Un «Miss Venezuela» grabado 22 veces

Las participantes del certamen aceptaron posar como ganadoras sin saber si el título sería finalmente para ellas. La pandemia obliga a reinventar una de las referencias del país

Las participantes aceptaron posar com ganadoras sin saber si el título sería para ellas
Las participantes aceptaron posar com ganadoras sin saber si el título sería para ellas

Caracas

Cuando Mariángel Villasmil, una agraciada estudiante de Psicología, de 24 años, se colocó la corona, ya todas sus rivales, 21 en total, lo habían hecho para que quedara grabado. Se vio a sí misma cumpliendo su sueño de niña, en televisión, desde su casa. Cosas del covid-19, que difirió, pero no pudo impedir, el certamen Miss Venezuela, que para los venezolanos es tan importante como un gran evento deportivo y que no se iba a detener ni siquiera por una pandemia.

«Fue como grabar 22 ‘‘Miss Venezuela’’», señaló en condición de anonimato una fuente de la producción del evento a La Voz de Galicia. «Se trataba de ‘deconstruir’ en una producción televisiva, hecha en días diferentes (para proteger a todos de la pandemia), un evento que por su naturaleza es en directo», afirmó el mismo portavoz. Y agregó: «Hay que rescatar el esfuerzo de hacer una producción original en un momento en que todo es repetido».

Para la organización Miss Venezuela, se trataba también de defender sus ingresos publicitarios. El evento arrancó en enero, cuando se hizo la selección de las aspirantes, y la cuarentena por el covid-19, que empezó el 17 de marzo, sorprendió a esta empresa, y a Venevisión, el canal televisivo que ha transmitido el Miss Venezuela desde los 60, en pleno proceso de preproducción del espectáculo, que sería transmitido en mayo.

En ese mes se comenzaron a plantear la elaboración de una gala que no violara los pros protocolos de cuarentena por coronavirus, y con una mínima parte del personal de la planta televisiva.

«Las clases y hasta los entrenamientos físicos de las candidatas fueron por zoom», explicó la misma fuente. «La apertura resultó ingeniosa -añadió-, grabaron a cada una de las candidatas bailando y luego en edición y posproducción las unieron en cuadros que coincidieran. Afortunadamente, la tecnología ayuda».

Estos detalles no se explican en abierto, porque como a toda buena producción televisiva, al certamen Miss Venezuela le gusta tener su magia, que no se conozcan sus trucos. Y también tiene rituales: la ceremonia de apertura es siempre una de las más comentadas.

El hecho de que el evento no fuera en directo obligaba a que cada candidata aceptara una banda y una corona que no sabía si sería para ella. La votación fue previa al evento, y solo el editor del espectáculo sabía cuál sería la chica que se llevaría el título.

«Por supuesto, se extrañó el ambiente en vivo, el calor de las barras, la emoción de los presentadores», señaló a La Voz la periodista Yolimer Obelmejías, que lleva más de una década cubriendo el evento. «Pero para nada fue un espectáculo aburrido», agregó.

Víctima de los cambios

La edición 2020 del Miss Venezuela duró dos horas y media, muy lejos de las más de cuatro horas que ocupó en sus momentos de mayor esplendor, cuando llegó a llenar el Poliedro de Caracas, un palacio de eventos con capacidad para 14.000 espectadores. «Las barras» en el Miss Venezuela (cada candidata llevaba una) animaban una cita que tenía muchas similitudes con un espectáculo deportivo.

Desde el 2017, sin embargo, el concurso se vio obligado a reinventarse. La razón principal fue un escándalo sobre jóvenes participantes «patrocinadas» (un eufemismo para decir que se convertían en sugar babies de destacados políticos, especialmente del chavismo) que derivó en la salida de la organización del sempiterno creador de misses Osmel Sousa (hoy trabaja en el certamen Miss Argentina).

La nueva gerencia del concurso Miss Venezuela enfatizó la transparencia y prometió que no iba a volver a suceder algo así. Al tiempo, cambiaron las normas internacionales de este tipo de eventos, que comenzaron a privilegiar el empoderamiento femenino sobre el espectáculo y por supuesto, el culto al físico.

Pero más allá de defender sus ingresos, que, como los de todos los venezolanos, están muy mermados (el país ha perdido casi 60 % de su PIB en los años en los que lo ha regido Nicolás Maduro, y las ventas publicitarias del certamen han caído más de 90 %, según fuentes extraoficiales), el Miss Venezuela, tras el escándalo, se sostiene para defender su legado: siete Miss Universos, seis Miss Mundo, y centenares de reinas de belleza internacionales de rango menor. Y un espectáculo que en el mundo sigue siendo una de las pocas referencias positivas sobre un país con una emergencia humanitaria y con un Gobierno acusado de crímenes de lesa humanidad.

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