Así puede el polvo del Sáhara congelar la Tierra

Una investigación publicada en la revista Nature revela cómo la calima puede generar períodos glaciares

La densa y molesta calima (viento con arena en suspensión) procede del Sáhara
La densa y molesta calima (viento con arena en suspensión) procede del Sáhara

El corredor de vientos del sur que ha generado durante los últimos días el anticiclón situado al este y las borrascas al oeste no solo ha permitido que las temperaturas fuesen elevadas, sino que también ha canalizado calima o polvo del desierto hacia Canarias y la Península.

Recientemente, la comunidad científica ha descubierto una increíble conexión entre el desierto cálido más grande del planeta, el Sáhara, y la mayor masa forestal de la Tierra, el Amazonas. Las nubes de polvo que salen desde África son capaces de cruzar el Atlántico y viajan cargadas de elementos como el fósforo, nitrógeno, potasio, calcio y hierro, que cuando se depositan sobre la selva amazónica ayudan a fertilizar el suelo. Cada año se precipitan unas 180 millones de toneladas. La arena del desierto cruza el océano empujado por los vientos alisios de componente este, los mismos que llevaron a Colón hasta América.

Un artículo publicado en la revista Nature ha desvelado además cómo la calima ha provocado a lo largo de la historia períodos glaciares. Y como siempre ocurre, todo tiene que ver directamente con la cantidad de dióxido de carbono presente en la atmósfera. Mientras el polvo del desierto atraviesa el Atlántico una parte cae hacia la superficie oceánica y el hierro que contiene también favorece la fertilización del fitoplancton, un elemento que influye directamente en la fotosíntesis. Este proceso se traduce en una mayor absorción de dióxido de carbono, que pasa de la atmósfera al fondo marino. Según los autores de la investigación este mecanismo estaría detrás de al menos la mitad de reducción del famoso gas de efecto invernadero durante los etapas glaciares.

La influencia del hierro fue descubierta en el año 1987 por el oceanógrafo estadounidense John Martin tras analizar antiguas burbujas de aire atrapadas en núcleos de hielo de la Antártida, que permiten a los científicos viajar en el tiempo para conocer la composición de la atmósfera del pasado. Martin propuso que este elemento ha tenido un impacto notable hasta el punto de haber transformado la superficie del océano durante la última Edad de Hielo. Como suele ser habitual, la comunidad científica reaccionó con escepticismo a su teoría, pero hasta ocho experimentos realizados entre 1993 y el 2005 confirmaron la tesis de la relación entre el hierro, el aumento de las algas marinas y el descenso del dióxido de carbono.

Una teoría para el mayor misterio de la historia del clima

Xavier Fonseca

Un artículo en Science propone una solución para la anomalía que ocurrió hace 700.000 años y que modificó el sistema climático para siempre

El relato del clima en la Tierra es la historia de un sistema complejo y dinámico, que permite la vida en el planeta, pero que ha experimentando enormes trastornos. Las etapas frías y cálidas han ido sucediéndose desde hace eones. La comunidad científica descubrió el pasado siglo que detrás de los ciclos climáticos se encuentra la órbita terrestre. Su excentricidad, -que dibuje una elipse o un círculo- y que determina la cantidad de radiación solar que llega a la superficie, cambia con una cadencia de cuarenta mil años. Sin embargo, hace unos 700.000, durante el Pleistoceno Medio, ese ciclo se alteró. De pronto, pasó a ser de cien mil años, tal y cómo sigue siendo en la actualidad. Es decir, transcurrido ese período, el mundo entra en una glaciación.

Seguir leyendo

Conoce nuestra newsletter

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Comentarios

Así puede el polvo del Sáhara congelar la Tierra