«Capoldo», el político ideal que falta en Venezuela y que bloquea la democracia

La lucha entre Henrique Capriles y Leopoldo López da oxígeno al chavismo

Leopoldo López y Henrique Capriles, en un acto en enero del 2012
Leopoldo López y Henrique Capriles, en un acto en enero del 2012

Caracas / corresponsal

Ambos son aún jóvenes, tienen los mismos orígenes, piensan parecido y, en principio, luchan por lo mismo: el rescate de la democracia venezolana. Pero entre Henrique Capriles y Leopoldo López, los dos políticos opositores más conocidos y populares de la era del chavismo, media un abismo por el cual se han esfumado al menos una parte de las posibilidades de ese rescate, según señalan analistas. Sus coincidencias han sido tan escasas a lo largo de los últimos 15 años que, cuando han ocurrido, los venezolanos, con su habitual gracejo, han bautizado a la unión de ambos como Capoldo.

«Si se pusieran de acuerdo, gobernarían a Venezuela durante 20 años», afirma, con ironía, el venezolano-español Jaime Nestares, analista político y director de RCR, la radio más popular del país, cerrada por el régimen de Nicolás Maduro el 30 de abril del año pasado, durante un confuso intento de alzamiento militar en Venezuela que ha constituido otra de las enormes diferencias entre ambos líderes.

Hace menos de dos semanas, Capriles sacudía los cimientos de la coalición opositora al señalar que se disponía a participar en las elecciones legislativas previstas para diciembre, en las que la oposición no quiere tomar parte porque carecen de estándares democráticos. Voluntad Popular, el partido de López, es firme defensor de la tesis de la abstención.

Sin llegar a mencionar a su rival, Capriles dedicó buena parte de sus intervenciones a intentar convencer a su público de que la decisión no apuntaba contra él, que es además el mentor de Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional y presidente interino reconocido por 57 países. La guerra entre ambos ha sido siempre soterrada, nunca ha tenido explosiones públicas, y según un analista que prefirió el anonimato, «no responde a visiones ideológicas, sino a poder».

Un partido en común

Capriles y López son fundadores de Primero Justicia (PJ), el partido que crearon cuando ambos eran unos jóvenes abogados recién graduados de la Universidad Católica Andrés Bello, junto con Julio Borges, un poco mayor que ellos, en el momento en que Hugo Chávez llegaba al poder y barría con la élite política tradicional venezolana.

PJ fue el primer «nuevo partido político» opositor de la era del chavismo. Pero López duró poco en él. Pocos años después, y ya como alcalde de Chacao (Capriles lo era de Baruta, otro municipio caraqueño), López se hizo tan conocido que en el 2008 era más popular que Chávez, y este no dudó: inhabilitó políticamente mediante una maniobra a López, quien pretendía convertirse en alcalde metropolitano de Caracas, en obvio trampolín hacia las presidenciales del 2012 en las que el exmilitar aspiraba a ser reelegido nuevamente.

La inhabilitación de López catapultó a Capriles como dirigente opositor. En el 2008 fue elegido gobernador de Miranda; y en el 2011, en unas primarias opositoras, se convirtió en candidato presidencial opositor. Fue la primera vez en la que los venezolanos hablaron de Capoldo.

Capriles designó como su jefe de campaña a López, que desde el 2007 se había dedicado a consolidar su partido, Voluntad Popular (VP), que creció con muchos de los jóvenes dirigentes universitarios que derrotaron a Chávez en un referendo de reforma constitucional, entre ellos Guaidó.

Recuentos dudosos

Pero las elecciones del 2012 y del 2013 terminaron de agriar las relaciones entre ambos. Cuando Capriles perdió en el 2012 por 1,5 millones de votos ante un Chávez ya moribundo, VP era el partido encargado de la logística de las actas electorales y nunca pudo explicar por qué la oposición no sabía qué había pasado en un tercio de las mesas de votación cuyo comportamiento era anormal. Seis meses después, con Chávez ya muerto y otro jefe de campaña (Henri Falcón), pero con VP nuevamente a cargo de logística electoral, Capriles fue derrotado supuestamente por 300.000 votos. Otra vez, el partido de López era el responsable de una explicación que no pudo ofrecer.

Las diferencias se han mantenido y, aunque ninguno habla mal del otro en público, cuando anunció su postura de cara a las elecciones de diciembre, Capriles calificó «de mamarrachada» el levantamiento del 30 de abril, cuya autoría intelectual se le atribuye a López. Además, Capriles jamás lo ha defendido tras ser detenido y encarcelado en el 2014 por alzarse en las calles.

En este momento, las relaciones están más distantes que nunca. López es el indiscutido líder detrás de las acciones de Guaidó y de la coalición opositora, con Primero Justicia incluido. Capriles, por su parte, apela a acudir a las urnas, frente a la consulta ciudadana con apoyo internacional promovida por López.

Mientras, los sondeos apuntan a que el 70 % del electorado no quiere participar en los comicios, que percibe como fraudulentos.

Maduro anuncia el arresto de un marine por espiar refinerías

Un supuesto espía estadounidense fue detenido en el estado venezolano Falcón, cerca de las refinerías Amuay y Cardón, según informó el presidente del país, Nicolás Maduro. «Quería informar (...) que hemos capturado el día de ayer [miércoles] en el estado Falcón a un espía estadounidense, espiando las refinerías de Amuay y de Cardón. Están todas las pruebas, las fotografías, los vídeos. Este espía es un marine que estuvo prestando servicios como marine en bases de la CIA en Irak», dijo Maduro en un acto de partido transmitido por televisión, según recoge Efe.

El mandatario precisó que el detenido portaba «armamento pesado» y «especializado», tenía «gran cantidad de dólares en efectivo», y «otros elementos» que han pasado «directamente» al Ministerio Público. Maduro añadió que hace dos días el vicepresidente y ministro del Petróleo, Tareck El Aissami, «junto a un grupo de expertos, ingenieros, científicos y tecnológicos», descubrió «un plan para ocasionar una explosión en la refinería de El Palito», una de las mayores del país. Todo esto supone, en opinión del gobernante, «una guerra de venganza del imperio gringo contra Venezuela» que tiene como objetivo, sostiene, que el país caribeño no produzca los derivados del petróleo.

«Ha sido capturado este espía, fue detectado este plan, desmontado este plan y estamos activados al 100 % para garantizar la seguridad física de nuestras instalaciones estratégicas, nuestras instalaciones petroleras», sostuvo.

Venezuela atraviesa desde hace días una severa escasez de gasolina que ha multiplicado las filas para repostar en todo el país, el que más reservas probadas tiene de petróleo en el mundo. Es la segunda gran escasez del 2020. La primera fue en marzo y abril y terminó cuando Venezuela compró a Irán una cantidad de gasolina que nunca se hizo pública.

Diversas fuentes apuntan a que Venezuela produce entre 330.000 y 400.000 barriles de petróleo al día. En la década anterior llegó a superar los tres millones.

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