El sospechoso del crimen de Nochevieja, en manos de los forenses

Alberto Mahía A CORUÑA

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ANGEL MANSO

La defensa del supuesto homicida en Oleiros «espera» que la autopsia lo exculpe y se sepa si murió por el golpe, una caída u otras circunstancias.  Víctima y agresor discutieron por querer ser los primeros en que les sirvieran una copa

06 ene 2020 . Actualizado a las 14:07 h.

A día de hoy, con David M. E. en prisión como investigado por un supuesto delito de homicidio, seguimos «casi como el primer día», según indican fuentes judiciales. Sin conocer al detalle cómo y por qué falleció Enrique Gueto Cabarcos cuando celebraba junto a su familia la Nochevieja en un hotel de Oleiros. Mientras no haya un informe de la autopsia, nada cambiará el proceso judicial abierto y, por tanto, en la vida a corto y largo plazo del presunto autor del golpe con el cenicero. Esté aseguró ayer a la titular del Juzgado de Instrucción número 2 de A Coruña que en ningún momento utilizó objeto alguno para agredir al fallecido. Reconoció que hubo empujones por ambas partes, pero nada más que eso. La jueza, no obstante, decidió su ingreso en el centro penitenciario de Teixeiro a la espera del informe forense y de nuevas declaraciones de los testigos que arrojen más luz sobre lo que allí pasó entre las 05.45 y las 06.30 horas del pasado día 1.

La Guardia Civil dice tenerlo claro. Las declaraciones tomadas a los allí presentes a los pocos minutos de producirse la muerte de Enrique, como las escuchadas al día siguiente en el cuartel a más testigos, empuja a los investigadores a pensar que David M.E., de 27 años y con antecedentes penales por lesiones, fue la persona que le propinó a la víctima el golpe con un cenicero de metal que se encontraba en una de las mesas de la terraza del establecimiento.

Su abogado, el penalista coruñés Diego Reboredo, pide «prudencia». Aclara que no solo queda claro en las testificales si su cliente fue el autor o no de la agresión que terminó con la víctima en el suelo agonizando. Ni siquiera, añaden otras fuentes, se sabe si las huellas del ahora encarcelado quedaron impresas en el cenicero empleado.