El principio del fin del calvario de Merkel

Afronta su último año en la cancillería con una agenda plagada de retos

La canciller alemana, Angela Merkel
La canciller alemana, Angela Merkel POOL

Berlín / Corresponsal

Concluyen las vacaciones en Alemania y la plana política retoma la actividad. También Angela Merkel, a quien le espera el año más complicado de su mandato, antes de dejar la cancillería a finales del 2021. Su problema más acuciante es la pandemia. Pues, si bien ha sido muy alabada por su gestión, el país no se libra de los rebrotes. No solo empezó a superar hace dos semanas la barrera de los mil nuevos contagios diarios, que no se registraban desde principios de mayo, sino que los brotes están ya extendidos por todo el país. Aun así, el 3 % de la población considera que las medidas adoptadas son innecesarias, el 7 % ve intereses ocultos, y el 16 % cree que atentan contra sus libertades, según un sondeo de YouGov. Y eso que en Alemania en ningún momento hubo confinamiento obligatorio.

Además, las autoridades se encuentran en el punto de mira, tras el cierre de diez centros educativos por infecciones, solo días después de haber reanudado las clases presenciales sin un plan concreto, y por retrasarse en dar los resultados de los test de covid-19 a unos 44.000 viajeros que llegaban a Baviera. Para colmo, el instituto de referencia, el Robert Koch, publicó que podría haber vacuna en otoño, para retractarse horas más tarde.

Un liderazgo asentado

Con todo, la crisis del coronavirus ha consolidado a Merkel como la líder occidental. La popularidad de la canciller repunta tanto dentro como fuera de sus fronteras. En parte debido a que por fin ha asumido las riendas del bloque comunitario, coincidiendo con la presidencia alemana de la UE, que arrancó el 1 de julio.

La mandataria se ha propuesto dejar una huella imborrable y por ello se esforzó al máximo para convencer a los países frugales de que aprobaran el programa de recuperación económica diseñado por ella y Macron. A diferencia de lo que ocurrió en la recesión del 2008, el eje francoalemán apostó por primera vez por saltarse la cohesión presupuestaria. Apelando a «la generosidad», dijo la canciller, consciente de que Alemania es la principal beneficiaria del mercado interior.

A la dama de hierro también le preocupa la imagen de debilidad del bloque, sobre el cual se ciernen múltiples amenazas. La primera es la negociación del brexit, que podría concluir a finales de año sin acuerdo, lo cual supondría elevados aranceles y controles aduaneros.

Conflictos internacionales

De otro lado, la UE se halla entre la espada y la pared por la guerra abierta que mantienen China, que desea reducir su dependencia de materias primas, y Estados Unidos, que además de mantener sus aranceles a los productos europeos, ha reducido buena parte de sus tropas en Alemania, para castigarla por no destinar un mayor presupuesto a la OTAN.

Por si fuera poco, la relación con Turquía, clave para controlar a los refugiados que llegan al continente, no atraviesa un buen momento. Ankara y Atenas se disputan una zona del Mediterráneo oriental rica en hidrocarburos.

Tampoco hay armonía con Rusia, acusada de cometer varios ciberataques recientes contra las autoridades alemanas y hasta de liquidar a antiguos agentes del Kremlin en suelo germano.

Desafíos internos

Asimismo, a Merkel le aguardan importantes desafíos en su país. Como el auge de la violencia ultraderechista, con al menos tres grandes atentados de este tipo desde junio del 2019 y otros tantos frustrados. Mientras, la bestia negra del tablero político, la ultra AfD, aunque debilitada por los escándalos y las luchas de poder, está decidida a capitalizar la pandemia, como ya hizo en el 2008, al rechazar los rescates del sur de Europa y en el 2015, al oponerse a la acogida de inmigrantes.

AfD, que ha caído hasta el 9 % en intención de voto, su nivel más bajo desde el 2017, incitó a las manifestaciones que llevaron a las calles de Berlín a unas 20.000 personas, para protestar contra las restricciones por el coronavirus. Marchas que aglutinan a comerciantes descontentos, antivacunas, partidarios de teorías conspiranoicas, y ultraderechistas. «La gente sale a defender sus libertades. Solo podemos celebrarlo», asegura el copresidente de AfD, Tino Chrupalla.

En busca de un sucesor

Por otro lado, la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel aún tiene pendiente elegir a su sucesor para las elecciones del 2021. En medio del debate en el seno del partido entre los que apuestan por seguir la senda moderada de Merkel y los que buscan virar a la derecha, la pandemia ha alzado a dos favoritos: El titular de Sanidad, Jens Spahn, y sobre todo, Markus Söder, líder de la CSU y primer ministro de Baviera, que se ha adelantado en su gestión al resto de los jefes de Gobierno regionales.

La decisión no se conocerá hasta el congreso que celebrará en diciembre el bloque formado por la CDU y su partido hermano, la Unión Socialcristiana bávara (CSU). Pero los rumores de que Söder podría ser el candidato conjunto cobraron fuerza a raíz de que la canciller le visitara en el palacio de Chiemsee en un claro espaldarazo.

Entretanto, los socialdemócratas del SPD imprimían esta semana más presión a sus socios de la gran coalición, al anunciar que se presentarán a los comicios de la manos de Olaf Scholz, ministro de Finanzas y un rival a ojos conservadores, por ubicarse en el ala más liberal de la formación, tercera en los sondeos. La crisis del bipartidismo ha llevado al segundo puesto en intención de voto, con el 18 %, a Los Verdes, que se hacen fuertes al calor de la agenda ecologista.

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