Moderados del PDECat gestan un cisma que llevaría al partido al precipicio

Este sábado debatirán sobre cómo la deriva independentista les ha dejado sin liderazgo ni discurso

Marta Pascal, senadora del PDECat
Marta Pascal, senadora del PDECat

redacción / la voz

Cuarenta y cinco años después del nacimiento de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) de la mano de Jordi Pujol y con la bendición de la Moreneta en el monasterio de Montserrat, la esencia de aquellos catalanistas se ha esfumado. El político pragmático que controló y negoció todo y con todos ha acabado embadurnado por la corrupción. Y sus discípulos, entiéndase el PDECat, navega en un barco que zozobra entre el independentismo y sus orígenes. Este sábado podría alumbrarse la escisión de aquellos moderados que no comparten la deriva secesionista de Carles Puigdemont y Quim Torra. Sería un tercer hijo de la formación iluminada por la citada abadía. Lliures -que estuvo presidida por Antoni Fernández Teixidó, procedente de CDC y CiU- y Units per Avançar -de Oriol Molins, exUDC, y Ramón Espadaler- son los otros dos que abandonaron antes el hogar convergente por la deriva independentista de los timoneles y su estrategia de enfrentamiento con el Estado.

Y para hacerlo han escogido el muy simbólico monasterio de Poblet (Tarragona), que alberga el archivo del honorable Josep Tarradellas, quien tras su vuelta a España gracias a una ardua negociación con el rey Juan Carlos I, apostó por un Gobierno de unidad y respeto dentro de la legislación española. Pero también porque los cistercienses que lo habitan han resistido las presiones para que se posicionasen a favor del secesionismo, en contraposición de las declaraciones, luego desautorizadas, del abad de Montserrat, Josep María Soler, quien dijo que el Vaticano aceptaría una Cataluña soberana.

Esas mismas piedras que albergan los panteones reales de los reyes de la Corona de Aragón escucharán cómo David Bonvehí, el presidente del PDECat bendecido por Puigdemont, y otrora defensor de que el partido no podía ser más radical que ERC, intentará convencer a la militancia para integrarlo en la Crida Nacional, la formación que el fugado Carles Puigdemont ideó para capitanear el independentismo y a su vez no diluirse políticamente.

Bonvehí, peón que en su momento Artur Mas aupó para número dos del partido tras Marta Pascal, evolucionó e involucionó del catalanismo al independentismo hasta decir hace dos años que el pulso unilateral del independentismo podía acabar en fracaso y por eso el PDECat debería ser un partido «moderado». «Porque parece que Junqueras es el moderado y la gente vota por el moderado», argumentó.

Su pronóstico se cumplió en las elecciones de abril, cuando ERC dio el sorpasso al PDECat al sacar 15 diputados frente a los 7 de este último. También las encuestas sobre un posible adelanto electoral en Cataluña sitúan a los republicanos por delante de los posconvergentes.

Con estos tan pésimos augurios, los moderados -capitaneados por la senadora Marta Pascal, el exdiputado en el Congreso Carles Campuzano y el exconsejero y exalcalde de Sant Cugat Lluís Recoder- preparan un golpe interno ante la deriva que está llevando al partido al borde del precipicio. Se quejan de que carecen de marca, liderazgo, mensaje y discurso político. La falacia del independentismo se los ha arrebatado. 

División interna

Pero la división interna no es de un día. Públicos han sido los enfrentamientos entre un sector y el otro. Uno de los más recientes ejemplos lo protagonizaron cuando de aprobar los Presupuestos de Sánchez en el 2018 se trataba. El diputado Ferran Bel quería permitir la tramitación de las Cuentas, mientras que su correligionaria y vicepresidenta del partido, Miriam Nogueras, se negaba.

En marzo pasado, el PDECat vivió otra profunda crisis abierta por la confección de las listas electorales por la imposición de nombres vinculados al expresidente Puigdemont y el ninguneo de otros como Campuzano, Jordi Xuclà y Marta Pascal. Las europeas las capitaneó el propio Puigdemont, porque él así lo decidió, mientras que al Congreso las encabezó Jordi Sànchez. Bonvehí convocó después primarias para elegir al resto de la lista, pero el expresidente se le adelantó y divulgó su propia lista. El resto calló.

La Crida, creada como jugada de Puigdemont para intentar succionar a los posconvergentes, pero también para diluir a ERC, ha fracasado. Su proyecto no va con los de Oriol Junqueras, que presumen de tener un partido fundado en 1931, y al que pertenecieron Francesc Macià, Lluís Companys o Josep Tarradellas, por lo que no están dispuestos a dilapidar toda su historia.

Una vez más, en Poblet ahora, el secretario general de la Crida Nacional per la República, Antoni Morral, volverá a pedir que el PDECat se disuelva para que no le haga sombra a JxCat. Aunque puede que ni necesite solicitarlo si los descontentos con la deriva independentista presentan batalla, piden explicaciones por los resultados electorales y abandonan la formación en busca de un espacio catalanista moderado y no independentista. La semilla para el tercer hijo de los convergentes.

El regreso de Artur Mas, a partir del 23 de febrero 

El precedente de la exigencia de Pedro Sánchez a Unidas Podemos en julio para formar un Gobierno de coalición, consistente en que Pablo Iglesias quedase al margen del Consejo de Ministros, lo vivió el expresidente Artur Mas. Fue condición de la CUP en el 2016 que Mas diese un paso al lado para que los anticapitalistas apoyasen un Gobierno de Junts pel Sí (lista única independentista). El sustituto fue el alcalde de Gerona, Carles Puigdemont.

Mas también fue el primer alto cargo de la Generalitat en ser condenado por celebrar una consulta ilegal sobre una hipotética independencia. Ahora la esperanza para un sector posconvergente está en su vuelta para recuperar el discurso político de centro y forjar un liderazgo ilusionante. Apuntan que el expresidente podría ser el sastre que cosa el partido y el único que podría toserle a Puigdemont. Su cumplimiento de la condena por inhabilitación por la consulta del 9N del 2014 está a la vuelta de la esquina, el 23 de febrero del 2020. Teniendo en cuenta que las encuestas de cara a unas autonómicas son desfavorables a los posconvergentes en relación con ERC, el presidente Torra intentará convocar comicios cuanto más tarde mejor. A eso jugará Mas y un sector del PDECat que está dispuesto a esfuerzos, pero no a inmolarse. La revolución interna está anunciada.

El expresidente huido de la Justicia tiene la virtud de cosechar cada vez más detractores. En su partido, algunos mantienen que es una marca en sí misma que se mueve por intereses personales, pero que no aporta votos. Eso, unido al discurso emocional y a la ausencia de lo político ha dado resultados desastrosos.

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