Cien días de coalición entre sobresaltos

El COVID-19 frenó en seco las reformas de un Ejecutivo con fuertes tensiones internas

El rey Felipe VI charla con Pedro Sánchez, momentos después de que jurara su cargo de presidente, en La Zarzuela el 8 de enero
El rey Felipe VI charla con Pedro Sánchez, momentos después de que jurara su cargo de presidente, en La Zarzuela el 8 de enero

Madrid / La Voz

El primer Gobierno de coalición de la reciente etapa democrática cumple cien días en medio de la mayor crisis que ha sufrido España desde la Guerra Civil. Tras un complicado acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos, el Ejecutivo echó a andar en minoría parlamentaria, con fuertes tensiones internas y condicionado por el hecho de que la investidura de Pedro Sánchez llegara gracias a la abstención de los independentistas de ERC y EH Bildu y el apoyo de una amalgama de nacionalistas y regionalistas. Pese a ello, el Gobierno arrancó con una hiperactividad política que se vio frenada en seco por la pandemia del COVID-19. 

DIVISIón INterna

Primeros choques. El primer choque interno se produjo antes incluso de la toma de posesión, cuando Pedro Sánchez anunció sin consultar con Pablo Iglesias que habría cuatro vicepresidentes, lo que diluía el papel del líder de Unidas Podemos. Y el primer incendio llegó cuando, el mismo día de su toma de posesión, Iglesias cargó contra los jueces españoles acusándolos de haber sido «humillados» por la Justicia europea en el caso del procés, provocando un choque institucional. 

Polémicos Nombramientos

Presión de la oposición. Dos nombramientos de Sánchez elevaron la tensión con la oposición y con sus propios socios. Por una parte, la renovación como presidente del CIS de José Félix Tezanos, que había sido duramente cuestionado por Unidas Podemos. Y por otra, la propuesta de nombrar fiscala general del Estado a Dolores Delgado, exministra de Justicia y exdiputada del PSOE, a la que Iglesias había acusado formar parte de las «cloacas del Estado». 

ARRANQUE FULGURANTE

SMI, pensiones y funcionario. Pese a esas tensiones, en un arranque fulgurante el Gobierno aprobó en pocos días la subida del Salario Mínimo Interprofesional hasta los 950 euros, acordada con la patronal; subió las pensiones un 0,9 %, en línea con la inflación prevista, e incrementó en un 2% en el sueldo de los funcionarios con efecto desde el 1 de enero del 2020. 

Cataluña

Bajo la presión de ERC. Pero el inicio del mandato estuvo muy marcado por los acuerdos alcanzados con ERC, que a cambio de su abstención en la investidura forzó la creación de una mesa de negociación bilateral con la Generalitat. Algo que obligó a Sánchez a recibir en la Moncloa con honores casi de jefe de Estado a un Joaquim Torra, que acudió a la cita forzado por las circunstancias, pero tratando en realidad de boicotear cualquier acuerdo. 

POLÍTICA EXTERIOR

Giro en Venezuela. En política exterior, la gestión estuvo marcada por el giro sobre Venezuela. Sánchez se negó a recibir al presidente encargado, Juan Guaidó, y lo rebajó a la categoría de líder de la oposición. El incidente provocado por el ministro de Transportes, José Luis Ábalos, al recibir en el aeropuerto de Barajas a la número dos de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez, pese a la prohibición de que esta pisara suelo de la Unión Europea, puso luego en aprietos al Ejecutivo y dio munición a la oposición. 

Ley de libertad sexual

«Chapuza» y división. La división en el Gobierno alcanzó su máximo tras el empeño de la ministra de Igualdad, Irene Montero, en sacar adelante la ley de libertad sexual al margen de la reforma integral del Código Penal para poder presentarla antes de las manifestaciones del Día de la Mujer el 8-M. El borrador fue calificado de «chapuza» por parte de los jueces del sector socialista del Ejecutivo, lo que dio pie a que Iglesias tachara de «machista» al titular de Justicia, Juan Carlos Campo. La ley fue presentada y luego el Gobierno autorizó las manifestaciones pese a que en España había ya diez muertos y 520 contagiados por el coronavirus. Algo que ha marcado las críticas al Ejecutivo en esta crisis sanitaria. Ahora, con el COVID-19 como única prioridad, la batalla interna se mantiene el Gobierno ente Unidos Podemos, que pone el acento en el «escudo social» y en elevar al máximo el gasto social, y la vicepresidente económica, Nadia Calviño, centrada en salvar la actividad empresarial. 

Irene Montero y Ábalos son los ministros más desgastados 

G. B.

El desgaste de los miembros del Ejecutivo es desigual, en función en unos casos de su propia gestión y en otros de la tarea que les ha tocado cumplir. La titular de Igualdad, Irene Montero, aparece como una de las ministras más castigadas. El borrador de la ley de libertad sexual mostró graves carencias en lo que a técnica jurídica se refiere y reflejó su inexperiencia de gestión. Al convertirse en cabeza visible de las manifestaciones del 8-M, en las que alentó a participar pese a los avisos de organizaciones internacionales sobre la necesidad de restringir los actos de masas, se ha convertido en blanco de la oposición. El hecho de haber contraído ella misma la enfermedad le resta además visibilidad y protagonismo en la respuesta del Gobierno a la crisis sanitaria.

Otro ministro tocado es el titular de Transportes, José Luis Ábalos, que en principio iba a ser uno de los puntales del Ejecutivo. La innumerables y contradictorias versiones que ofreció sobre su reunión con la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, han desgastado su imagen y rebajado su protagonismo público en la crisis del COVID-19, pese a formar parte del núcleo de ministros que son autoridades delegadas. Aunque Pablo Iglesias se mantiene fuerte en el Gobierno, doblegando incluso a los ministros que han tratado de frenarle, como el titular de Seguridad Social, José Luis Escrivá, la oposición le ha convertido en principal obstáculo para un acuerdo político por sus insinuaciones sobre la nacionalización de empresas y sus presiones para acabar formando parte del comité de control del CNI. Otra figura desgastada es la del ministro de Sanidad, Salvador Illa, al que le ha tocado dar la cara cada día por los errores del Gobierno en la gestión de la crisis del coronavirus a pesar de que su entrada en el Ejecutivo se debió más a su labor de intermediación con ERC que a su nula experiencia en materia de Sanidad. Pese las criticas de la oposición, el sondeo del CIS indica que Pedro Sánchez no ha sufrido excesivo desgaste.

Luces y sombras en medio del desastre

ENRIQUE CLEMENTE
Foto de familia del presidente con los cuatro vicepresidentes y los 18  ministro del Gobierno
Foto de familia del presidente con los cuatro vicepresidentes y los 18 ministro del Gobierno

Los politólogos ven como lo mejor del Gobierno sus medidas sociales y lo peor, la propaganda y descoordinación

El primer Gobierno de coalición de la democracia reciente cumple cien días, un tercio de los cuales han estado marcados por la irrupción del COVID-19, que ha provocado una crisis sanitaria sin precedentes y obligado a adoptar medidas propias de una economía de guerra. Cuatro politólogos hacen balance de este período. 

¿Qué ha sido lo mejor y lo peor del Gobierno?

«Antes de la crisis, lo mejor fueron las medidas de corte social (subida de pensiones, salario mínimo, etc.), que lograban identificar su gestión con un tema concreto, lo que en comunicación denominamos BSP (Beneficio Singular Percibido)», señala Santiago Martínez. «También fue un acierto cómo fue gestionando las negociaciones con ERC para crear una mesa del diálogo», añade. Lo peor, «el excesivo número de ministerios y vicepresidencias para contentar a unos y otros, y a la vez diluir a UP».

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