¿Por qué faltan vacunas en la UE? La culpa es de la deslocalización de las plantas

Los 56 centros europeos de envasado y fabricación de antígenos son insuficientes para atender la demanda


redacción

La producción industrial de una vacuna no se improvisa. La frase resulta obvia, pero algo tan simple es lo que explica el actual desabastecimiento de vacunas en Europa. Que si los envíos de AstraZeneca no llegan, que si lo hacen a la mitad de lo prometido, que si llevo la compañía a los tribunales, que tampoco aparecen las remesas anunciadas de Janssen... Las autoridades comunitarias viven en un continuo sobresalto ante cualquier cambio que pueda hacer variar su ya lento ritmo de vacunación, mientras observan cómo en Israel, Estados Unidos o Reino Unido sus campañas avanzan a buen ritmo.

Esta es la situación actual que oculta una tozuda realidad que oculta que en todo el viejo continente solo existen 56 plantas con capacidad de realizar el envasado y la fabricación de antígenos de las vacunas, incluidas las del Reino Unido y Suiza, que están fuera de la UE, y que, de ellas, solo hay 4 en España y únicamente una, la de Biofabri en O Porriño, con capacidad de producir el antígeno. O, lo que es lo mismo, las instalaciones europeas carecen de la capacidad suficiente para atender la demanda, en buena parte porque han desplazado estos centros de producción a otros países con costes más baratos.

«El desarrollo industrial de una vacuna para humanos es un proceso muy complejo que requiere de una infraestructura sofisticada y muy costosa y de un personal altamente cualificado. Y si no lo tienes, no se improvisa. Y esta es la consecuencia del desabastecimiento que estamos viviendo. Somos víctimas de la globalización que ha hecho que en Europa se deslocalice la producción de vacunas», resume Esteban Rodríguez, CEO y director técnico de Biofabri, uno de los participantes en la jornada de sensibilización Las vacunas salvan vidas.

Ante esta carestía de dosis, no solo en España, sino también en el resto del mundo, no son pocos los que han reclamado la liberación de las patentes. ¿Es esta la solución? «Sí se podría hacer, pero esa no es la solución, porque para desarrollarla se requiere de una infraestructura sofisticada y muy costosa y de un personal altamente cualificado», subraya Rodríguez. La cuestión no es solo la fórmula, sino en la forma en que se desarrolla para cumplir con los exigentes niveles de calidad que se exigen, lo que no se improvisa.

No es la receta de la tortilla

«La receta de una vacuna no es la de la tortilla de patatas. La patente es solo un ingrediente más, porque luego hay que pasar por un control de calidad para producirla en garantías», corrobora Federico Martinón, jefe del servicio de Pediatría del CHUS de Santiago y asesor de vacunas de la OMS.

Se trata de un proceso de una «enorme complejidad» en el que insistió la vicepresidenta de Transferencia del Conocimiento del CSIC Ana Castro, quien resaltó que si el mundo ha logrado una vacuna en tiempo récord y «sin saltarse ningún paso ni control» fue porque existía una investigación básica previa de años. La misma que deberá ser sostenida y apoyada si queremos estar preparados para una nueva pandemia, que en algún momento llegará.

Ante el escenario actual, Carlos Martín, catedrático de Microbiología de la Universidad de Zaragoza, abogó por extender la inmunización rápidamente a los países en desarrollo. «Si no vacunamos a toda la población mundial no controlaremos la enfermedad y se va a dar cancha a variantes que nos pueden poner en problemas». Por si acaso, recordó lo evidente: «las enfermedades infecciosas no tienen fronteras, por lo que es importante que vacunemos a todos con una visión global».

Hacen falta, por tanto, 14.000 millones de dosis para todo el planeta, recordó Esteban Rodríguez. Y no conviene retrasarlas, porque podrían surgir auténticas cepas del virus, más peligrosas que las variantes actuales, lo que suele ocurrir cuando se dan explosiones de contagios en un número elevado de personas.

«Esto no se acaba hasta que se vacune la última persona que tiene que recibirla en el mundo», subrayó Martinón, que rebajó la agresividad de las variantes que hasta ahora se han descrito, por lo que pidió tanto a políticos, como incluso a otros científicos o a la misma OMS, que sean más prudentes con los mensajes que divulgan al público. «Con las nuevas variantes no podemos hacer como en el cuento de Pedro y el lobo», dijo. Pero también lanzó una advertencia: «Si una de estas variantes acumula un número suficiente de mutaciones sí podría hacer el virus más transmisible, más grave y con capacidad de eludir la respuesta inmune». Para evitar este riesgo hay que frenar las infecciones.

Promesas vacías: «En la última propuesta de financiación de proyectos del ministerio no aparece la palabra vacuna»

¿Habrá espacio para una vacuna española? Todos los participantes en la jornada coincidieron en que sí. De hecho, Carlos Martín resaltó que alguno de los prototipos ofrece ventajas respecto a otros, con su inmunidad duradera y la posibilidad de ser administrada por vía nasa. «Claro que hay espacio para más vacunas», destacó Ana Castro. «Lo importante es conseguir una que esté a la altura, y creo que lo conseguiremos», señaló Esteban Rodríguez, quien avanzó que con uno de los candidatos del CSIC, que se producirá en Biofabri, «vamos a pasar a realizar el ensayo clínico en fase I en muy breve plazo».

Pero para que ante nuevas pandemias el país pueda ofrecer respuestas más rápidas, tanto en el desarrollo como en la producción de las vacunas, la clave vuelve a ser una apuesta decidida y sostenida por la investigación básica. Justo donde empieza todo. Y no se trata solo de promesas, sino de concretarlas en proyectos, algo que no parece haber ocurrido en la última convocatoria de ayudas del Gobierno, algo que denunciaron tanto Carlos Martín como Federico Martinón.

«Estamos todos convencidos de lo importante que son las vacunas —explicó Martín—, pero en la última propuesta de financiación de proyectos del ministerio no aparece la palabra vacuna. Y si las queremos hacer el trabajo empieza años antes, y tiene que ser apoyado».

Martinón utilizó de ironía para denunciar la situación. «Me uno a los sollozos de Carlos —apunta— porque veo las convocatorias que acaban de salir y digo: ‘¡Dios mío!', no aparece la palabra vacuna y no aparece la palabra infección. Es algo que no tiene ningún sentido».

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