La batalla del 5G se encona: todos temen a Huawei

La UE quiere que los gobiernos limiten la contratación de sus equipos, mientras EE. UU. desarrolla un estándar que desterraría la dependencia del fabricante chino


Redacción / La Voz

La conclusión, en cierto modo, es inédita. Sostiene la Agencia de Ciberseguridad Europea que la mayor amenaza para la confidencialidad de las redes 5G en el futuro no vendrá de la mano de los hackers. Tampoco del crimen organizado o de grupos activistas. No. El mayor peligro podría tener su origen en un país o en un actor respaldado por una nación. En un Gobierno, en definitiva. El informe que acaba de publicar el organismo comunitario no cita expresamente ni a China ni a Huawei, pero no hay ni un solo experto en el Viejo Continente que dude de que el mensaje apunta al gigante asiático.

 Bruselas teme lo que se pueda hacer con esta tecnología si el control de las redes cae en manos chinas. Al fin y al cabo, el mundo que viene circulará casi exclusivamente por las autopistas 5G: información de miles de millones de usuarios, datos de áreas vitales como defensa o inteligencia, el manejo de infraestructuras estratégicas como las de suministro eléctrico o de agua, el futuro coche autónomo, todo tipo de fábricas robotizadas y sensorizadas... Todo estará conectado y todo, por tanto, será vulnerable.

La guerra del 5G no ha hecho más que empezar. Occidente mira con enorme recelo hacia Oriente y las posiciones defensivas están ya sobre el campo de batalla. Bruselas recomendó hace unos días a los estados miembros contar con distintos fabricantes para instalar sus redes, aplicando además «restricciones relevantes para los proveedores considerados de alto riesgo». Todos los focos se depositaron entonces sobre Huawei, que no podrá tener un peso superior al 35 % del despliegue y que en algunos estados no podrá acceder con sus equipos a las partes críticas de la red. Geopolítica en estado puro: algo así como un te veto pero no te veto.

Paradójicamente, el Reino Unido, ya fuera de la UE tras el brexit, fue el primero en seguir las recomendaciones emanadas de Bruselas, al facilitar instrucciones muy detalladas a sus operadores. El consejero delegado de Vodafone, Nick Read, explicaba tras el anuncio del Gobierno británico que seguirán la línea marcada y limitarán la presencia de equipos de Huawei tanto en las redes de la isla como en los países de la UE en los que cuentan con licencias 5G, una decisión que supondrá un coste de 200 millones de euros en cinco años para la empresa. En España, Telefónica va a seguir igualmente las directrices comunitarias y prepara una arquitectura multifabricante.

 Estados Unidos ha sido mucho más beligerante que Europa en esta contienda porque asocia directamente a Huawei con el Gobierno de Pekín. Y al veto lanzado contra la compañía china en el último año ha sumado un proyecto que podría dar un giro de 180 grados a la disputa. Según The Wall Street Journal, Microsoft, Dell y AT&T están trabajando conjuntamente con el apoyo de la Casa Blanca en el desarrollo de un nuevo estándar abierto para las redes 5G. 

¿Control o negocio?

Si lo lograsen, la dependencia de los equipos de Huawei quedaría difuminada y Estados Unidos lograría una posición hegemónica en las dos caras de esta batalla: la comercial y la geo estratégica. Y es que los cálculos preliminares de la Agencia de Ciberseguridad Europea sostienen que la industria del 5G moverá 225 billones de dólares antes del 2025, un jugoso negocio pero seguramente menos importante que lo que supondrá tener el control de todo ese caudal de datos que circulará por las futuras redes.

Julio Hernández-Castro, profesor de Seguridad Computacional de la Universidad de Kent, se alinea más con la primera tesis y sostiene que esta es, sobre todo, una disputa de carácter comercial. «Huawei ofrece esta tecnología a un menor precio que la mayor parte de sus competidores. Los argumentos son económicos -defiende-, pero para hacerlos más digeribles se los reviste de una capa de razonamientos basada en la defensa nacional, la seguridad ciudadana y otras cuestiones que, si bien son relevantes, están siendo enormemente exageradas».

Hernández-Castro admite que se podría pensar que su posición no es imparcial toda vez que uno de sus proyectos de investigación cuenta con financiación precisamente de Huawei, pero lo cierto es que en sus reflexiones también se deslizan críticas hacia el fabricante («es cierto que tiene un historial dudoso de vulnerabilidades de software») y una cierta comprensión al valorar los argumentos de Bruselas y el Ejecutivo británico: «Es cierto que dejar una infraestructura crítica en manos de otros países (no necesariamente aliados) tiene una serie de implicaciones de seguridad que no son triviales. Además, las hegemonías comerciales y tecnológicas son indeseables», matiza.

 El problema con Huawei es que sus equipos son mucho más baratos que los de la competencia y algunas voces, como la del propio Read, han advertido de que las restricciones de uso y el encarecimiento de los equipos al tener que contratar con otros proveedores podría retrasar el despliegue del 5G en Europa «entre dos y cinco años», lo que erosionaría la competitividad de la economía en un momento señalado casi como un punto de inflexión para el desarrollo innovador.

Por qué los equipos de Huawei son más baratos que los de la competencia es uno de los asuntos espinosos de esta disputa. En Estados Unidos y Europa han surgido voces que sostienen que Huawei ha logrado una tecnología solvente a un menor coste porque ha contado con el respaldo del Ejecutivo chino, una acusación esta que el fabricante siempre ha negado. Sea como fuere, lo cierto es que Pekín entendió hace unos cuantos años que el desarrollo de esta tecnología podría procurarle muchas alegrías en el camino hacia esa era hiperconectada. Y todo indica que es ahora cuando está cosechando los frutos de esta apuesta.

«Es cierto que dejar una infraestructura crítica en manos de otros países (no necesariamente aliados) tiene una serie de implicaciones de seguridad», sostiene el profesor Hernández-Castro

Rebeca Díaz, investigadora y profesora de Enxeñería Telemática de la Universidade de Vigo, coincide en que el momento es clave por el volumen de oportunidades que van a ir floreciendo en múltiples ámbitos: «Nos vamos a embeber de esta tecnología; lo va a impregnar todo y en todo tipo de sectores. Lo que está claro es que el pastel será muy jugoso porque habrá mucha inversión».

Competitividad saludable

Díaz cree que la estrategia de contar con varios fabricantes es quizás más acertada no solo para prevenir ataques a las redes, sino también para garantizar una competitividad que siempre es saludable para la innovación. «Es cierto que con esta tecnología todo será más vulnerable porque además el 5G tiene una estructuración de red a través de software, no solo de hardware. Desde mi punto de vista, creo que es positivo que haya varios fabricantes porque eso mejorará la competitividad y evitará que un único proveedor se imponga. Estandarizar en este caso será positivo», razona.

 Lo que no tiene tan claro la investigadora es que la intranquilidad por la privacidad de los datos, por esa posibilidad de que se vulneren las redes, forme parte del debate ciudadano. «Ahora casi todo el mundo tiene un móvil con Android (el sistema operativo de Google) y no hay demasiada gente preocupada por su privacidad. Creo que la inquietud es más política que ciudadana», concluye. A la guerra del 5G, así pues, le quedan aún unas cuantas batallas.

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