Estados Unidos respira aliviado tras el fin del asedio a su embajada en Bagdad

Pompeo suspende un viaje a Kiev y el Pentágono advierte que espera más ataques


Washington / e. la voz

El final del asedio a la Embajada estadounidense en Bagdad el miércoles por parte de milicianos proiraníes aleja los fantasmas de Teherán y Bengasi y enfría otro pico de tensión entre EE.UU. e Irán. Aunque el ataque no llegó al corazón del complejo diplomático, los funcionarios pasaron más de 24 horas encerrados en habitaciones seguras. Con la llamada al repliegue por parte de los líderes de las milicias, se recuperó la calma en la legación. «Todo el mundo respira aliviado», admitía Charlie Dietz, portavoz del Ejército de EE.UU. en Bagdad. «Una situación que podría fácilmente haber quedado fuera de control fue manejada con una estrategia de contención y todo el mundo ha podido salir», agregó.

La gestión de la crisis de los rehenes en la Embajada en Teherán en 1979 fue una de las razones que costó la reelección a Jimmy Carter. La muerte de cuatro estadounidenses, incluido el embajador, en el asalto al consulado de Bengasi (Libia) en el 2012, tensó las relaciones entre republicanos y demócratas a dos meses de unas elecciones que le concedieron la reelección a Barack Obama, con los conservadores acusando a la Casa Blanca de mentir sobre la naturaleza del ataque. La investigación en el Congreso, auspiciada por los republicanos, no pudo probar la negligencia de la que acusaron a quien había sido secretaria de Estado durante el atentado, Hillary Clinton, y se cerró a apenas unos meses de las presidenciales que Clinton perdió frente a Donald Trump. Quizá por ello, el actual mandatario se celebró a sí mismo a través de Twitter como «¡El anti-Bengasi!».

A pesar del alivio, nada hace indicar que el ahogo económico y el aislamiento del régimen iraní promovido por Trump esté dando los frutos que desea la Casa Blanca. Tras el abandono estadounidense del acuerdo nuclear promovido por Obama en el 2015, han sido varios los picos de tensión entre ambos países y diferentes los escenarios.

Efecto contrario

Del derribo de un dron estadounidense al bombardeo de una refinería saudí, no hay señales aparentes de que Teherán esté dando su brazo a torcer en la lucha por la hegemonía en la región. Además, lejos de alejar la amenaza del desarrollo de armamento nuclear, la ruptura por parte de EE.UU. de un acuerdo que Irán cumplía y la imposición de sanciones económicas ha conseguido el efecto contrario: el reinicio del enriquecimiento de uranio.

La volatilidad de la situación en Bagdad ha llevado a que el secretario de Estado, Mike Pompeo, haya aplazado sin fecha un viaje que le iba a llevar a reunirse hoy en Kiev con el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski. Un encuentro con morbo, dado que es el primero de alto rango que estaba previsto entre ambas Administraciones tras el inicio del proceso de impeachment a Trump, en el que se indaga si el presidente abusó de su poder al solicitar a este país que investigara a Joe Biden, posible rival del mandatario en las elecciones del próximo mes de noviembre.

El presidente, que se encuentra apurando sus vacaciones en su mansión de Florida, rebajó el tono de las amenazas a Irán ya horas antes de que se resolviera el asedio. Mientras, el secretario de Defensa, Mark Esper, advirtió ayer que esperan más ataques en el futuro próximo. En caso de producirse, «probablemente lo lamentarán», amenazó.

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