Así seremos después del COVID: más distantes, nos lavaremos las manos con mayor frecuencia, entraremos en las tiendas a cuentagotas, pediremos más comida a domicilio, nos tomarán más que nunca la temperatura... pero sobre todo seremos más solidarios.
28 abr 2020 . Actualizado a las 08:40 h.A estas alturas hay pocos que pongan en duda que el COVID no nos va a cambiar. Este virus ha marcado un antes y después en nuestras vidas, y no necesariamente para peor. Todas las situaciones de crisis pueden traer cambios de costumbres o hábitos a los que estábamos acostumbrados, y algunos ya los estamos viendo: en el consumo, en la forma de trabajar, de higiene, de relacionarnos, de ocio...
Si hay algo que hemos pasado con nota es el ensayo general del teletrabajo: «una cuestión muy reacia por parte de las empresas -señala Raquel Martínez, decana de Sociología de la UDC- y que a partir de ahora puede que se utilice más o unos días a la semana o en determinadas circunstancias».
Puede que en los primeros puestos de la lista de renuncias se encuentren los besos y los abrazos, porque para rozarnos parece que queda tiempo. Según Ángela Varela, médica adjunta del Servicio de Medicina Preventiva del Chuac, «al principio va a ser complicado, de entrada nos va a costar, no vamos a ser como antes. Vamos a ser más fríos, más nórdicos». Pero los expertos, entre los que figura el doctor Jonay Ojeda, portavoz del Sespas (Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria) insisten en que las medidas no persiguen que la gente deje de tener contacto con sus seres queridos, sino distancia, de ahí que prefieran emplear el término de distanciamiento físico en vez de social. «Puede que la vuelta a la normalidad no sea indefinida, podría repetirse este virus u otras cepas en un tiempo no muy lejano, podría retomarse después del verano, así que se podrían repetir con nuevos confinamientos en el futuro», explica Ojeda.
Claro que si nos vuelve a pasar, llevamos cierta ventaja, ya no somos los mismos que éramos. Ahora nos lavamos con más frecuencia las manos, ponemos el brazo si queremos toser y usamos pañuelos desechables. «Unas medidas de higiene fundamentales, que ya teníamos que haber interiorizado antes, así que ahora por lo menos deberíamos mantenerlas, porque igual no habrá coronavirus pero habrá gripe y es lo mismo», explica Varela. Lo que empezamos a ver hace unas semanas en los supermercados también formará parte de nuestro futuro más inmediato. Tardaremos en ver los comercios con las puertas abiertas de par en par. «Es un factor de riesgo, porque aumentan las posibilidades de contagio. Así que esas reducciones de aforo que ya hay en el súper, se trasladarán a todos los establecimientos con sus particularidades», apunta el portavoz de Sespas.
Una vez dentro, la situación también será distinta y distante. Nos tendremos que acostumbrar no solo a llevar mascarillas por la calle, sino a ver a los trabajadores en los centros de trabajo (sea el que sea) con ellas, a asomarnos a mostradores con barreras de metacrilato, a que nos tomen la temperatura en lugares donde haya concentraciones de gente... «Además de un medio de protección para uno mismo y para evitar contagiar a los demás, la mascarilla nos va a servir para transmitir un mensaje social: que todavía hay riesgo de infección», añade Ojeda.
CAMBIOS DE CONSUMO
La prioridad pasa por resolver sin necesidad de desplazarse, y esto también se está reflejando en los hábitos de consumo. «Estamos tendiendo hacia un consumo menos inmediato y más a domicilio, viendo que las plataformas digitales funcionan con mucha rapidez, pero también se está potenciando el comercio local, el del entorno, importante en nuestro día a día», explica Martínez. La decana de Sociología de la UDC indica que la actual situación de crisis está haciendo visibles aspectos, que ya se venían estudiando en los últimos años, pero cuyo análisis era muy residual. «Temas como la soledad no deseada, los derechos de los niños y su bienestar, las residencias de mayores, los cuidados de los hogares... son temas que ya estaban en el debate, pero nadie se los creía».
En el nuevo escenario al que nos enfrentamos, donde las comunidades recuperarán las competencias una vez finalizado el estado de alarma, puede que haya confinamientos parciales o en determinados sitios. «Será el primer cambio -dice Ojeda-. Estamos acostumbrados a cambiar de país, a estar al día siguiente en la otra punta del mundo, y dependiendo de la evolución de la pandemia, ese desplazamiento estará limitado o no, pero incluso dentro de nuestro propio país». El especialista en Medicina Preventiva apunta que será normal el miedo a viajar, «nos costará hacer planes a largo plazo, ahora no teníamos límites, pero esto va a cambiar mucho».
Los expertos coinciden en que el punto de inflexión llegará en forma de vacuna o tratamiento contra el COVID. Mientras esto no pase, será difícil que retomemos con normalidad conciertos, fútbol o cines y teatros. «O con aforos mucho más reducidos o virtualmente (a distancia) como también vimos las primeras semanas. Pero nos va a costar, nos va a costar muchísimo, hay muchas implicaciones sociales y económicas, la sociología tendrá un cambio importante, esperemos que a mejor en algunas cosas, pero otras serán muy diferentes y las percibiremos como una pérdida», apunta el experto en Salud Pública.
En este sentido, también explica que la inmunidad de la población será clave, pero todavía hay mucha incertidumbre al respecto. «Lo lógico es que haya una cierta inmunidad, algo que de momento no sabemos. Estas pruebas masivas que se están haciendo nos pueden guiar a la hora de tomar decisiones colectivas sobre medidas de desconfinamiento y también a nivel individual. Si pasaste la infección, tuvieras o no la enfermedad, podrás retomar la actividad más rápido que otra persona. Podrías tener inmunidad, estar más protegido, pero tendrías que cumplir con las medidas colectivas igualmente. Tendría que haber un porcentaje muy grande, en Sespas estimamos en el 60 %, adecuadamente inmunizado para que se produzca el efecto rebaño, que los contagiados protejan a los no contagiados, y la transmisión fuera mucho menor», señala.
En las relaciones sociales también observamos cierta contradicción, apunta Martínez. Si bien tenemos al yo individual, que no quiere arriesgar la salud y prefiere guardar las distancias, también estamos presenciando un notable incremento de la solidaridad. Y esto es con lo que tenemos que quedarnos.