Las familias que hayan perdido más del 50 % de sus ingresos podrán pedir la renta mínima aunque excedieran el umbral en el 2019

Tendrán que solicitar la ayuda con una declaración responsable


Redacción / La Voz

El ingreso mínimo vital (IMV) era el gran proyecto del Gobierno para esta legislatura, a semejanza de lo que fue la Ley de Dependencia en los mandatos de Zapatero. Pero lo que era un plan a dos o tres años vista ha tenido que diseñarse a toda prisa para hacer frente a la situación de emergencia económica y social provocada por la pandemia.

Una situación sobrevenida que ha obligado al Ejecutivo a arbitrar un mecanismo excepcional para poder otorgar la ayuda a aquellas familias que han sufrido con especial crudeza el azote de la crisis.

Porque, aunque con carácter general el baremo que se empleará para determinar si un hogar tiene o no derecho al IMV es la renta obtenida en el 2019, el ministro de Inclusión, José Luis Escrivá, aclaró que también podrán solicitarlo aquellas familias que, sobrepasando el año pasado los umbrales fijados, hayan visto desplomarse sus ingresos en lo que va del 2020. Esa caída deberá ser de al menos un 50 % respecto al dinero que entraba en casa antes de la pandemia y, además, la familia deberá probar que «tiene un patrimonio especialmente pequeño», aunque no detalló cifras.

Circunstancias que deberán recoger en una declaración responsable que se presentará junto a la solicitud. En caso de que cumplan los requisitos y se les reconozca la ayuda, el ministro advirtió de que cuando la Administración tenga en su poder los datos de renta de la familia correspondientes al año 2020 «se hará una regularización», para ajustar el importe de la ayuda abonado en base a las estimaciones facilitadas al que les correspondía realmente.

Perfil de los beneficiarios

En cuanto al perfil de los perceptores, el Gobierno estima (en base a los estudios previos realizados con los datos de renta y patrimonio que maneja la Agencia Tributaria) que la mayoría de los hogares que accederán a la ayuda están formados por un adulto que vive solo. Serían casi 233.000 de los más de 831.700 que cumplen las condiciones, casi tres de cada diez. A estos habría que añadir otras 126.000 familias compuestas por dos adultos, otras 46.000 de tres y más de 19.000 en las que conviven cuatro o más personas mayores de edad. En total, en más de 424.000 hogares, más de la mitad del total de las que cobrarán el IMV, no viven niños.

En cuanto a las familias monoparentales, un colectivo al que se le dará una protección especial (incrementando su renta garantizada en cien euros respecto a otras con el mismo número de miembros), el Gobierno espera llegar a más de 130.000 hogares donde un solo adulto está al cargo de uno o varios niños. Serán, además, los que necesiten una mayor inyección de recursos públicos, pues al haber solo una persona en edad de trabajar, su situación de partida suele ser más precaria. El caso más extremo es el de las 12.000 familias donde un adulto sostiene a tres o más niños con unos ingresos que rondan, de media, los 5.000 euros al año, por lo que la Seguridad Social les tendrá que ingresar algo más de 6.600 para llegar al umbral de renta mínima establecido.

La letra pequeña del nuevo ingreso mínimo vital no se conocerá hasta el próximo lunes, fecha en la que está previsto que el decreto aprobado ayer por el Consejo de Ministros se publique en el Boletín Oficial del Estado. Pero no será hasta dos semanas después, el 15 de junio, cuando se abra el plazo para presentar las solicitudes. Para evitar prisas y colapsos, el Gobierno ha anunciado que las peticiones que se registren en los tres primeros meses (hasta mediados de septiembre) se abonarán con efectos retroactivos desde el 1 de junio.

«Hay gente que ya estaba pasando dificultades y ahora ha caído»

Pablo Varela

Manuela (nombre ficticio para mantener el anonimato) tiene dos hijos a su cargo y se quedó a las puertas de conseguir un contrato indefinido antes del estado de alarma. Su pareja, que trabajaba como conductor de transporte escolar, está ahora en un ERTE que finalizará el 30 de junio. «Y ya le comunicaron que tras esa fecha se irá al paro», dice.

«Mi idea es pedir el ingreso mínimo vital, porque mi condición es la de familia monoparental con dos niños pequeños», explica, al tiempo que muestra su inquietud por cómo serán los trámites necesarios para obtener la ayuda: «Me queda la duda de si se gestionará a través del Concello de Ourense, o si se hará por alguna centralita o aplicación telemática».

En su caso, al estar percibiendo una prestación por hijo a cargo, en teoría no tendrá que hacer ningún papeleo, ya que el Gobierno ha dicho que reconocerá la prestación de oficio a los hogares en esta situación (unos cien mil), que serían los primeros en cobrar, ya en junio.

Manuela, que sigue a la espera de si la empresa que la tanteó requiere en los próximos meses sus servicios como sociosanitaria, avisa del golpe sufrido por muchas familias que ya estaban al borde del umbral de la pobreza: «Hay gente que conocemos que ya estaba notando dificultades y ahora ha caído, y otros que hasta ahora vivían a través de ingresos que venían de la economía sumergida».

«Pediré el ingreso ese, no quiero lujos, solo ir al súper y comprar verdura»

maría hermida
Silvino vive con su madre, un hijo mayor de edad y una hermana
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Con 57 años, Sivino sobrevive gracias a la pensión de su madre, de la que dependen también su hijo y una hermana

Silvino, con 57 años y algunas arrugas en el alma, camina despacio hacia la sede de la Xunta en Pontevedra. Lleva papeleo bajo el brazo. Y va con la ilusión de siempre: de que en algún rincón perdido del sistema aparezca una oportunidad para él, que lleva tiempo con cero ingresos. Siempre batalla con la burocracia, con el «en esta ayuda no entras», con el no permanente. Está más que enterado de la aprobación del ingreso mínimo vital. Y a esa puerta también tocará: «A ver si me dan el ingreso ese, no pido lujos, solo ir al súper y comprar verdura. Los macarrones, que son más accesibles en las casas donde el dinero anda justo o que es lo que más consigues que te den, a veces te salen por las orejas. En nuestra casa, la gran fiesta es el día que se puede comer un jamón asado o un embutido. Ese es el gran lujo».

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