España, ahogada por la deuda ocho años después del rescate bancario

Cristina Porteiro
c. porteiro REDACCIÓN / LA VOZ

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Kiko Huesca

El país afronta de nuevo el dilema de pedir ayuda condicionada a ajustes y reformas

09 jun 2020 . Actualizado a las 08:37 h.

Iba a ser un préstamo pequeño, en condiciones muy favorables y fácilmente reembolsable. Pero el rescate sellado por España el 9 de junio del 2012 con el Eurogrupo para salvar a sus bancos del colapso tuvo un coste para el Estado de 42.561 millones de euros. Hoy se cumplen ocho años y apenas se han recuperado 10.000 millones. Buena parte de las entidades han desaparecido o han sido absorbidas y al menos 20.000 sucursales han cerrado sus puertas.

La operación de salvamento logró purgar los excesos de una década en el sector bancario español. Su tamaño era descomunal (327 % del PIB nacional) y sus cajas acabaron indigestadas con los activos tóxicos inmobiliarios de sus balances, amenazando con arrastrar al conjunto de la economía, a la que se le había cortado el grifo del crédito. La deuda privada ascendía al 180 % del PIB. No quedaba otra opción: el Estado acudió en su auxilio. Y lo hizo a pesar de la hipoteca que tendría que cargar sobre sus espaldas. España llegó al rescate con una deuda que no superaba el 70 % del PIB. Pero las tensiones en los mercados y la carrera meteórica de la prima de riesgo forzó el auxilio tardío europeo. Solo el «Haré lo que sea necesario, y créanme, será suficiente», del expresidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, calmó las aguas el 26 de julio de ese mismo año. Hoy, a pesar de que las condiciones de financiación son más favorables, la carga de la deuda ya roza el 100 %. Las tornas se han cambiado. El Ejecutivo de Sánchez no dispone de margen para seguir endeudándose sin poner en peligro la sostenibilidad de las cuentas. El dilema de recurrir o no a un rescate vuelve a estar sobre la mesa.

Condicionalidad

El Banco de España augura que este año la deuda del Estado se disparará, como mínimo, hasta el 114,5 % en el 2020. En el peor de los escenarios, podría escalar hasta el 131,8 % del PIB. Inasumible con una economía en caída libre y un desempleo cercano, como calcula la entidad, al 20 %.