El turismo teme las secuelas, pero confía en una recuperación total del sector

LA VOZ EFE

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XOAN A. SOLER

Los empresarios del sector consideran que los desplazamientos interiores pueden ganar protagonismo en el futuro

12 abr 2020 . Actualizado a las 18:08 h.

El turismo lleva congelado un mes por la crisis del COVID-19 y sufrirá un severo impacto económico, aún pendiente de evaluar, pero el sector espera que las secuelas sean pasajeras y pueda recuperar el impulso de los últimos años cuando el mundo venza al virus. Hay muchas preguntas encima de la mesa.

¿Cambiarán los hábitos de los viajeros? ¿Quedarán marcados destinos como España, Italia, EE.UU. y China? ¿Se alargará el parón mucho más que la pandemia? ¿Qué subsector turístico sufrirá más? El presidente de la Confederación Española de Agencias de Viajes (CEAV), Carlos Garrido, está seguro del cambio de hábitos, al menos durante unos meses, en los que se tomarán precauciones para viajar, «hasta que haya seguridad para el viajero porque exista una vacuna o un medicamento». Pero no cree que el efecto sea permanente: «Acabaremos volviendo al punto donde estábamos. Me cuesta pensar que la gente se vaya a resignar a dejar de conocer el mundo».

Crisis puntual

En eso coincide el vicedecano de la facultad de Turismo de la Universidad de las Islas Baleares (UIB), Tolo Deyá, quien, atendiendo al crecimiento casi ininterrumpido del turismo internacional durante el último medio siglo, augura que en perspectiva la crisis actual «quedará como una caída muy importante, pero muy puntual».

Deyá considera que se pueden modificar los hábitos de consumo, sobre todo en la Europa occidental, «muy aislada hasta ahora de catástrofes naturales y pandemias», con «un cierto nacionalismo hacia modelos de consumo local», entre los que puede calar la idea del «quédate aquí». «El turismo local, de cercanía, que hasta ahora era una alternativa a los grandes viajes, podría tener un auge», sobre todo para las familias, de las que espera «un comportamiento más conservador».

Joan Trian Riu, consejero directivo de Riu Hotels, cree que «el efecto será doble», porque, por un lado, los turistas «escogerán aquellos destinos que sean capaces de proyectar una imagen de seguridad», y los países «exigirán algún tipo de cambio de comportamiento en el disfrute de las vacaciones».