Cuando los Franco perdieron Meirás

José Manuel Pan
José Manuel Pan REDACCIÓN / LA VOZ

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Es la imagen de la recuperación de Meirás. Ocurrió el 10 de diciembre del 2020. La jueza Marta Canales (derecha) entrega las llaves del pazo a la abogada general del Estado, Consuelo Castro, en presencia de los abogados del Estado, de la Xunta y del Concello de Sada y de la letrada de Justicia.
Es la imagen de la recuperación de Meirás. Ocurrió el 10 de diciembre del 2020. La jueza Marta Canales (derecha) entrega las llaves del pazo a la abogada general del Estado, Consuelo Castro, en presencia de los abogados del Estado, de la Xunta y del Concello de Sada y de la letrada de Justicia. M. DYLANPOOL

El hallazgo de la escritura de 1938 fue clave para el éxito de la demanda judicial del Gobierno

25 jun 2021 . Actualizado a las 11:33 h.

Julio del 2019. La Abogacía del Estado presenta en el Juzgado de Primera Instancia número 1 de A Coruña una demanda contra los nietos de Francisco Franco, herederos de Carmen Franco Polo y por entonces propietarios del pazo de Meirás. La noticia sorprende. Los servicios jurídicos del Estado llevaban algo más de un año trabajando en el caso con la máxima discreción, buscando en archivos, notarías y registros de la propiedad algún documento que les permitiese cumplir con la petición del Parlamento gallego y con el compromiso del Gobierno socialista para intentar recuperar el pazo de Meirás para el patrimonio público.

El libro Un pazo, un caudillo, un espolio, de Carlos Babío y Manuel Pérez, ofreció importante documentación sobre la forma en que se gestionó el pazo desde las Administraciones públicas. Pero hacía falta algo más concluyente. Javier Suárez y Adela Álvarez Caramés, los abogados que llevaron la demanda del Estado desde Galicia, se hicieron con la escritura por la cual Manuela Esteban, nuera de Emilia Pardo Bazán, vendió la propiedad a la Junta pro Pazo en 1938.

«Fue un gran momento», recordaba en La Voz la abogada general del Estado, la gallega Consuelo Castro. Lo decía porque «nadie sabía de esa escritura, que demostraba claramente que la venta del pazo a Franco en 1941 fue una simulación». Como demostrarían después los tribunales, con esa segunda venta realizada ante notario, Franco quería inscribir el pazo a su nombre. «Pero no se vende nada. Era una mera apariencia de un negocio inexistente. Una fantasía total», concluye la Audiencia Provincial de A Coruña en la sentencia que confirma la de primera instancia.