Unos 500 violentos convierten el centro turístico de Barcelona en una batalla campal

Barcelona ha vivido la quinta noche consecutiva de graves altercados que, lejos de disminuir, se han recrudecido, con numerosas barricadas y destrozos y un balance de, al menos, 54 detenidos y 182 heridos en los enfrentamientos de manifestantes con los Mossos, que por primera vez han empleado la tanqueta de agua. Crecen las agresiones a periodistas


Redacción / la voz

Quinta jornada de violencia callejera en Barcelona con unos graves altercados que, lejos de disminuir, se han recrudecido, con numerosas barricadas y destrozos y un balance de 54 detenidos, todos ellos por desórdenes públicos y «atentado a agentes de la autoridad», y 182 heridos.

De los detenidos, doce fueron arrestados en Barcelona, donde se vivieron escenas de gran violencia en la vía Layetana, donde se encuentra la comisaría de la Policía Nacional, y en la plaza Urquinaona. Además, en vía Layetana la Policía Nacional detuvo a otras diez personas.

En cuanto a los detenidos por los Mossos d'Esquadra en el resto de Cataluña, dieciocho personas fueron arrestadas en Lérida, doce en Gerona, nueve en Tarragona, dos en la zona central y uno en Sant Celoni. 

El fotoperiodista de El País Albert García, detenido por la Policía Nacional durante los altercados, ha sido puesto en libertad esta madrugada. Según informa este diario, el fotoperiodista, que ha quedado en libertad a las 3.30 horas, iba acreditado con brazalete de prensa y portaba casco de protección y fue inmovilizado en el suelo por media docena de agentes.

Según algunos periodistas presentes en el momento de la detención, el reportero gráfico habría sido acusado de empujar a un policía cuando las fuerzas policiales trataban de detener a uno de los alborotadores que participaba en los disturbios que se han producido en el centro de Barcelona.

Las protestas violentas se saldaron, además, con 182 heridos, la mayoría en Barcelona, donde resultaron lesionadas 152 personas, según informa el Sistema Catalán de Emergencias. Hay dieciocho agentes de la policía catalana heridos, ninguno de consideración.

Los Mossos lanzan agua por primera vez con la tanqueta

Los primeros incidentes de este viernes se registraron ya por la tarde frente a la Jefatura Superior de Policía de Barcelona. Hasta la vía Laietana se desplazó la manifestación de estudiantes que puso fin a tres días de paro en las universidades y centros de enseñanza secundaria. Los jóvenes lanzaron bolas de acero, piedras, bengalas, botellas, latas y huevos contra los agentes que custodiaban el acceso al edificio, por lo que los policías decidieron intervenir. Tras realizar varias cargas, la Policía Nacional arrestó a cuatro estudiantes, todos ellos menores de edad, por arrojar objetos contra la comisaría y los agentes.

La situación se complicó a medida que avanzaban las horas al sumarse a la concentración de universitarios varios miles de independentistas procedentes de la manifestación convocada con motivo de la huelga general y de las Marchas por la Libertad que ayer confluyeron en Barcelona. 

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Plaza Urquinaona, zona cero de los enfrentamientos violentos En la quinta jornada de protestas tras la sentencia del procés en Barcelona.

Urquinaona y Via Laietana se convirtieron en escenario de una auténtica guerrilla urbana y los adoquines volaban por los aires mientras se multiplicaban las hogueras y los manifestantes, que intentaban jugar al gato y al ratón con los policías mientras buscaban cualquier tipo de mobiliario urbano tras el que parapetarse. Ante las diversas barricadas con fuego que amenazaban con extenderse a árboles, algunos vecinos han salido de sus casas para tratar de reducirlos con bidones de agua y extintores.

Los Mossos se vieron obligados a estrenar su cañón de agua. El camión ha llegado sobre las 22.30 a la plaza Urquinaona, apartando barricadas y abriéndose paso entre hogueras.

«Es para abrir paso, no para lanzar agua», concretaban fuentes policiales poco antes, al anunciar que estaban transportando el camión hacia el lugar de los altercados. El denominado camión hidrante fue adquirido por los Mossos en el año 1994 y nunca hasta ahora lo habían llegado a utilizar.

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Momento en el que un antidisturbios herido es evacuado por sus compañeros Ha sido durante el asedio a la Jefatura de Policía en Via Laietana.

Cuatrocientos radicales

Un grupo formado por 500 radicales volvió a formar barricadas con contenedores de basura y prendió hogueras para impedir el paso de las fuerzas de seguridad. Los enfrentamientos entre los violentos y los agentes se extendieron a otras calles del centro de la Barcelona, donde se repitieron las escenas de estos días, con carreras, cargas policiales y lanzamiento de todo tipo de objetos, incluidos artefactos pirotécnicos, contra los agentes. Las llamas y las humaredas se alzaron con especial intensidad en la plaza de Urquinaona, donde grupos de encapuchados destrozaron material urbano (contenedores, jardineras y señales) y lanzaron piedras contra la policía, que respondió con pelotas de goma, botes de humo e incluso salvas para repeler el ataque.

Durante estos altercados, según informaron los servicios de emergencia de la Generalitat, resultaron heridas unas treinta personas. Entre los heridos, figuraban dos agentes antidisturbios del Cuerpo Nacional de Policía. Uno de ellos fue retirado inconsciente de la vía por sus compañeros y, según informó el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, sufría lesiones de gravedad. El titular de Interior también subrayó que 207 policías han sido heridos desde el lunes y que se han multiplicado las agresiones a los periodistas. Este viernes se produjeron diez, dos de ellas a equipos de TVE.

Grande-Marlaska explicó que las detenciones de implicados en los actos violentos registrados esta semana en Cataluña ascienden ya a 128. Nueve de estas personas han ingresado en prisión por orden judicial.

Los Mossos detuvieron a dos de los radicales de extrema derecha que en la madrugada del jueves al viernes habían propinado una brutal paliza a un independentista.

Por su parte, el Ayuntamiento de Barcelona ofreció su primera estimación de los daños causados en la ciudad por los actos vandálicos de las cuatro primeras jornadas de protestas. Desde el consistorio explicaron que la reparación de los desperfectos tendrá un coste de 1,5 millones de euros. Durante esas cuatro noches, fueron quemados 800 contenedores, según detalló el ministro del Interior.

Campo de batalla en la Barcelona turística

Melchor Sáiz-Pardo, Colpisa 

Lo buscaron desde el principio del día. Los violentos no estaban dispuestos a dejar pasar la ocasión de montar la batalla campal más multitudinaria desde que el lunes comenzaran las algaradas. Y lo consiguieron. Lograron llevar la guerra al corazón turístico y comercial, a menos de 300 metros de la Plaza de Catalunya de Barcelona, epicentro de la ciudad. Lograron que un viernes por la noche, con temperaturas casi primaverales, el barrio más concurrido de la capital catalana fuera un erial en el que los encapuchados, haciendo una nueva demostración de acciones coordinadas de 'kale borroka', sustituyeron a los turistas.

Los radicales sembraron de barricadas de fuego, de hasta 20 metros de longitud, el barrio alrededor de la Jefatura Superior de Policía de Vía Laietana. La sede policial, habitual objetivo de todas las movilizaciones independentistas, se había librado hasta ahora de la ira de los violentos, por lo que los servicios de Información temían, como así fue, que este viernes fuera el lugar escogido. Lo que no esperaban en la Policía es tener que enfrentarse durante más de seis horas a 500 radicales extremadamente violentos y organizados (al principio llegaron ser más de 2.000) entre los que había numerosos activistas antisistemas europeos -particularmente franceses, italianos o griegos- que llegaron ex profeso para participar en los disturbios o que residen en la comunidad.

Tampoco esperaban los servicios de Información que todo empezara tan pronto. Pero es que todo estaba planeado. Los radicales, envalentonados por el ambiente multitudinario independentista de la jornada, no esperaron, como otras jornadas, a que cayera la noche o a que acabara la gran manifestación secesionista. Hostigar a los agentes Desde las dos de la tarde, mucho antes de que comenzara incluso la marcha, varios centenares de radicales, muy jóvenes en su mayoría, empezaron a hostigar a los agentes de las Unidades e Intervención de la Policía (UIP, antidisturbios) que custodiaban la sede policial. Durante dos horas aguantaron una lluvia de orines, cerveza, pintura y huevos. Las órdenes eran no entrar en provocaciones, pero cuando los centenares de violentos arremetieron contra el cordón sobre las cuatro de la tarde el caos comenzó. Las primeras cargas, con cuatro detenidos, alejaron de la Jefatura a la masa, pero, a su vez, calentaron los ánimos que es lo que buscaban los cabecillas de las algaradas. Y en cuestión de menos de cinco minutos empezó la batalla. Como viene ocurriendo desde el lunes, en seguida aparecieron en la Plaza de Urquinaona, donde tuvieron lugar los mayores encontronazos, grupos con bidones de líquido inflamables para levantar barricadas, mientras, como si de un ejército se tratara, decenas de radicales comenzaban a lanzar a las fuerzas de seguridad todo un arsenal: piedras, adoquines, botellas, latas llenas, cohetes, bengalas o bolas de acero con tirachinas de las que penetran las carrocerías. Los encapuchados, perfectamente organizados y parapetados en barricadas de contenedores, exhibieron toda su panoplia de 'kale borroka'. En muchos momentos, lo que estaba pasando podía calificarse directamente de terrorismo callejero.

Aunque los agentes lograron alejar de la Jefatura los incidentes, las algaradas se extendieron hasta el punto de que la Policía Nacional mandó más refuerzos (hasta tener desplegados en la zona a más de 300 funcionarios) y los Mossos también tuvieron que desplegarse en la zona. Caída la noche la situación siguió descontrolada, a pesar de que la UIP comenzó con el lanzamiento de pelota y gases. Pero era más una táctica de protección que de dispersión. Los mandos policiales decidieron, ante el alto número de encapuchados, reducir las cargas para evitar que los disturbios se propagaran por toda la zona sur de la Diagonal, tal y como pretendían los cabecillas de la revuelta.

Aun así, mantener la posición y evitar el incendio costó caro. Hubo varios lesionados entre los policias. Uno de ellos tuvo que ser evacuado inconsciente tras recibir el impacto de un objeto.

Aunque el Ministerio del Interior autorizó ayer a la Guardia Civil a actuar en el área metropolitana de Barcelona, los Grupos de Reserva y Seguridad (GRS, antidisturbios) se limitaron a la protección del puerto y del aeropuerto. Y es que El Prat, tras el 'éxito' de la toma del aeropuerto el lunes, sigue siendo objetivo de los violentos, según los informes policiales.

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