Cien días de revolución: el Líbano persiste en su pulso a las élites

La calle no confía en el nuevo Gobierno tecnócrata liderado por Hasán Diab, ya que lo consideran una «marioneta» de los que han gobernado el país en los últimos años

Libano
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Beirut / E. La Voz

Las ancianas siguen saliendo al balcón cuando oyen el grito de «revolución». Y a algún revolucionario sigue escapándosele una lágrima al ver a las señoras aplaudiendo. Cien días han pasado desde que estallara la revolución libanesa, pero la emoción sigue candente en las calles de Beirut

Miles marcharon en la capital libanesa el sábado en rechazo al Gobierno «tecnócrata e independiente» que anunció el primer ministro Hasán Diab esta semana, después de tres meses de vacío de poder.  

Gran parte de los nuevos ministros son profesores de universidad y tienen prestigio en su campo, pero la calle duda sobre su independencia de la élite política que ha gobernado las últimas tres décadas el país. «Los que han puesto a Hasán Diab en el poder son los artífices de la corrupción, Diab es su marioneta» dice envuelto en la bandera libanesa, el manifestante Guy Yunis, de 29 años. 

Según el profesor de Historia de la Universidad Americana de Beirut, Makram Rahab, los nuevos ministros «deben su nombramiento a los partidos políticos, por lo que carecen de credibilidad para hacer reformas que acaben con el monopolio de la clase dominante». 

Sybile Rizk, directora de políticas del colectivo Kulluna Irada, crítica que haya tres banqueros en el Gobierno ya que el futurible escenario de reestructuración de deuda implica «imponer al accionariado de los bancos pérdidas importantes», lo que puede suponer un conflicto de intereses. 

El Gabinete de Diab está apoyado por el bloque proiraní, pero no por los partidos sostenidos por Riad y capitales occidentales. «Este Gobierno monocolor supone un desafío para la comunidad internacional», explica Rahab en referencia a posibles sanciones de Estados Unidos al partido milicia Hezbolá. Pero Rizk no percibe oposición de Washington y Paris hacia el nuevo Ejecutivo: «Hay un sentimiento de esperar a ver qué resultados puede tener ante la crisis, ya que evitar el colapso económico es la prioridad». 

Camino del Parlamento, Dina pide elecciones legislativas anticipadas para que haya «un cambio real y parlamentarios se parezcan más a nosotros [los manifestantes]». Sybile explica que «el Gobierno no tiene un poder legislativo extraordinario y es el Parlamento quien continúa teniendo el poder». En el Legislativos se sienta la élite que ha sumido al Líbano en una deuda pública equivalente al 155 % del PIB. 

Balance de 100 días de revolución 

Uno de los grandes logros es la denuncia pública de la corrupción. «Que yo pueda decir que Nabih Berri [presidente del Parlamento] es el político más corrupto es un éxito, antes te arriesgabas a que te arrestaran», dice Guy. Para Dina lo más positivo es el rechazo a las divisiones sectarias: «La religión ya no nos divide, ya no tenemos miedo los unos de otros». 

Sybile cree que el mayor éxito es la toma de conciencia de que «la crisis financiera es producto del sistema político y que no saldremos de la crisis si no cambiamos el sistema político», aunque admite que transformar esa conciencia en acción política es un desafío. «Pase lo que pase no volveremos al Líbano de antes del 17 de octubre», añade.  Dina coincide: «Tenemos que continuar, si no acabamos lo que empezamos, todo habrá sido en vano».

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