La Santa Sede atesora 4.000 millones

Las cuentas del microestado arrastran un déficit de once millones


Roma

El Vaticano en su conjunto tenía un patrimonio neto en el 2019 valorado en 4.000 millones de euros, de los que 1.402 corresponden a la curia romana, los alrededor de sesenta organismos que dependen directamente del papa Francisco para llevar adelante la misión de la Iglesia católica. Después de tres años sin presentar las cuentas, la Santa Sede informó a principios de este mes de cómo fueron sus balances consolidados en el 2019, un año positivo, ya que logró reducir el déficit a 11 millones frente a los 75 millones del 2018. Se benefició principalmente de la buena marcha de sus inversiones financieras en un ejercicio con excelente comportamiento de las bolsas. Los ingresos ascendieron a 307 millones, mientras que los gastos fueron de 318 millones.

Esta voluntad de transparencia, muy necesaria porque «los fieles tienen derecho a saber cómo usamos los recursos», según comentó el jesuita español Juan Antonio Guerrero, prefecto de la Secretaría para la Economía, se produce cuando todavía no ha amainado la polémica por la ruinosa compra de un edificio en un lujoso barrio de Londres con fondos de la Secretaría de Estado vaticana.

La operación fue impulsada por Angelo Becciu, a quien el papa despojó la semana pasada de sus derechos como cardenal y de su cargo como prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Guerrero reconoció que la Santa Sede ha sido «estafada» y «mal aconsejada» en algunas de sus inversiones.

Los datos detallados de la curia romana ofrecidos este jueves no son completos: queda fuera el Estado de la Ciudad del Vaticano, el Instituto para las Obras de Religión (IOR, la banca vaticana), el fondo de pensiones y otros organismos menores. El jesuita extremeño, no obstante, estimó en 4.000 millones de euros el patrimonio neto del Vaticano en su conjunto y aseguró que si se consolidaran todas las cuentas de estas instituciones «no habría déficit».

«Mucho con poco»

La curia romana hace «mucho con poco», subrayó el ministro de Economía vaticano, para el que no resulta preocupante el desajuste. «La Santa Sede no funciona como una empresa o como un Estado, no busca beneficios. Es por tanto normal que esté en déficit». Pidió no olvidarse de la «prudencia» económica, pero teniendo siempre en cuenta que la Iglesia católica debe tener «audacia misionera».

Los mayores gastos de la curia en el 2019 corresponden al dicasterio para las comunicaciones (46 millones) y a las nunciaturas apostólicas (43 millones), la red de 126 embajadas que hacen del Estado más pequeño del mundo un significativo actor de la diplomacia internacional.

A finales del 2019, la Santa Sede había aumentado su liquidez hasta los 372 millones de euros, 67 millones más que el año anterior, para tratar así de responder mejor a los efectos del covid-19. Se teme que la pandemia pese en los balances del 2020 y el 2021 debido a la caída en los ingresos. En los últimos años el déficit estructural de la curia romana se cubría gracias a las aportaciones de los Museos Vaticanos, el IOR y el Óbolo de San Pedro, el fondo que recoge las donaciones que los fieles hacen al papa para sufragar obras de caridad y el mantenimiento de la Iglesia. Estas voces registrarán un fuerte desplome de ingresos este año, como también ocurrirá probablemente con las donaciones de las diócesis.

Un informe interno de la Santa Sede estimó en mayo que el déficit en el 2020 podría oscilar entre 68 y 146 millones de euros, según tres escenarios con mayor o menor grado de pesimismo. Las últimas previsiones señalan que el desajuste a finales de año puede situarse entre los dos extremos.

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