Última llamada para rescatar Eurostar

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BENOIT TESSIER | Reuters

La compañía, a la que le quedaba efectivo hasta el mes de junio, ha recibido 290 millones esta semana de sus cuatro accionistas para sobrevivir

24 may 2021 . Actualizado a las 13:00 h.

El Eurostar se ha convertido en una metáfora viva del brexit. El tren de alta velocidad, hijo de un proyecto político forjado al rebufo del mercado único, desfallece. Se cumplen 27 años desde que sus trenes encendieron por primera vez los motores para atravesar a toda velocidad (300 km/h) el Canal de la Mancha, ese infranqueable muro de agua que mantenía a europeos y británicos separados físicamente. Las cosas no arrancaron del todo bien. Hasta el 2009, el negocio no fue rentable. Pero desde entonces, no ha hecho más que crecer, anotándose unos beneficios en el 2019 de 106,5 millones de euros. Antes de que estallara la pandemia, eurodiputados, banqueros, políticos, periodistas, turistas y también funcionarios se mezclaban entre los más de 30.000 pasajeros que transportaba al día entre Londres, París, Bruselas y, más recientemente, Ámsterdam. Desde las estaciones salían una media de dos trenes cada hora. Hoy solo dos en cada jornada y el flujo de pasajeros ha caído un 95 %. «Actualmente tenemos un calendario reducido debido a la pandemia», advierten en su web. Lo que no pudo hundir la crisis financiera ni el brexit, podría hacerlo el covid-19.

Eurostar acumula pérdidas de más de 579 millones de euros, según reveló el Financial Times. No disponía de liquidez en caja hasta esta semana, cuando sus cuatro accionistas salieron en su auxilio inyectando a la compañía 290 millones de euros, según AFP. Una cuantía que le permitirá capear el temporal a la espera de que se reanude del todo la actividad y vuelva el tráfico. «Las medidas de apoyo decididas hoy le permitirán cumplir (sus) obligaciones financieras a corto y medio plazo», señaló la empresa, que lleva meses lanzando señales de auxilio, pero tanto el Gobierno británico como el francés se resistieron a rescatar al operador, a pesar de que su quiebra podría dañar a las economías que utilizan el Eurotúnel como arteria para los negocios. Hubo una cascada de ayudas públicas para rescatar aerolíneas, pero al tren lo ddejaron de lado. A pesar, además, de emitir un 90 % menos de emisiones contaminantes. ¿Qué hay detrás del drama de Eurostar? No cabe duda de que el virus y las restricciones impuestas a la movilidad para frenar los contagios han sido la chispa de un incendio en el que el brexit ha funcionado como acelerante.

¿Quién ha puesto el dinero? Sus accionistas. El conglomerado público francés SNCF, que posee desde el 2015 el 55 % de las acciones de Eurostar. Ese mismo año -uno antes del referendo de permanencia en la UE-, el Reino Unido se deshizo de sus participaciones en Eurostar, que alcanzaban entonces los 876,8 millones de euros (40 %), apunta la cabecera británica. Los ferrocarriles belgas (SNCB) apenas tienen un 5 % de la compañía. Un 30 % está en manos de Caisse de dépôt et placement du Québec (CDPQ) y un 10 % pertenece a un fondo británico (Hermes Infrastructure). 

En medio del pulso gubernamental, el director ejecutivo de la compañía, Jacques Damas, llegó a declararse «harto» y advirtió a ambos Ejecutivos de que o había ayudas o quebrarían. Los británicos se desentendieron y sugirieron buscar ayuda entre los accionistas, que han sido los que finalmente han saliddo a socorrer a Eurostar. Ya llevaban invertidos 200 millones durante la crisis. La compañía también tuvo que solicitar préstamos por otros 400 millones que vencen en junio. Con el final de las moratorias, ya no pueden solicitar más períodos de gracia. Las relaciones con Francia tampoco pasan por su mejor momento, a decir verdad. París no perdona al operador que optara en el 2010 por incorporar a su flota 10 nuevos trenes de la alemana Siemens, competidora de Alstom.

El asalto germano

Si Eurostar logra sobrevivir a la pandemia, no le faltarán competidores. El Gobierno alemán quiere aprovechar el brexit, la necesidad de reducir la huella de carbono y la oportunidad de los fondos de reconstrucción europeos para revivir el fallido proyecto Trans Europ Express (2.0), con el que quiere unir varias ciudades europeas, conectadas a una red única de trenes de alta velocidad, en la que participarían varios operadores de trenes. No les falta ambición. Se han puesto como meta, tenerlo todo listo en el 2025.