El Chicle ya solo espera su condena

Finaliza el juicio con el único acusado entre la prisión permanente revisable y siete años en la cárcel


Santiago / la voz

José Enrique Abuín, el Chicle, afronta las horas finales antes de conocer su condena por la muerte de Diana Quer. Su futuro queda en manos del jurado popular de nueve personas que deberán decidir qué relato es el real. ¿La mató involuntariamente en A Pobra, o la raptó antes de violarla y asesinarla en Asados? Dos opciones que se plantearon en 11 días de juicio oral y que equivalen a dos penas diametralmente opuestas: siete años de cárcel o la prisión permanente revisable.

La defensa

Homicidio involuntario. En su alegato final, la letrada de Chicle, Fernanda Álvarez, dibujó un proceso que consideró viciado desde su investigación: «Una farsa». «[El Chicle] Es un ser humano al que han tratado como un monstruo», aseveró. Para Álvarez, Abuín se encontró a Diana en la calle Venecia. La mató accidentalmente para que no lo delatara por robar gasóleo. Metió el cuerpo en el coche y lo llevó a la nave para esconderlo en el pozo.

Para justificar su versión, trató de tumbar prácticamente toda la investigación. Sobre el estudio de telefonía que ubica a Diana en el paseo de O Areal, afirmó que estaba «metido con calzador». Tampoco dio por válido el trabajo de los forenses del Imelga, que defendieron la asfixia con la brida como causa de la muerte. «No estuvo nunca en el cuello de Diana», defendió la letrada.

Todo el caso fue confeccionado para inculpar al Chicle, afirmó Álvarez, quien solicitó una pena por homicidio imprudente o con dolo eventual, que supondría una pena máxima de siete años de prisión.

La fiscalía

Permanente revisable. Para la fiscala Cristina Margalet, el Chicle «tiene el perfil de un depredador». Definió al acusado como una persona «metódica, que sigue un patrón». Así lo hizo, afirmó, cuando presuntamente violó a su excuñada y lo repitió cuando el 25 de diciembre de 2017, un año después de la muerte de Diana Quer, intentó secuestrar a una joven en Boiro para agredirla sexualmente, tal y como está recogido en sentencia judicial. Su petición, prisión permanente revisable por los delitos de detención ilegal, violación y asesinato: «Primero acecha, después persigue. Solo satisface a sus instintos».

Acusación particular

Pena máxima. «Diana llega viva a la nave de Asados. No lo duden ustedes». Esas fueron las frases más repetidas por el letrado de la familia, Ricardo Pérez Lama, en su alegato final: «Tenía a Diana a su merced, atemorizada, incomunicada, sin posibilidad de defenderse».

Que Diana no murió en A Pobra, aseguró, lo demuestran los datos de telefonía que la ubican en el paseo de O Areal y el modus operandi del Chicle: «Estaba al acecho, preparado para cazar. Le arrebata el móvil y la mete en el maletero». En Asados, dijo, la mató y escondió su cuerpo en el aljibe: «Sabía lo que le sucedería, se estaba jugando 12 años de cárcel porque había violado a Diana». Por todo ello, solicitó, al igual que la Fiscalía, la prisión permanente revisable: «Aquí no hay actrices, solo una niña, de 18 años, Diana Quer López-Pinel».

Peritos

¿Delito sexual? Los forenses que estudiaron el cuerpo de Diana defendieron que su muerte la causó «el estrangulamiento con la brida y la fractura del hioides [hueso de la garganta]». Reconocieron que no se hallaron restos del ADN de Abuín en el cuerpo de Diana, aunque «de ninguna manera se excluye el delito sexual».

La psicólogas que entrevistaron a Abuín lo definieron como una persona «carente de sufrimiento emocional», «susceptible», «rencoroso» y que «puede explotar en cualquier momento».

Otra de las pruebas determinantes es el informe de un cuerpo especial de la UCO, que coloca a Diana siempre en el paseo de O Areal. De considerarlo el jurado verídico, todo el relato del Chicle se caería como un castillo de naipes.

La explicación de la entomóloga que estudió las larvas de mosca halladas en el pelo de Diana también evidencia que el cuerpo estuvo fuera del agua un mínimo de 20 días, y que la acusación defiende que fue lo que tardó en regresar al lugar para lastrarlo una segunda vez.

El chicle

El único acusado. José Enrique Abuín Gey aprovechó sus últimas palabras para pedir «nuevamente perdón». Al comienzo del juicio afirmó que fue en la calle Venecia donde se encontró a Diana: «Le eché la mano derecha al cuello, se fue para atrás y le agarré la cabeza». «Se quedó con los ojos abiertos y no respondía. Estaba muerta». El jurado será el que decida si dijo la verdad.

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