El Parlamento británico alerta de que Rusia es una amenaza subestimada por Johnson

Denuncia que no se investigaron las injerencias en los referendos escocés y del «brexit»

El primer ministro británico, Boris Johnson
El primer ministro británico, Boris Johnson

Londres / E. La Voz

Pese a que la guerra fría acabó hace casi tres décadas, el Este, y en particular Rusia, sigue representando una amenaza para la seguridad y la democracia del Reino Unido. Así lo denunció el Parlamento británico, el cual acusó a los Gobiernos de Theresa May y de Boris Johnson y a las agencias de inteligencia del país de «subestimar» el riesgo y no tomar medidas para enfrentarlo.

Los señalamientos figuran en el llamado informe Rusia que el Comité de Inteligencia y Seguridad de la Cámara de los Comunes publicó este martes y en el cual diputados de todos partidos pasaron tres años tratando de aclarar si Moscú ha interferido en procesos electorales en el país. Pese a que el texto estaba listo en octubre, permaneció estos nueve meses en una gaveta de Westminster, porque Johnson decidió no publicarlo antes de las elecciones generales anticipadas que ganó de manera arrolladora el 12 de diciembre.

«Ha quedado claro desde hace tiempo que la Rusia de [Vladimir] Putin se ha movido de un potencial aliado a una amenaza establecida, fundamentalmente por su incapacidad de respetar el derecho internacional. El asesinato de [el exespía ruso asilado en el Reino Unido] Alexander Litvinenko en el 2006 y la anexión de Crimea en el 2014 son indicadores de esto. Sin embargo, el Gobierno no prestó atención a esto, porque puso su atención en el contraterrorismo. Hasta hace poco, el Gobierno subestimó la respuesta que requiere la amenaza rusa». Esta es una de las afirmaciones que figuran en el documento, de 50 páginas de extensión. Aunque en el informe no se acusa a Moscú de interferir en procesos electorales como el referendo de la independencia de Escocia del 2014 o el del brexit del 2016, tampoco se le exonera. Sin embargo, lo que sí hace la investigación es cuestionar que las autoridades y los espías británicos no hayan investigado esto como sí lo hicieron sus pares estadounidenses tras las presidenciales del 2016.

«No se ha proporcionado ninguna información sobre los posibles intentos rusos por inmiscuirse en nuestro proceso democrático», se lee en el informe, en el cual se lamenta que el MI5 solamente les haya enviado seis líneas como respuesta a su pregunta de que si tenían motivos para sospechar que agentes del Kremlin interfirieron en alguna votación.Para el diputado Stewart Hosie, miembro del comité, lo anterior solo tiene una explicación: «El Gobierno británico activamente evitó buscar evidencia de la interferencia rusa». 

Para muchos en el país, el hecho de que los medios controlados por el régimen de Putin dieran más espacio y tiempo a informaciones sobre la opción de la salida de la Unión Europea (UE) da motivos para sospechar. Desde el Gobierno, por su parte, negaron los señalamientos y defendieron la transparencia de los resultados del referendo, aunque prometieron que sí se presentan nuevas evidencias las investigarán.

Integración fallida

El comité parlamentario advierte que la estrategia británica de abrirle las puertas a las élites rusas, en especial a los «oligarcas», con la esperanza de que exportaran a su país el respeto a la legalidad y a los derechos no solo ha fracasado, sino que se ha permitido a potenciales agentes del Kremlin andar a sus anchas por el país.

«Los sucesivos Gobiernos han dado la bienvenida a los oligarcas y a su dinero, lo cual les ha permitido a estos últimos legitimarlo en la lavadora de Londres”, se lee en el documento, en el cual se advierte que esto ha creado una red de “inhibidores” integrada por abogados, contadores y agentes de bienes raíces que, a sabiendas o no, están favoreciendo al régimen de Putin.

Desde Moscú rechazaron los señalamientos. Este documento se publica días después de que el ministro de Exteriores, Dominic Raab, asegurase que agentes rusos trataron de interferir en las generales de diciembre.

Reino Unido y Bruselas negocian futuro acuerdo sobre la salida de la UE sin atisbo de consenso a corto plazo

A poco más de cinco meses para que el Reino Unido deje definitivamente la Unión Europea (UE), las posibilidades de un acuerdo que evite un divorcio salvaje siguen siendo lejanas y, por ello, en Londres ya hay quienes reconocen que es muy difícil que se consiga un pacto antes del otoño como lo desea el primer ministro Boris Johnson.

«Estamos en un punto de inflexión o de ruptura», admitió un negociador británico al diario económico Financial Times, horas antes de que se iniciara este lunes en Londres la sexta ronda de conversaciones para definir la relación futura entre ambas orillas del Canal de La Mancha.

Por su parte, desde el 10 de Downing Street reconocieron que hay una serie de «diferencias significativas» se interponen en un posible pacto, pero valoraron como un gesto positivo el tono «constructivo» de las discusiones.

La demanda de Bruselas de que los pescadores comunitarios puedan continuar faenando en las aguas británicas como hasta ahora, así como que Londres acepte continuar vinculado a su normativa comercial, laboral y medio ambiental una vez salga del mercado común y la unión aduanera, para así evitar una posible competencia desleal, son algunos de los obstáculos.

«No cederemos nuestros derechos como estado independiente», reiteró el portavoz del premier Boris Johnson antes de las conversaciones se reiniciaran, quien agregó: «Continuaremos involucrándonos de manera constructiva con la UE sobre estos asuntos clave y trabajaremos duro a fin de alcanzar un boceto amplio de acuerdo, pero como ya hemos dejado claro durante todo este tiempo, no estamos pidiendo un acuerdo único, especial o a la carta». Por su parte, desde el bando comunitario han admitido que están esperando a que Londres ceda en alguno de los aspectos para poder avanzar. Sin embargo, hasta ahora eso no ha ocurrido y el tiempo se agota. En días pasados la canciller alemana Angela Merkel ya advirtió en el Parlamento de su país que había que irse preparando para que no se lograra un acuerdo entre Londres y Bruselas, lo cual, según todos los expertos, agravará los efectos de los estragos que el covid-19 ha provocado en las economías británicas y de sus otrora socios.

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