Pedro Salas, entrenador: «Los perros son capaces de detectar el cáncer antes que las pruebas»

Este experto en entrenar canes para el rastreo de sustancias dice que «no son los animales con mejor capacidad olfativa», sin embargo resultan un medio muy fiable y poco invasivo. En cuanto a si pueden detectar covid, es optimista


Pedro Salas (Madrid, 1982) lleva 20 años dedicándose al mundo del perro, y 12 años entrenándolos para detectar sustancias, dinero, cadáveres e incluso especies en peligro de extinción. Así que en este contexto, Salas, que es uno de los mayores expertos en la materia, y que lleva años colaborando con Administraciones y fuerzas de seguridad del Estado y con policías y militares a nivel internacional, considera que el perro puede ser una herramienta clave a la hora de detectar el covid, como ocurre en el caso del cáncer. «Desde un punto de vista de entrenamiento es posible, siempre que el colectivo científico consiga aislar la muestra y podamos trabajar con seguridad», señala uno de los socios de la escuela Método Guau de Teo.

—Desde hace unas semanas en Helsinki están trabajando con perros para detectar el covid. ¿Qué opinas?

—Hasta ahora nos tenemos que fiar de los proyectos que hay en curso, y parece que muestran sensibilidad a la hora de la detección, pero yo creo que queda bastante para poder afirmar esto.

—Dicen que el covid no emite olor, pero la reacción del cuerpo para defenderse sí provoca una alteración en la saliva, en el sudor, en la orina ¿es así?

—Esto sería mejor que lo respondiera un médico o un científico, pero hasta donde puedo leer no está todo el colectivo de acuerdo en que no huela el virus porque también hay una parte de proteína que sí que puede oler, hay varias hipótesis al respecto. No corresponde al colectivo de los entrenadores, sino al científico arrojar luz sobre estas cuestiones.

—En Helsinki se trabaja con muestras de sudor ¿no?

—Sí, hay varios proyectos internacionales en marcha, y en algunos se ha apostado por trabajar con sudor, en otros con muestras de orina... El de Helsinki me parece el proyecto más serio, y a nivel protocolo de entrenamiento, ya metidos en la parte operativa, por lo poco que trasciende, me parece muy lógico. El pasajero tiene que pasarse por las manos una toallita, que se deposita en un contenedor, y el perro trabaja sobre ese contenedor como en otras especialidades médicas. Quitas toda la parte ética, todos los falsos positivos que se pudieran dar, lo que sí que vería muy improbable es la apuesta de otros equipos de entrenadores que querían trabajar como un filtro sobre personas.

—¿Directamente sobre personas?

—Eso es, como un perro de drogas o explosivos, lo cual me parece inviable, primero porque no conocemos el marcador que el perro localiza; por lo tanto podría dar lugar a un montón de falsos positivos, y si es directamente sobre la persona además, se pondrían sobre la mesa todo tipo de cuestiones éticas, de protección de datos... y hay que tenerlo en cuenta.

—Con tu amplia experiencia en el rastreo ¿lo ves viable?

—Creo firmemente en la capacidad olfativa del perro. Por toda la experiencia profesional que he ido adquiriendo, desde un punto de vista de entrenamiento es posible, siempre que el colectivo científico consiga aislar la muestra y podamos trabajar con seguridad tanto el perro como los entrenadores. Si hay olor, al perro le va a ser posible detectarlo.

—Según la Universidad de Helsinki, los perros pudieron detectar la enfermedad incluso antes de que apareciesen los síntomas, y también en personas asintomáticas.

—Si nos ponemos en antecedentes en la detección de otro tipo de patologías, normalmente el perro destaca por su precocidad de detección, a la hora de detectar cáncer es uno de los medios más precoces a estadios iniciales. El gran secreto de esto, sería llegar a los asintomáticos, evitar contagios masivos, si es así y consiguen confirmarlo, puede ser totalmente revolucionario.

—¿El entrenamiento para el covid sería similar a cómo se les entrena para otras sustancias?

—Tendría que ser un equipo multidisciplinar, un proyecto oficial donde haya universidades, hospitales e incluso distintos sectores de la Administración. Enfocar a esto a una escuela privada me parece una locura, porque normalmente va a haber un negocio económico detrás, y me da un poquito de repelús. Pero no conozco en el caso del covid.

—Vamos a tu terreno, ¿cómo se les entrena para detectar una sustancia?

—Cada vez que se expone al perro al olor diana, se le aplica un refuerzo, de manera que asocia esa sustancia a un premio. A partir de ahí se trabaja sobre distintos soportes médicos, hay proyectos que se hacen con una especie de carrusel de 6 u 8 brazos, se pone una muestra positiva y el resto de control para trabajar el tema de la especificidad, la capacidad de discriminación del perro, que también habría que tener en cuenta en el covid: si el perro es capaz de discriminar entre otras patologías pulmonares o que generen síntomas parecidos.

—¿Cuánto tiempo se necesita para tener un perro preparado?

—Para el tema de sensibilidad o de detección médica de cáncer el perro está listo en un mes y medio.

—En cualquier caso, ¿habría que confirmarlo con una prueba?

—Hasta ahora no se ha considerado nunca como un método de diagnóstico, se podría utilizar como un primer screening y a partir de ahí habría que confirmar. La facilidad que daría es la cantidad de muestras que podría registrar en muy poco tiempo y que el positivo/negativo lo confirmaría de manera inmediata. Pero igual que cuando detecta un explosivo, antes de activar la alarma, se confirma con un segundo perro que también sería parte del protocolo.

—Por tu experiencia, en el tema de explosivos, cadáveres… ¿Es fiable?

—Hay un alto porcentaje de fiabilidad, aunque aún por depurar. Cada vez afinamos más las técnicas y somos capaces de calibrar al perro como medio detector, pero es un medio muy fiable, muy poco invasivo. La ventaja que te dan es que son capaces de detectar con un nivel de efectividad muy alto un volumen de carga que una persona tardaría días.

—¿Tienen el mejor sensor biológico?

—No son ni de lejos los animales con mejor capacidad olfativa. El secreto del perro es en primer lugar la ductilidad, lo adaptativos que son a nivel social con nosotros, y segundo, cómo gestionan la información. El elefante o la vaca tienen mayor capacidad olfativa pero es más difícil trabajar con ellos.

—Me hablabas del cáncer, ¿son capaces de detectarlo antes que las pruebas?

—Sí, son capaces de detectarlo en estadios más tempranos.

—¿Cómo es esto posible?

—Se empezó a trabajar sin ni siquiera saber qué marcador localizaba, luego se ha ido arrojando luz, pero lo que sí está demostrado es que se adelantan a los medios de detección habituales. No te puedo dar una explicación científica, es más, creo que trabajar perros detectores aquí en Europa o Estados Unidos pensando en que van a estar en el ámbito hospitalario y se van a considerar un método de diagnóstico es una quimera, porque creo que los lobbys médicos se encargarían de quitarlos de en medio.

—¿Pero es todo un avance en cuanto al diagnóstico precoz?

—Por supuesto. Hay otras personas que trabajan con esto y sí que creen que el perro puede ser un método de diagnóstico, pero no es mi caso, por lo menos en occidente. Lo que estamos intentando es determinar ese tipo de cosas, por qué lo localiza antes, y se está trabajando desde hace años en la fabricación de narices electrónicas: la idea es intentar simular a nivel tecnológico la capacidad del perro.

—¿No crees que pueden ser detectores precoces?

—Sí que creo que pueden ser un método de diagnóstico, de hecho, lo han sido aunque no se haya considerado. Se empieza a trabajar con perros detectores de cáncer porque hay un montón de testimonios a nivel mundial de particulares que dicen que su perro le marcó el tumor mucho antes de que hubiese síntomas o de que los médicos lo detectasen. Lo que no creo es que vayan a estar con una bata blanca en una planta de oncología diagnosticando.

—¿Se les puede plantear detectar cualquier cosa o hay límites?

—Yo estoy más especializado en el tema de conservación de la naturaleza, pero cuando empecé a trabajar había perros de drogas, explosivos, rescate y poquito más, y ahora mismo hay de drogas, explosivos, de dinero, de armas, de rescate de vivos y muertos, de desaparecidos, de restos biológicos con objetivos forenses, de acelerantes de fuego, de veneno en el campo. Ahora estoy trabajando para localizar una larva de una mariposa que se soterra en la tierra y es difícil de localizar y está en peligro de extinción, con otro perro para localizar murciélagos… La detección en los últimos años ha pegado un aumento exponencial y va a ir a más.

—Retomando el principio, ¿crees que a medio plazo que los perros detecten covid será una práctica habitual?

—En primer lugar, depende del tiempo que dure el covid, pero desde un punto de vista de entrenamiento es viable. Creo que el perro, como en otras ocasiones, puede ser una herramienta, porque hay precedentes ya no solo en detección médica, también se ha utilizado en tema de plagas, para localizar determinados patógenos, con temas de descontaminación. En el aeropuerto se ha utilizado históricamente en el tema de drogas, explosivos y otras sustancias, así que también se le podría dar ese uso, a la espera de que el colectivo científico diga que sí, o por lo menos nos dé unas muestras con seguridad y se pueda trabajar con ellas.

—¿Habría que estar seguros de que el perro no pudiera contagiarse?

—Forma parte del juego y quiero ser muy prudente, priorizo el bienestar animal por encima de cualquier objetivo de entrenamiento, pero sí que es verdad que los animales están expuestos. El otro día hablaba con un veterinario, en un 50 % de los hogares españoles conviven con mascotas, así que ya están expuestos, aunque de momento no está muy claro que se puedan contagiar.

—Es una profesión que no está regulada, ¿hay que tener cuidado para saber de quién fiarse?

—Mi abuela me sigue diciendo que me busque un trabajo ahora que soy padre, eso ya te da una idea del reconocimiento social que tenemos, y oficial ninguno.

—Sin embargo, las Administraciones y las fuerzas de seguridad recurren a vosotros.

—Sí, a alguno de nosotros sí, pero no de manera oficial, ahora mismo para poder ejercer mi profesión solo tienes que someterte al epígrafe de adiestrador, no hay ninguna escuela oficial. Cuando me piden en los requisitos tener estudios oficiales superiores, tengo que poner 8º de EGB porque esa es mi oficialidad a nivel estudio, luego me empecé a especializar pero sin ningún reconocimiento.

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