Carolina Darias: una política curtida en el ámbito local que promete aplomo para tiempos duros

La nueva ministra de Sanidad es una alta funcionaria que pasó por todas las instituciones de Canarias antes de saltar al Gobierno central en una apuesta personal del presidente autonómico, Ángel Víctor Torres

Carolina Darías, en una imagen de archivo, durante una intervención en el Senado
Carolina Darías, en una imagen de archivo, durante una intervención en el Senado

«Cuando más se complican las cosas, no sé de dónde, pero saco el aplomo». Así se confesaba Carolina Darias San Sebastián (Las Palmas de Gran Canaria, 1965), entonces presidenta del Parlamento canario, hace ahora cinco años. Y mucho aplomo será lo que necesite como titular de Sanidad y máxima responsable de la lucha contra un virus que conoce de primera mano, pues fue una de las ministras contagiadas de covid-19 en marzo, cuando tuvo que pasar 30 días de aislamiento.

Sánchez e Illa preparaban el relevo en Sanidad desde noviembre, cuando con la excusa de que Darias estaba al frente de la cartera de Política Territorial, la incorporaron a las reuniones del consejo interterritorial del Sistema Nacional de Salud, en las que técnicos del ministerio y consejeros autonómicos tratan de traducir a hechos concretos la teoría de la responsabilidad compartida entre el Ejecutivo central y las comunidades en el combate contra la pandemia.

Récord institucional en Canarias

El de Sanidad será su segundo ministerio en apenas un año, después de una larga trayectoria en la política autonómica, en la que ostenta el récord de haber pasado por todas las instituciones de Canarias. Se afilió al PSOE en 1996, justo después, según cuenta ella misma, de que José María Aznar derrotase a Felipe González en las urnas, y se estrenó en la política municipal en 1999 como concejala del Ayuntamiento de Las Palmas (donde era alcalde entonces el conservador José Manuel Soria). Fue consejera del Cabildo de Gran Canaria y diputada autonómica. En el Parlamento canario ejerció como presidenta de la Comisión de Sanidad, en uno de sus contados contactos con la materia que ahora ocupará sus días y sus noches.

Licenciada en Derecho por la Universidad de La Laguna, nada más acabar la carrera se sentó a estudiar las oposiciones para el cuerpo superior de administradores de Canarias. Es funcionaria del grupo A y su plaza le aguarda en la Consejería de Industria si algún día se tuercen los renglones de la política.

Como delegada del Gobierno en Canarias (2008-2011) le tocó vivir uno de los momentos más duros de su carrera. El 20 de agosto del 2008, el vuelo JK5022 de Spanair entre Madrid y Gran Canaria sufrió un accidente nada más despegar en Barajas. Fallecieron 154 pasajeros y tripulantes, y Darias tuvo que gestionar el dolor de los familiares y amigos de las numerosas víctimas canarias.

Primera presidenta de la Cámara

Entre el 2015 y el 2019 fue la primera mujer que presidió el Parlamento canario. Un techo de cristal que rompió después de 32 años de autonomía. Con un Gobierno socialista en minoría, Carolina Darias tuvo que explotar al máximo sus dotes diplomáticas y su discreción para mantener viva una legislatura que el Estatuto vigente no permitía acortar.

Al acabar su mandato al frente de la Cámara, el presidente de Canarias, el socialista Ángel Víctor Torres, la nombró consejera de Economía. De ahí saltó al Ministerio de Política Territorial, en una apuesta personal de Torres, uno de los fieles sanchistas que arropó al actual presidente del Gobierno cuando se produjo la revuelta de barones territoriales. La propia Darias reconoció entonces la sorpresa que le produjo la llamada de Sánchez.

«Cercanía, sensibilidad y buen hacer»

Casada y madre de tres niñas, la ministra de Sanidad es voluntaria de la oenegé Mujeres por África, que preside María Teresa Fernández de la Vega. Muy inquieta en las redes sociales, desde que está en el Gobierno prefiere retuitear los mensajes de otras cuentas oficiales. En el 2004, resumía así su aportación a la política canaria: «Cercanía, sensibilidad y buen hacer». Se declara creyente, aunque prometió el cargo en vez de jurarlo «para no mezclar religión y política». Una fe que le hará mucha falta en su nueva misión.

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