Rudy Giuliani, el hacedor que ha llevado a Trump al borde del «impeachment»

Abogado del presidente, el exalcalde de Nueva York está en el centro del escándalo con Ucrania

Giuliani llegó a ser alcalde de Nueva York, fracasó en su intento de ser presidente de EE.UU. y ahora ejerce de abogado, agitador televisivo y hacedor de entuertos de Trump
Giuliani llegó a ser alcalde de Nueva York, fracasó en su intento de ser presidente de EE.UU. y ahora ejerce de abogado, agitador televisivo y hacedor de entuertos de Trump

Washington / E. La Voz

Es un ejercicio de alto riesgo. Ser abogado de Donald Trump puede llevarte a la cárcel -como ha ocurrido con Michael Cohen, el hombre que dijo estar dispuesto a recibir una bala por el presidente- o situarte en el ojo del huracán de una crisis política que ha llevado a Trump a las puertas de un impeachment.

Tiene el honor Rudy Giuliani, pintoresco personaje de 75 años que llegó a ser alcalde de Nueva York, fracasó en su intento de ser presidente de EE.UU. y ahora ejerce de abogado, agitador televisivo y hacedor de entuertos del líder estadounidense. Gran parte del escándalo ucraniano tiene como protagonista a Giuliani. 

Tal y como figura en la denuncia del informante anónimo y en la propia reconstrucción de la llamada del 25 de julio facilitada por la Casa Blanca, Donald Trump insistió a su homólogo ucraniano, Volodimir Zelenski, en que debía trabajar con su fiscal general, William Barr, y con su abogado Rudy Giuliani. La petición forma parte del «favor» que Trump le pide al mandatario para que investigue tanto las supuestas corruptelas del exvicepresidente Joe Biden y su hijo Hunter (que fue contratado por una empresa del país mientras Biden viajaba a Kiev en representación de la Casa Blanca), como el presunto papel de Ucrania en el inicio del Rusiagate. Trump, muy proclive a dar pábulo a las teorías conspirativas, cree que los demócratas se conchabaron con el anterior Gobierno de Ucrania para beneficiar a Hillary Clinton en el 2016.

El documento del confidente recoge diversas interacciones entre Giuliani y asesores de Zelenski. Su papel es tan activo que llevó a confusión al entorno del presidente ucraniano. ¿Quién representa oficialmente a Estados Unidos? ¿Giuliani? ¿El Departamento de Estado? Las quejas se producen también dentro de la Administración Trump, aunque hay ocasiones en que Giuliani y los funcionarios se coordinan. Por ejemplo, cuando Kurt Volker, representante especial de EE.UU. para asuntos de Ucrania, le facilita un encuentro con un asesor próximo a Zelenski. El propio Rudy Giuliani ha mostrado un mensaje telefónico de Volker que parece confirmarlo.

Pero, ¿qué buscaba el abogado de Trump? Promover que Ucrania investigara los dos «favores» que posteriormente el estadounidense transmite a Zelenski en la llamada telefónica. Para conseguirlo, Giuliani se reunió con Yuriy Lutsenko, fiscal general de Ucrania hasta finales de agosto que, en una entrevista en marzo con The Hill, acusó a funcionarios de su país de haber conspirado con la campaña de Hillary Clinton y a la embajadora de Estados Unidos en Kiev, Marie Yovanovitch, de haberle entregado una lista de personas a las que no debía investigar. Aunque Lutsenko se retractó posteriormente, Trump y su entorno no solo dieron difusión a sus comentarios, sino que retiraron de Kiev a Yovanovitch. Lo de Lutsenko fue aparentemente una rabieta en plena campaña presidencial en Ucrania, después de que la embajadora criticara la corrupción del Gobierno para el que trabajaba el fiscal. Hasta el Departamento de Estado de Trump calificó de «completa fabricación» su acusación. 

A pesar de la falta de evidencias y de la endeblez de sus acusaciones, Rudy Giuliani, portavoz de las más oscuras teorías del deep state (las cloacas del Estado), reclama ser reconocido como el auténtico whistleblower (informante). «Deberíais estar contentos por vuestro país de que yo haya descubierto esto».

¿Hizo mal «The New York Times» en publicar datos sobre el confidente? 

C. P. C. Washington / E. La Voz

Lo poco que se sabe sobre quién es el informante que alertó del contenido de la conversación entre Donald Trump y su homólogo ucraniano y de los esfuerzos de la Casa Blanca por ocultarlo es gracias a The New York Times. El jueves publicó que se trata de un agente de la CIA que llegó a trabajar en la Casa Blanca y que podría ser analista de formación. Eso es todo, pero para algunos fue demasiado. Y en Twitter, donde las pieles finas se inflaman al segundo, comenzó una campaña (#CancelNYT) para darse de baja del periódico.

El propio diario neoyorquino se hizo eco de las quejas, no solo de lectores, también de trabajadores de Inteligencia y Seguridad Nacional, que advertían de que los datos proporcionados ponían en riesgo la vida del denunciante y ejercían un efecto disuasorio para futuros confidentes. El debate es interesante porque plantea diferentes preguntas: ¿Es relevante conocer la identidad del confidente? ¿Ha de respetar un periódico el deseo del whistleblower de permanecer en el anonimato? 

Dean Baquet, director ejecutivo del medio, defendió sus motivos alegando que el ataque de Trump contra el informante, tratando de dañar su credibilidad, hizo que «decidiéramos publicar datos limitados» sobre su identidad para «proporcionar información a los lectores que les permita llegar a sus propias conclusiones sobre si es o no creíble». Baquet añadió que la propia Casa Blanca conocía estos datos de antemano.

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