El sueco de origen georgiano Levan Akin filma en la antigua república soviética un drama que encarna el enfrentamiento entre los conservadores y la tolerencia con la diversidad sexual
26 feb 2020 . Actualizado a las 09:16 h.Lo poco que sale en los medios, casi siempre por follones políticos, es lo que el común de los mortales sabe de Georgia, hasta 1991 una de la repúblicas socialistas soviéticas, sita en la costa del Mar Negro, entre Europa Oriental y Asia Occidental. Como manda el canon, al turismo convencional se le muestra el perfil exótico, con sus costumbres muy arraigadas, su gastronomía, sus tradiciones y su espectacular medio natural. Pero rascando en la superficie nos encontramos un agudizado conflicto entre dos sociedades, la tradicional y conservadora, con una cierta añoranza del pasado, y otra más joven, pegada a la cultura occidental y suspirando por vivir en un país más tolerante y modernizado. Todo esto se trasluce con meridiana claridad a través de la trama de Solo nos queda bailar, tercera obra del cineasta sueco de origen georgiano Levan Akin, que en el 2013 acudió en Tiflis a un desfile del orgullo gay en el que menos de un centenar de corajudos se expusieron a que unos centenares de ortodoxos casi los molieran a palos.
Aquel incidente lo llevó a regresar para meterse en las tripas de la tan célebre como disciplinada danza georgiana y mostrar a su protagonista, una estrella al alza pero que no acaba de convencer a su director -pongamos que por déficit de masculinidad...-, un personaje que representa la tradición con todas sus taras. Como era de prever, a mayores el funcionario jefe, niega la mayor: en la Compañía Nacional de Danza, todos heterosexuales. La llegada de un nuevo bailarín hará que el aspirante exponga su sexualidad en un clima de permanente temor a ser descubierto. Leído así podría aparentar cierta simpleza en el enfoque, no exenta de maniqueísmo, pero el autor y guionista logra quedarse en un territorio ambiguo dejando oxígeno para que el espectador emita veredicto.
Que el rodaje haya tenido variables clandestinas -para ocultar sus intenciones de denuncia- es algo que desde la butaca no podemos valorar, pero sí su acertado tono, su convincente atmósfera y la poderosa secuencia final de ejecución de la danza, al tiempo un guiño a la esperanza y a la libertad.
«SOLO NOS QUEDA BAILAR»
[«DA CVEN VICEKVET (AND THEN WE DANCED)»]
Suecia, Georgia. 2019.
Director: Levan Akin.
Intérpretes: Levan Gelbakhiani, Bachi Valishvili, Giorgi Tsereteli, Ana Javakishvili, Tamar Bukhnikashvili.
Drama.
113 minutos.