Damasco y Moscú rozan la victoria tras nueve años de guerra en Siria

Turquía ha seguido enviando refuerzos militares a Idlib tras sellar el alto el fuego

Un convoy turco de vehículos militares en Idlib tras el alto el fuego acordado el 5 de marzo
Un convoy turco de vehículos militares en Idlib tras el alto el fuego acordado el 5 de marzo DPA

Beirut / E. La Voz

Tal día como hoy, hace nueve años, en la ciudad de Daraa prendía la mecha de la revolución siria alentada por las protestas que recorrieron Oriente Medio en el 2011. Miles de sirios rompieron la barrera del miedo cimentado durante cuatro décadas por el clan de los Assad. Pero el sueño rebelde de derrocar al presidente sirio Bashar Al Assad se fue disipando a medida que Rusia e Irán intervinieron en su apoyo y grupos yihadistas se impusieron entre la oposición armada.

Hoy, solo la provincia de Idlib escapa al control de Damasco. En virtud del alto el fuego sellado la pasada semana entre el presidente ruso Vladímir Putin y su homólogo turco Recep Tayyip Erdogan, este domingo comienzan las patrullas turco-rusas para garantizar un alto el fuego de futuro incierto. El destino de los tres millones de civiles en Idlib se dicta en despachos extranjeros.

Nueve años de contienda dejan 560.000 muertos, 95.000 desaparecidos, 6,7 millones de refugiados y 11 millones de desplazados. El Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas ha señalado a la mayoría de actores en el conflicto (fuerzas gubernamentales, tropas rusas, grupos opositores y la Coalición internacional contra el Estado Islámico) por su responsabilidad en posibles crímenes de guerra.

La guerra siria ha trastocado las estructuras de poder en el tablero geoestratégico mundial. Rusia acaricia la victoria de su protegido en Damasco al tiempo que extiende su influencia en el resto de la región. Mientras, la credibilidad de la UE y la OTAN ha sido «minada», explica la analista Judy Dempsey en su artículo publicado por Carnegie Europe, por su inacción ante el sufrimiento de los civiles y la falta de respuesta ante las recientes presiones de Erdogan cuando abrió su frontera con Grecia para dejar pasar a refugiados. La UE y la OTAN «pagarán un alto precio por el rol político y militar de Rusia e Irán [en Siria]», concluye Dempsey.

Los intentos de la ONU de solución política al conflicto han sido saboteados por el veto de Rusia y China en el Consejo de Seguridad. El veto ruso también bloquea el establecimiento de un tribunal ad hoc y el Tribunal Penal Internacional no tiene jurisdicción sobre Siria.

Juicio por «tortura de Estado»

Basándose en el principio de justicia universal, países como Suecia, Austria o Alemania han iniciado procedimientos judiciales por crímenes de guerra en Siria. Esta semana un juzgado alemán anunció la apertura del primer juicio por «tortura de Estado» en Siria. Se juzga a Anwar R., exoficial de los servicios de inteligencia al que se acusa de cómplice en la tortura de 4.000 personas.

A la espera del desenlace en Idlib, el estruendo de la guerra en general ha amainado y más de 230.000 sirios han vuelto a su país. Pero la ausencia de guerra no es sinónimo de paz. En el 2019 murieron por tortura 305 personas (el 90% en cárceles del régimen) y se registraron 4.671 detenciones arbitrarias según la Red Siria de Derechos Humanos.

Nueve años de violenta represión y lucha geoestratégica de potencias extranjeras han sepultado las aspiraciones democráticas que llenaron las calles sirias en la lejana primavera del 2011.

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