Simón predice que «al final del año que viene» el virus podría desaparecer

Sobre el inicio de la pandemia, reconoce que el 9 de marzo del 2020 «todo se descontroló». Admite que ahora habrá que crear nuevas vacunas para controlar las variantes y que «no sabemos realmente qué va a pasar»


la voz

El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, ha planteado la posibilidad de que el COVID-19 pueda desaparecer a final del próximo año. «A lo mejor a final del año que viene podemos decir que no haya coronavirus. Estamos en esa situación, probablemente seguirá entre nosotros, pero hay opciones de que no pase así», ha aseverado.

Simón, que ha participado como ponente en un ciclo de conferencias en Ciudad Real, ha reparado en que otros virus similares en el pasado, entre ellos la recordada como «gripe de los pollos», también llegaron a su fin. El sanitario ha recordado cómo el 27 de diciembre de 2019 aparecieron una veintena de casos de neumonía grave en China, y solo 10 días más, ya se había secuenciado el virus.

Así, el 7 de enero «ya se tenía toda la información necesaria» en el país asiático para enfrentarse al virus, algo que aún tardó en llegar a Europa y «al superpoderoso Estados Unidos». Aunque ha reconocido que «no parecía una enfermedad tan grave», ha hecho un repaso del primer caso detectado en Europa, una mujer llegada de Wuhan a Alemania sin síntomas y que generó «un pequeño brote».

En su tránsito por Alemania, una persona que compartió espacio con un compañero de trabajo con la mujer de Wuhan tenía contacto con familiares en España, lo que pudo ser la puerta de entrada del virus.

PROTOCOLOS EN ENERO

A mediados de enero, en todo caso, «ya había un protocolo y un procedimiento» a través de 30 sociedades científicas con trabajo para desarrollar estudios clínicos, colocando a España como «uno de los tres primeros países» en tenerlos.

El 23 de enero ya se reunió el Comité de Emergencia de la Organización Mundial de la Salud, deliberando que la neumonía detectada en China no suponía un problema a nivel mundial, con pocos casos más allá del origen en Wuhan.

«No había transmisión comunitaria en ningún sitio más allá de Wuhan, ni siquiera en las otras 30 provincias de China», recuerda Simón, quien admite «ciertas dudas» sobre la información que daba el Gobierno chino en el primer mes de 2020. La percepción no era que China escondiera información, sino que «no la tenían», ha dicho.

Cuando el 23 de enero la OMS decide mandar una misión a China, el país asiático «bloquea» la exportación de productos sanitarias. «Deja de haber mascarillas porque todas las del mundo se fabricaban en China», lamenta Fernando Simón.

A partir de ese momento, «el resto del mundo globalizado en el que la logística es brutal y enorme, tenía que vivir con los pequeños restos de pequeños lugares». Este bloqueo no cesó hasta finales de marzo, tal y como ha afirmado Simón.

FEBRERO

Pasaron las semanas y acabando enero, la información que seguía mandando era el extremo de que la transmisión del virus se producía sólo a nivel del país asiático, aunque ha admitido que había «mosqueo» por los cierres de ciudades como Wuhan.

«Estábamos todos los países del mundo expectantes para ver qué significaba ese cierre, y el 17 de febrero, China tenía 70.000 casos, y España tenía dos casos, nuestro caso alemán y otro inglés con el virus importado de Singapur que se había contagiado esquiando en Francia», ha relatado.

Una semana más tarde, entrando en la recta final de febrero, Italia notifica más de 200 casos en el mismo día en el mismo enclave, prohíbe reuniones, cierra territorios y obliga a hacer cuarentena a personas llegadas de China. Fue el primer país europeo con este problema y «el primer país del mundo que cambió la percepción del virus», según su opinión.

EL 9 DE MARZO «TODO SE PRECIPITÓ»

Pasaron los primeros días de marzo y los problemas en Italia aumentaban, además de que el tráfico entre el país transalpino y España era intensa, desde el partido de fútbol del Atalanta en Valencia hasta los 7.000 italianos que pasaron por la feria ARCO. Así, en España ya se iban detectando casos, pero solo dos pequeños brotes, uno en el norte y otro cerca de Madrid, «muy localizados, con más transmisión».

Fue el 9 de marzo cuando se pasó de una trasmisión de entre 50 y 100 casos diarios a computar más de 700. «Ese día, todo se descontroló», ha aseverado, momento en el que se empieza la cadena de toma de decisiones que desembocó en el primer estado de alarma.

La mascarilla seguirá hasta que tengamos inmunidad de grupo

Simón ha defendido este miércoles que el proceso de vacunación contra el coronavirus en España va muy bien, pero el futuro no solo lo determina la inmunización. De ahí que haya avisado de que dejar de usar la mascarilla supondrá «dar un paso atrás», hasta que al menos no haya más de un 70 % población vacunada.

Simón, que ha participado como ponente en un ciclo de conferencias en Ciudad Real, ha reconocido que el futuro es muy incierto, pues «todo son preguntas», al tiempo que ha defendido que el futuro pasa por la vacunación y por mantener las medidas de control el tiempo suficiente hasta que la vacuna permita controlar el problema.

«La inmunidad no solo se puede obtener por vacuna, porque no todos los vacunados se inmunizan, también por haber pasado la enfermedad», ha precisado Simón, que ha explicado que a fecha de noviembre, se estimaba que el 9,9% de la población era inmune, estadística que oscila entre el 15,4 y 15,8 en estos momentos por haber pasado la enfermedad.

«También tenemos inmunes vacunados, con la primera dosis el 12,8% de la población, que da una inmunidad del 75%, y con la segunda dosis, que produce una inmunidad de alrededor del 90%, un 12,5%. Ahora tenemos entre el 40,3 y 40,6 % de nuestra población inmune por vacunación y la inmunidad crece al día con la vacuna un 1%», ha detallado.

«Si 40 de cada cien posibles casos los eliminamos por inmunidad, con la mascarilla, la distancia de seguridad y el buen comportamiento eliminamos un 20, un 30%. No lo sabemos, la probabilidad de infecciones es cada día menor, la inmunidad de rebaño la conseguiremos, si mantenemos el uso de mascarillas, bastante antes de lo que pensamos, pero será de forma inestable. Dejar la mascarilla supondrá dar un paso atrás hasta que no tengamos al menos más de un 70 por ciento población vacunada. Pero no estamos tan lejos», ha reconocido el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias.

Respecto a cómo van a afectar las variantes, ha defendido que habrá que crear nuevas vacunas de siguiente generación que permitan controlar esas variantes que se escapan a las vacunas de ahora. «Pero no sabemos realmente qué va a pasar», ha admitido.

DIFICULTAD DE DETERMINAR CAUSAS

En otro orden de cosas, y tras asegurar que la epidemia es «gorda», Fernando Simón ha afirmado que lo interesante no es la magnitud sino la variabilidad por comunidades autónomas, pues la epidemia ha afectado de forma muy diferente a los diferentes territorios.

«Algunas de las razones las intuimos, algunas creemos conocerlas pero otras muchas habrá que investigarlas, discutirlas con mucha humildad y no va a ser fácil porque todavía hay muchos sentimientos, muchas peleas, incluso intereses que no van a facilitar para nada una evaluación correcta de todo lo que ha pasado, ni aquí ni en Francia, Alemania o Italia. Aprenderemos mucho, pero no va a ser fácil aprenderlo todo», ha avisado.

De igual modo, y preguntado en el turno de preguntas sobre cómo evitar el bloqueo de materiales, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias ha indicado que se las instituciones lo intentan, pero detrás «hay muchos intereses económicos», pues es muy fácil durante pandemia convencer a las empresas.

A modo de anécdota, ha relatado que el Gobierno de España consiguió convencer a una empresa china para que montase una línea de producción de mascarillas. «Consiguió comprar una máquina para hacer mascarillas en China, único país que las hace. También convenció a una empresa para que montará la cadena de producción, algo que se podría dilatar a una semana. El caso es que cuando la maquina iba en unos camiones para montarla en un avión del Ejercito español que había ido a recogerla, en la puerta del aeropuerto, no recuerdo si fueron los servicios secretos de la Embajada de Francia o de Estados Unidos, les ofrecieron el doble de dinero por llevar esa máquina a los aviones de sus países. Y eso pasó con montones de cosas», ha concluido.

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