La segunda victoria del PP tras la moción de Rajoy y la mayor derrota de Sánchez

El resultado catapulta a Ayuso como alternativa al liderazgo del partido. Vota y opina: ¿Qué partido sale más perjudicado?

Díaz Ayuso fue recibida hoy con aplausos a su llegada al Comité Ejecutivo Nacional del PP
Díaz Ayuso fue recibida hoy con aplausos a su llegada al Comité Ejecutivo Nacional del PP

Redacción / la voz

En un mitin a finales de marzo, Pablo Casado acompañó a la candidata Isabel Díaz Ayuso en Majadahonda con brillo en los ojos, soñándose en Moncloa cambiando el colchón como hizo Pedro Sánchez al llegar al palacio presidencial tras la moción de censura a Rajoy. Se disfrazó de politólogo y explicó al público que la victoria de Alberto Ruiz Gallardón en 1995 resultó «fundamental» para que José María Aznar fuese presidente al año siguiente. Lo mismo Alberto Núñez Feijoo en el 2009 para que Rajoy hiciese lo propio dos años después. «La victoria arrolladora de Isabel Díaz Ayuso será la clave para que yo llegue a ser presidente del Gobierno cuando se convoquen elecciones», pronosticó.

El líder del PP ya fue candidato en dos elecciones, compartiendo con otros dos partidos el espectro del centroderecha en el que había sido hegemónico. La efervescencia de Ciudadanos y la irrupción de Vox llevó a Casado a cosechar el peor resultado para su partido en abril del 2019. Medio año después, se repuso con 700.000 votos más y 89 diputados, iniciando la absorción de los naranjas que la pasada noche han pasado a confirmarse ya como irrelevantes en la política nacional.

El presidente de los populares se sacude ahora los fracasos de ambas generales y la debacle de las catalanas con la pirueta de Ayuso, capaz de duplicar su renta de diputados en plena pandemia tras media legislatura en la que solo aprobó una ley y no logró sacar adelante su proyecto de presupuestos.

La estrategia de Miguel Ángel Rodríguez, jefe de gabinete en el Gobierno de Ayuso y secretario de Estado con Aznar, elevó las elecciones madrileñas al rango de primera vuelta de unas generales y a que todos los candidatos se moviesen en la dicotomía: libertad o comunismo, democracia o fascismo, Ayuso o Sánchez. «En estas elecciones se evalúan, por primera vez [obviando los comicios catalanes], dos modelos de gestión», afirmó ayer Casado desde el colegio electoral, colocando de nuevo a la candidata autonómica como líder de una oposición estatal.

Tricefalia popular

La remontada de los populares partió del bastión gallego, donde Feijoo sumó su cuarta mayoría absoluta el verano pasado. En aquella campaña, Casado repitió en un acto en Pontevedra la misma lógica que compartió en Majadahonda sobre la sucesión de victorias que le llevarían a la Moncloa en las próximas generales. Obvió aquí el presidente popular que el universo político gallego es otro cuando tocan autonómicas: el PP ganó con el 48 % de los votos con Feijoo como candidato, 16 puntos más que en las generales de noviembre.

Las elecciones en Galicia fueron a su vez una derrota para Pedro Sánchez, al mantenerse el PSOE como tercera fuerza y revivir un sorpasso del BNG. El nuevo golpe para el secretario general socialista llegó con las catalanas, que pese a terminar como partido más votado se quedó sin opciones de formar Gobierno. Ese día, el PP apenas sumó 100.000 votos y fue superado por Vox y Ciudadanos. Feijoo echó entonces un capote a Casado, al que basta con darle la vuelta para interpretarlo como una reivindicación de su contundente victoria en Galicia: «[Pablo Casado] Es tan responsable del resultado catalán como lo fue Pedro Sánchez del descalabro del PSOE en las gallegas».

Tras el 4M, Ayuso se erige ahora como una tercera vía en el liderazgo del Partido Popular junto a Casado y Feijoo. La política madrileña es una conjunción de las corrientes centristas y liberales de su formación, heredera del aznarismo y el aguirrismo, rodeada de un símbolo del primero como es Miguel Ángel Rodríguez y de consejeros que formaron los Gobiernos de la expresidenta Esperanza Aguirre. La arriesgada apuesta le deja con opciones de gobernar en solitario, un imposible hace solo unos meses que la catapulta a disputar la alternativa al hombre que la colocó ahí.

Las próximas elecciones serán las andaluzas, en diciembre del próximo año

En caso de mantenerse el calendario electoral sin nuevos adelantos como el del 4M, las próxima cita con las urnas será en diciembre del próximo año en Andalucía. En las últimas fechas, sin embargo, la constante fragmentación en la que se ha sumergido Ciudadanos y la recuperación de los populares han avivado la posibilidad de una convocatoria al parlamento andaluz antes de lo previsto. El presidente de la región, el popular Juanma Moreno, advirtió a finales de abril que no tiene intención de adelantar las elecciones «salvo por causa mayor».

Hace un mes, el sondeo publicado por el Centra (Centro de Estudios Andaluces), un órgano que depende de la Junta de Andalucía, disparó las opciones de PP y Vox. Según el barómetro, ambas formaciones crecen respecto a los comicios del 2018. Los populares se situarían entre 40 y 43 escaños, lo que supone un 31,2 % de los votos, diez puntos más que hace dos años. Vox alcanzaría los 21, frente a los doce actuales. El PSOE, que tuvo en Andalucía su bastión desde el inicio del período democrático, bajaría un 4,4 %, obteniendo entre 26 y 29 escaños. El escenario del sondeo deja a Adelante Andalucía con diez o doce escaños, frente a los 17 actuales, y a Ciudadanos con siete, catorce diputados menos.

Pablo Iglesias tira la toalla y deja la política

Miguel Ángel Alfonso
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El órdago que Pablo Iglesias lanzó el pasado 15 de marzo, cuando abandonó el Gobierno para disputar las elecciones madrileñas a Isabel Díaz Ayuso, era una apuesta arriesgada que al final le ha acabado costando su futuro político.

Tras constatar que los 10 escaños conseguidos el 4M (tres más que en el 2019) eran insuficientes para cumplir el objetivo de frenar a la derecha y que su partido quedaba relegado al quinto puesto, el histórico secretario general de los morados anunció este martes por la noche que deja todos sus cargos. «Hemos fracasado», afirmó rotundamente tras otra noche electoral amarga.

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