Libia, en manos de las milicias y las potencias extranjeras, diez años después de la revuelta contra Gadafi

Mohamad Abdel Kader TRÍPOLI / EFE

ACTUALIDAD

Un niño enarbola una bandera libia en la conmemoración en Trípoli del 10 aniversario del levantamiento popular contra Gadafi
Un niño enarbola una bandera libia en la conmemoración en Trípoli del 10 aniversario del levantamiento popular contra Gadafi

Está por ver si el nuevo proceso de transición logra cumplir las expectativas del fin de la guerra civil

17 feb 2021 . Actualizado a las 17:18 h.

Diez años después del estallido de la ira popular contra la dictadura de Moamar Gadafi, los libios rememoran este miércoles el inicio de la revolución con la amarga certidumbre de estar viviendo una de las décadas más amargas de su historia, ensangrentada por la división política, la guerra civil, el poder de las milicias, el dominio de las mafias y los intereses geoestratégicos de las potencias extranjeras.

El 17 de febrero del 2011, a la estela de las protestas ciudadanas que sacudían Túnez, Egipto, Siria o Yemen, miles de libios convocados a través de las redes sociales salieron a las calles para exigir reformas y el fin de los abusos del clan Gadafi, conocido tanto por su estrambótica naturaleza como por su codicia y crueldad.

Sin embargo, pronto perdieron el control de las mismas: primero a manos de grupos de opositores en el exilio que retornaron a Libia apoyados desde Londres, París y Washington, cargados de armas, como el mariscal Jalifa Haftar, ahora uno de los hombres más influyentes del país.

Antiguo miembro de la cúpula golpista que aúpo a Gadafi, Haftar fue reclutado por la CIA a finales de la década de los ochenta después de que una humillante derrota militar en Chad fuera aprovechada por el tirano para purgar a uno de los militares que amenazaba su poder.

El mariscal, que se exilió en Virginia y obtuvo la nacionalidad estadounidense, regresó a Libia en marzo del 2011 al frente de un grupo de hombres y en los años siguientes cabildeó entre las distintos grupos rebeldes hasta lograr ser nombrado jefe del antiguo Ejército Nacional Libio (LNA) y convertirse en el tutor del Parlamento electo y el Gobierno no reconocido en el este.

«Haftar no fue el único. Otros líderes políticos actuales, tanto en el este como en el oeste y el sur, llegaron de fuera. Los libios que sufrimos la dictadura nos quedamos sin margen mientras las milicias se multiplicaban y asumían el control», explica a Efe Mohamad al Turki, antiguo militar y socio de una de una empresa de Seguridad local.

«Las milicias son hoy el principal problema. No solo porque a falta de Policía y Ejército son necesarias para cualquier Gobierno. También porque dinamizan una economía basada en la guerra y el contrabando. Las armas y el petróleo son los únicos recursos de un país que no produce nada e importa prácticamente todo», argumenta a Efe un analista militar europeo destinado en Trípoli.

Injerencia extranjera

Segundo, por la intervención de las potencias extranjeras: apenas un mes después de iniciada la revuelta, y en pleno avance de las tropas gadafistas, unidades navales de la OTAN y aviones de combate franceses bombardearon el oeste de Libia para evitar que a golpe de tanque y represión recuperaran las posiciones alcanzadas por los distintos grupos rebeldes.