González Laya: «Nos gustaría una solución negociada y pactada entre los venezolanos»

La ministra de Exteriores elude calificar de dictadura el régimen de Maduro y asegura que su objetivo es que en Venezuela haya unas elecciones «libres»


SAN SEBASTIÁN / COLPISA

La guipuzcoana Arancha González Laya (1969) lleva apenas dos semanas en el cargo y ya se ha percatado del campo de minas que es el Ministerio de Asuntos Exteriores. «Me ilusiona aportar modestamente al proyecto de país diverso que tiene Pedro Sánchez para España», asegura recién aterrizada de su viaje a Marruecos.

-Vaya estreno, ministra, ¿cómo ha sido el aterrizaje en el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación?

-Pues de una gran acogida por parte de todo el espectro político. Y eso es importante porque la política exterior de España tiene que ser una política de Estado, no tiene que ser de un partido o de un Gobierno. Para mí esta es una cuestión de principios. Ahora, una vez que uno se sienta en su despacho, empiezan a lloverle todas estas cuestiones de orden internacional y hay que lidiar con ellas. Pero son gajes del oficio. Y, por supuesto, eso es el trabajo de un ministro de Asuntos Exteriores.

-La oposición ha sido muy dura al decir que detrás de que no se haya celebrado la entrevista del líder venezolano Juan Guadó con el presidente del Gobierno está la larga manos de Podemos...

-Con el tema de Venezuela se está intentando hacer una política partidista. España tiene una posición muy clara. Reconocemos a Guaidó como presidente designado de Venezuela, como presidente de la Asamblea Nacional, pero queremos impulsar unas elecciones transparentes y democráticas que sean justas, donde los venezolanos elijan a los líderes que ellos quieran para su país. Lo que me está preocupando mucho en estos últimos días es que estamos hablando mucho de quién habla con quién y con quién se hace uno la foto, más de hablar de cuáles son las condiciones que van a propiciar que haya unas elecciones democráticas en Venezuela. Yo quiero trabajar en esa segunda parte. Me importa cómo vamos a crear una coalición lo más amplia posible de países que van a trabajar juntos para trabajar por esas elecciones. Esa es la salida dialogada que queremos.

-Aunque Felipe González y Zapatero discrepen de la salida...

-Bueno, bien conocidas son las diferencias entre los dos presidentes en este asunto. Los dos con opiniones bien respetables. Ellos opinan, y está bien que opinen, como está bien y también es respetable que opinen otros. Pero en el Gobierno tenemos que tomar decisiones, impulsar acciones y pasos que resuelvan los problemas.

-¿Es el régimen de Nicolás Maduro una dictadura?

-A mi, francamente, me gusta poco utilizar adjetivos y adverbios. Lo que hemos visto con gran preocupación, y repudiamos, son los eventos que han tenido lugar en las última semanas, sobre todo a principios de año, en los que se está utilizando la violencia contra los representantes elegidos por los ciudadanos venezolanos. Nos gustaría que hubiera una solución negociada y pactada entre los venezolanos, porque si no, si se enquista este problema, Venezuela va a engrosar la larga lista de conflictos en el mundo donde hay un enorme sufrimiento para los ciudadanos y no respetan las condiciones de dignidad humana.

-Usted acaba de reunirse con Juan Guaidó. ¿Qué le ha dicho? ¿Se ha quejado de no ser recibido por Sánchez?

-El señor Juan Guaidó es absolutamente respetuoso y en su conversación no ha comentado este tema. Hemos analizado la situación y explorado qué estrategia conviene. Me ha explicado lo que está trabajando, y le he transmitido el apoyo total de todo el Gobierno de España para buscar una solución negociada que acabe en unas elecciones presidenciales libres. Una posición que está en onda con la de la Unión Europea.

-¿Y el encuentro del ministro Ábalos con la número dos de Maduro cómo encaja en ese esquema?

-El ministro Ábalos ha explicado detalladamente lo que ha ocurrido. A veces la vida es un poco más complicada que las líneas rectas. Lo más importante en este caso es que se ha mantenido un principio para España y para Europa, se ha respetado rigurosamente el régimen de sanciones. Lo demás son divagaciones y distracciones. Yo pienso en los venezolanos que sufren la falta de entendimiento. Este Gobierno intenta buscar soluciones a los problemas, no agravarlos, y es lo que yo intento aportar modestamente.

-¿Por ejemplo en el litigio de las aguas territoriales de Marruecos que inquietan a Canarias?

-Por ejemplo, sabiendo que Marruecos tiene derecho a iniciar un proceso legislativo para delimitar su zona marítima, como lo tiene España. Tiene el derecho, pero a la vez tiene el deber de proceder a una solución de consenso si se solapa con la zona marítima canaria. Lo más importante es que no habrá unilateralidad ni política de hechos consumados por ninguna de las dos partes. Eso nos da sosiego para tocar este tema.

-Otros conflictos en el mundo, como el de Oriente Próximo, con el recelo europeo hacia la estrategia del presidente Trump, imagino que también provocan quebraderos de cabeza a una ministra de Asuntos Exteriores.

-La situación en el próximo Oriente es muy preocupante. Hay una ebullición de conflictos concatenados: el de Irak e Irán, el de Siria, el ya crónico de Israel y Palestina, el último del Líbano... Es una gran zona de inestabilidad que exige una estrategia colectiva, no de posicionamientos tácticos. Y tenemos una dificultad en Europa para responder a ese desafío.

-Este lunes se cumplen 75 años de la liberación de Auschwitz. ¿Qué reflexión le merece?

-Estuve esta semana con Su Majestad en Jerusalén en los actos con motivo de este aniversario y me interpeló mucho este momento, porque me preocupa mucho la conciencia de seguir luchando contra la discriminación, el racismo, la xenofobia y el antisemitismo. Es uno de nuestros objetivos prioritarios, y lamento que desde algunas partes del espectro político se azuce el odio al otro. Eso conduce a la degradación del ser humano y ya sabemos dónde acabó..

-¿Qué papel va tener la diplomacia económica en su Ministerio?

-Pues muy importante. A la diplomacia más clásica, que es la política, hay que añadirle nuevas dimensiones: por ejemplo, la cultural y educativa. Por cierto, acabo de volver de Marruecos y me encuentro con una explosión del español. Y hay que añadir una diplomacia económica que nos ayuda a internacionalizar la empresa española, la grande y la pequeña y mediana, y podemos ayudar a construir mercados en países o ayudar a transferir tecnología, conocimiento en Iberoamérica o en e Sudeste asiático. Lo haremos con ayuda de fondos de inversión, de fondos de créditos, de fundaciones, de thinks tanks...

-¿Cómo queda la UE tras consumarse el brexit?

-Es triste. Europa se queda más pequeña, pero el Reino Unido aún más pequeño en un mundo más geopolítico. Espero seguir manteniendo una relación lo más cercana posible en lo económico, en lo social, en la cooperación. Y con una cosa clara: los ciudadanos españoles en el Reino Unido y los residentes británicos en España son una prioridad. Lo que tenemos que arreglar es qué ocurre con los derechos de los ciudadanos más allá del 2021.

-¿No proceder de la diplomacia clásica es un lastre para su trabajo? 

-No vengo de la española pero sí de la internacional. Y quizá puede ser una ventaja, en el sentido de que uno se puede sentir más libre a la hora de organizar y tomar decisiones.

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