Ana Suárez: «La demanda de residencias para ancianos crecerá y mi apuesta es crear plazas públicas»

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Ana Suárez Guerra, gerente del organismo público Establecimientos Residenciales para Ancianos (ERA)
Ana Suárez Guerra, gerente del organismo público Establecimientos Residenciales para Ancianos (ERA) REVISTA CON MUCHO AARTE

La nueva gerente del ERA reconoce que la lista de espera asciende a unas 1.400 personas con un perfil de escasa autonomía

01 feb 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Ana Suárez Guerra (Oviedo, 1970) ocupa, desde el pasado mes de septiembre, el cargo de gerente del organismo público Establecimientos Residenciales para Ancianos de Asturias (ERA). Es diplomada en Enfermería por la Universidad de Oviedo, Máster en Telemedicina y en Dirección y Administración de Empresas. Entrevista cortesía de la revista del sector residencial Con Mucho Aarte.

¿Cómo le lleva su trayectoria profesional a la gerencia del ERA?

Aunque no he gestionado directamente en el organismo, llevo 28 años trabajando en el ámbito de la salud, en el Sespa. He llevado una dirección de enfermería durante 11 años y mi vinculación con el ERA ha sido de programas estratégicos: hemos generado programas localmente y colaboraciones también con las empresas privadas a través de figuras como las gestoras de casos…, siempre fue un ámbito que me atrajo mucho, porque creo que la atención sociosanitaria, especialmente en Asturias, por nuestro factor de envejecimiento, es fundamental.

¿Cuáles son sus propósitos para este mandato?

Mi formación y mi perfil son de gestión, pero si algo tengo bien consolidado, diría que en mi ADN, es la es la parte de atención directa, la parte asistencial. Creo que en la gestión hay que saber lo que estar en la práctica diaria; por supuesto sin olvidar la ayuda de las jefaturas, tanto en los centros como en la gerencia. La vamos a consolidar y mejorar, pero uno de los objetivos, y con esto creo que respondo a su pregunta, está ligado a la calidad, a la seguridad y a la atención directa que tenemos que dar a los residentes. Darles ese punto de vista de lo más humano y, por supuesto, en un marco de seguridad que no es que nos falte, pero sí tenemos que potenciar. Todo lo que es atención a personas que son autónomas nos da cierto desahogo, pero cuando tenemos que prestar servicio a personas con un nivel determinado de dependencia, eso nos hace pensar en la necesidad de trabajar con un marco de seguridad. Y adaptarnos a lo que nos viene, que es esa dinámica de vértigo, casi exponencial, de una población cada vez más envejecida y con problemas crónicos que al final se vinculan a la dependencia. Una persona mayor con cierta cronicidad en estado de salud, al final, es más frágil y hay que prestarle una atención diferente. Así que me toca mucho trabajo directo con los centros.