El asalto a la embajada dispara la tensión entre EE. UU. e Irán

Trump amenaza a Teherán con duras represalias por un ataque que refuerza la influencia iraní en Irak

Trump, en un mitin el miércoles en Battle Creek
Trump, en un mitin el miércoles en Battle Creek

Madrid / Colpisa

El presidente Trump acusó a Irán del asalto a la embajada estadounidense en Bagdad y amenazó al Gobierno de Teherán con duras con represalias, aunque más tarde matizó que no deseaba iniciar una guerra abierta. Los atacantes de la milicia proiraní se retiraron de la embajada de EE. UU. en Bagdad tras una orden del PMF (Fuerzas de Movilización Popular de mayoría chií), al entender que «el mensaje había sido escuchado». La retirada puso término a un día de cerco dramático que deja dañadas las relaciones entre Irak y EE. UU. y pone de relieve la fortaleza de la influencia iraní en la capital iraquí.

El secretario de defensa Mark Esper anunció el despliegue inmediato de 750 contingentes en la zona, además de otros 3.000 que serán trasferidos próximamente y que se añadirán a los 14.000 desplegados en la región desde mayo para contrarrestar a Irán. Una acción «apropiada y cautelar» en respuesta al incremento del nivel de amenazas contra el personal y las instalaciones de la embajada. Esper no aclaró donde estarán estacionados los nuevos contingentes, aunque fuentes militares señalaron que el destino inicial será Kuwait.

El asalto se produjo como respuesta a los ataques aéreos de EE.UU. contra las bases de las milicias proiraníes Kataib Hezbolá en la frontera sirio-iraquí el domingo, que dejaron al menos 25 muertos. Fueron lanzados, a su vez, en represalia por los ataques de misiles de las milicias que causaron la muerte de un contratista norteamericano en una base al norte de Irak la pasada semana. El ataque de fin de año forzó a Washington a desplegar tropas adicionales para proteger la embajada contra los miles de manifestantes y milicianos que asaltaron el complejo a gritos de muerte y retirada de EE. UU. de Irak, además de lanzamientos de piedras y la quema de banderas estadounidenses. Los atacantes, que no allanaron los edificios de la embajada, lograron traspasar temporalmente los puestos de control de acceso a la zona verde -alta seguridad-, donde se encuentran las dependencias de la delegación diplomática. Se trata de un complejo de 750 millones protegido con fuertes medidas de seguridad construido como un poderoso símbolo de la permanencia de EE.UU. tras la invasión de Irak en el 2003 y que Trump ha deteriorado convirtiéndola en la peor torpeza de política exterior. El Secretario de Estado, Mike Pompeo, habló con los líderes de Arabia Saudí, Israel y Emiratos Arabes, todos con posiciones contrarias a Irán, en un esfuerzo por mostrar el apoyo regional a sus tácticas anti-iraníes. La seguridad diplomática es un tema particularmente sensible para el Secretario de Estado que, como congresista republicano, se hizo un nombre castigando a su predecesora Hillary Clinton sobre su gestión durante el ataque a la embajada de Benghazi en Libia en el 2012, en el que murieron cuatro americanos, incluido el propio embajador. Aun así, no está claro que el secretario de estado viaje a la región inmediatamente con su visita programada esta semana a Ucrania y países vecinos.

Estrategia fallida

Las protestas marcan sin duda un nuevo giro en la guerra latente entre Washington y Teherán en la región y crispa la posición de EE. UU. en Irak, donde mantiene 5.000 tropas 17 años después de la invasión del país que derrocó al dictador Sadam Husein. La campaña de Trump de máxima presión contra Irán ha alcanzado su propio punto de ebullición y muchos analistas critican que empieza a ser contraproducente. El sector republicano más crítico ha culpado de la crisis al caos que reina en el equipo de Trump, obsesionado con atacar al régimen islamista de Irán. Incluso entre los partidarios de la estrategia de máxima presión existe una gran frustración con la estrategia de Trump. Muchos expertos ven oportunidades perdidas por parte de Washington como las recientes protestas en Irak y Líbano contra la injerencia iraní, que EE.UU. dejó pasar en lugar de haber actuado para apoyar y atraerse el apoyo de estos países contra Teherán.

Las protestas internas en Irán contra su propio Gobierno también sugieren otro cauce diplomático abierto en los esfuerzos para debilitar el expansionismo iraní en la región. Ranj Alaaldin, académico y especialista en conflictos intra-estatales en Oriente Medio de la Institución Brookings en Doha, señaló que Irán sabe lo que quiere en Irak y como conseguirlo. Para Alaaldin, EE.UU. ostenta la superioridad militar pero no la ha extendido a través de una estrategia política desde la retirada de tropas por parte de Obama en 2011, un vacío que ha alienado a sus aliados en años recientes.

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