Merkel ataja en menos de 24 horas la ruptura del cordón sanitario a los ultras

Patricia Baelo BERLÍN / CORRESPONSAL

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La maniobra política apoyada por AfD en Turingia fue contestada en varias ciudades alemanas
La maniobra política apoyada por AfD en Turingia fue contestada en varias ciudades alemanas WOLFGANG RATTAY | Reuters

El líder liberal en Turingia dimite como primer ministro por la presión política y social

07 feb 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

«Nuestro mayor éxito lo logramos en Turingia. Allí somos hoy la principal fuerza. Sin nosotros, el resto de los partidos del land carecen de mayoría suficiente para formar Gobierno». Esta situación que describía Adolf Hitler en 1930 se repite estos días a modo de profecía en el pequeño estado federado de 2 millones de habitantes situado en el este de Alemania. Tras meses de infructuosas negociaciones a raíz de las elecciones regionales de octubre, que dieron la victoria a La Izquierda seguida por la ultraderechista AfD, una maniobra política sin precedentes provocaba una revolución en todo el país.

Después de que, pese al apoyo del SPD y Los Verdes, el candidato de La Izquierda en el land, Bodo Ramelow, no lograra la mayoría absoluta en primera ni en segunda votación, en la tercera, donde ya bastaba solo con la mayoría simple, terminó imponiéndose por apenas un sufragio y contra todo pronóstico el jefe del partido liberal FDP en Turingia, Thomas Kemmerich, gracias a los votos de la conservadora CDU y la ultra AfD. «Todos lloraron», afirmaba el propio Ramelow sobre el momento en que se dio a conocer el resultado.

No solo se trata de la primera vez en la historia de la posguerra germana que un dirigente sale elegido mediante una alianza con la extrema derecha, sino que además supone la violación del cordón sanitario que le impusieron en el 2018 todos los partidos a AfD, la nueva bestia negra del tablero político alemán que quedó tercera en las generales del 2017, tras capitalizar el rechazo de la población a la llegada de inmigrantes. Las reacciones de indignación por parte de líderes de todas las formaciones no cesaron, incluidas la CDU de Angela Merkel y el FDP.

La canciller desde Sudáfrica

«Es un acto imperdonable y un mal día para la democracia», criticaba ayer la canciller alemana desde Sudáfrica, donde se encuentra de viaje oficial. A Merkel, que ha hecho de la lucha contra AfD su caballo de batalla en esta legislatura, su última y sin duda la más complicada, no le quedó más remedio que exigir la anulación de la elección y la consecuente celebración de nuevos comicios en Turingia. Unos comicios en los que probablemente su partido y su socio de gran coalición, el SPD, saldrán aún más debilitados que en octubre.

Tras las manifestaciones en varias ciudades del país, donde de manera espontánea miles de personas se congregaron el miércoles por la tarde para protestar contra el voto ultra y recordar lo que ocurrió en los años 30, cuando la formación de Hitler llegó al poder por primera vez gracias a su colaboración con la derecha, el recién nombrado líder de Turingia anunció su dimisión, convirtiéndose en el dirigente con menos horas en el cargo. «No ha habido cooperación con AfD, no la hay y no la habrá», insistió Kemmerich, allanando así el camino para la convocatoria de nuevas elecciones.

«Turingia necesita empezar de cero», abogó el secretario general de la CDU, Paul Zemniak. Sin embargo, la jefa de AfD, Alice Weidel, instó a sus correligionarios a ignorar a Merkel y rechazar la disolución del Parlamento regional, que requiere el apoyo de al menos dos tercios de los diputados. En el probable caso de que los ultras torpedeen el proceso, Kemmerich está dispuesto a presentar una moción de confianza para «borrar el estigma» que ha dejado AfD.

FILIP SINGER | Efe

El jefe del FDP se someterá a una moción de confianza 

«El desastre de Lindner», escribía ayer Der Spiegel. No se equivoca el semanario alemán, pues el partido liberal es el gran culpable de la ya bautizada como «elección de la vergüenza» y «ruptura del tabú». La formación, que en las regionales apenas superó el 5 % necesario para entrar al Parlamento de Turingia, ha pecado de avariciosa. Lo mismo le pasó en las generales del 2017, cuando tras reinventarse y actualizar los temas liberales de siempre gracias a su líder, el carismático consultor de empresas Christian Lindner, el FDP logró el 10 % de los votos y se consolidó como formación bisagra.

Sin embargo, se negó a aliarse con la CDU y Los Verdes, pese a meses de negociaciones. Con ello puso entre la espada y la pared al SPD, que tuvo que decidir entre reeditar la gran coalición que tanto le ha perjudicado o dejar al país huérfano de Gobierno y ante un futuro incierto.

En esta ocasión la metedura de pata va más allá, porque se lo ha puesto en bandeja a la ultraderecha justo en el land en el que esta está liderada por una de sus figuras más radicales: Björn Höcke, negacionista del Holocausto y bajo vigilancia por los servicios de protección a la Constitución. Kemmerich insiste en que la decisión sobre su candidatura con el apoyo de AfD se tomó en Turingia, y la gran mayoría de los medios aseguran que Lindner viajó hasta allí para intentar convencerle de que dimitiera. Aunque, según la revista Business Insider, el jefe del FDP dio el visto bueno a la maniobra dos días antes por teléfono.

Sea como fuere, el tiro le ha salido por la culata y ahora está en entredicho. Por ello, Lindner anunció que se someterá a una moción de confianza entre la cúpula del partido. Eso sí, también los diputados de la CDU en Turingia violaron el cordón sanitario al participar en la maniobra. De momento no se sabe si la formación de Merkel, sumida en una lucha de poder entre la corriente centrista de la continuidad y la que apuesta por un viraje a la derecha, tomará medidas.

Está previsto que su cúpula se reúna hoy en Berlín, consciente de que este episodio puede generar aún más tensión con sus socios de una gran coalición debilitada y que ha estado a punto de romperse varias veces. Mientras la CSU bávara apeló a actuar con celeridad, los jefes del SPD amenazaron con cuestionar la alianza de Gobierno si no se aclara la situación en Turingia.