepa más de ellos». Esta voluntaria lleva pocos meses trabajando en la República del Congo. Sin embargo, aprecia con claridad que existe una «falta de sensibilización» en el trato hacia la población.

MSF

Cree que para trabajar en una misma dirección y reducir el impacto de esta epidemia hay que dar un servicio de calidad a los afectados, con mejoras en la comunicación y con un trato más personalizado. «Hay que llegar a la persona con amor, con cariño, con acercamiento», dice. «El problema -añade- está en que hay que hacer a la población partícipe del problema».

Una de las vías de actuación de Médicos del Mundo incide en el ámbito psicosexual. Esta vía busca llegar a las personas afectadas por el virus y a sus allegados a través de equipos psicológicos para disminuir el riesgo del estigma, mejorar la calidad de la intervención y la comunicación.

El segundo ámbito de actuación pasa por dar formación a los sanitarios para prevenir y controlar la infección. Los médicos locales están concienciados, conocen la enfermedad, pero no disponen ni de los medios ni de los protocolos suficientes como para hacerle frente. El Gobierno también conoce bien el desafío al que se enfrenta. «No hay un intento de camuflaje, son conscientes y transparentes de lo que ocurre en el país; tienen un plan de acción, pero que funcione es otra cosa», confirma Luis.

Un camino difícil

«Estamos ante un sistema muy frágil, muy deficiente con el que hay una relación de desconfianza entre la sociedad», dice Hydra. Además, la inestabilidad se agrava si hablamos de las agresiones que reciben los voluntarios. «El personal sanitario está expuesto a ataques, incendios, atentados... Se han dado más de 170 ataques a personal hospitalario», subraya Luis Encinas. Si a esto le sumamos la falta de recursos, la situación se complica. «Encontramos cinco médicos por cada 10.000 habitantes. Eso es cinco veces por debajo del umbral de España», dice.

La situación es preocupante, pero «no se van a cerrar puertas o mercados» dice Hydra. «Habrá que ver si los pasos que se dan son acertados o si hace falta cambiar el protocolo», concluye.

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