Investidura: una misión casi imposible

Aunque tienen más tiempo para negociar, el PSOE y Unidas Podemos están mucho más alejados que en julio

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias llevan mucho tiempo mostrándose desprecio y desconfianza mutua
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias llevan mucho tiempo mostrándose desprecio y desconfianza mutua

MAdrid / La Voz

Aunque la negociación entre el PSOE y Unidas Podemos para tratar de alcanzar un acuerdo que permita la investidura de Pedro Sánchez dispone de más tiempo del que ambas formaciones tuvieron en el fracasado diálogo de julio, las posibilidades de alcanzar un pacto se antojan más difíciles que hace un mes y medio, hasta el punto de que, a dos semanas de que se cumpla la fecha del 23 de septiembre, que obligaría constitucionalmente a disolver las Cortes, el acuerdo se antoja casi imposible. Tras la experiencia frustrada que llevó a la doble derrota de Sánchez la desconfianza entre ambas fuerzas políticas ha aumentado y las posiciones están más alejadas de lo que lo estaban tras las elecciones generales del 28 de abril, cuando el acuerdo para un Gobierno de izquierdas se daba por descontado.

¿Qué ha cambiado desde la negociación de julio?

La anterior negociación se centró de manera casi exclusiva en dilucidar si el «Gobierno de cooperación» se iba traducir en un Ejecutivo en solitario del PSOE con colaboración para toda la legislatura, como proponía Sánchez, o en un Gobierno de coalición, como planteó siempre Unidas Podemos. Al final, Sánchez cedió al Gobierno de coalición, pero fue el desacuerdo en el reparto de carteras lo que frustró el pacto. Ahora, sin embargo, los socialistas son inflexibles en su negativa a un Gobierno de coalición y exigen a Unidas Podemos no solo respaldo a la investidura, sino garantías de apoyar los Presupuestos en toda la legislatura. Un acuerdo que, después de haber renunciado a una vicepresidencia y tres ministerios, sería imposible de justificar por parte de Pablo Iglesias

¿Qué sería necesario para que Sánchez fuera investido en primera o segunda votación?

El PSOE cuenta con 123 diputados. El PRC, que fue el único que votó a favor de Sánchez en julio, ha comprometido ya su voto a favor, con lo que sumarían 124. Necesita imperiosamente el apoyo de los 42 escaños de Unidas Podemos a la investidura. Pero eso no es suficiente. Los tres partidos alcanzarían 166 escaños, que llegarían a 167 si se suma el diputado de Compromís. A 9 de la mayoría absoluta de 176. En caso de que llegaran a un pacto, el PNV se ha mostrado dispuesto a que sus seis diputados voten a favor, con lo que alcanzarían los 173. Sánchez tendría así imposible ser investido en primera votación, en la que es necesaria la mayoría absoluta. Y sus posibilidades de ser elegido en la segunda, en la que bastan más votos a favor que en contra, pasan por que ERC se abstenga o que lo hagan los cuatro diputados de EH Bildu. La abstención de ERC haría posible que Sánchez fuera investido incluso con el voto en contra del PNV. Junts per Catalunya, que tiene a tres de sus siete diputados suspendidos, ha anunciado que votará en contra, lo mismo que el PP (66), Ciudadanos (57), Vox (24), Navarra Suma (2) y Coalición Canaria (2). Entre todos solo sumarían 159 si EH Bildu vota en contra o 155 si se abstiene. La otra posibilidad matemática, pero imposible, es que Ciudadanos pactara con el PSOE. Sumarían 180 escaños. 

¿Puede ser investido Sánchez si no logra un pacto con Unidas Podemos?

Sí. Y es una hipótesis que se está analizando en los últimos días. Aunque Sánchez dice que rechazaría apoyos «gratis» a su investidura, Unidas Podemos, en caso de que no haya acuerdo, podría optar por apoyarle para evitar una repetición de las elecciones, pero pasando de inmediato a la oposición. En ese caso, las posibilidades dependerían de que el PNV se mostrara dispuesto a respaldar una investidura que en realidad dejaría a Sánchez en precario y sin mayoría parlamentaria. Es probable por tanto que los nacionalistas vascos no lo apoyaran, porque carecería de capacidad de cumplir los compromisos que adquiriera con ellos. En ese caso, el rey constataría que Sánchez no tiene mayoría y no lo propondría como candidato. 

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La investidura afronta su semana decisiva. Pedro Sánchez ha jugado a estirar el reloj al máximo, y aunque la cuenta atrás para que se disuelvan las Cortes no se agota hasta el próximo lunes 23 de septiembre, el chicle ya no da para más. Porque tal y como determina la Constitución, la investidura del presidente del Gobierno requiere que con anterioridad el rey realice una ronda de consultas con los líderes de los partidos con representación parlamentaria y, en caso de que decidiese proponer a un candidato y este aceptase el encargo -Rajoy lo rechazó en su día por falta de apoyos-, todavía habría que convocar un nuevo debate de investidura.

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