Los «supercontagiadores», la gasolina de la pandemia

Elisa Álvarez González
E. Álvarez SANTIAGO

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Antonio Salas y Federico Martinón
Antonio Salas y Federico Martinón

Un estudio de la USC concluye que el efecto de estas personas es el motor en la expansión del virus, más allá de las diferentes variantes

27 sep 2021 . Actualizado a las 20:11 h.

Son como la gasolina en un monte seco. Así definen Antonio Salas y Federico Martinón, profesores de la Universidade de Santiago, al papel que han desempeñado las personas «supercontagiadoras» en la expansión de la pandemia, con independencia de las distintas variantes del covid-19.

El SARS-CoV-2 necesita eventos de «supercontagio» para lograr éxito epidemiológico, porque estos fenómenos «son la verdadera gasolina con la que el incendio está garantizado». Martinón y Salas llegan a esta conclusión tras analizar más de 1,4 millones de secuencias del virus producidas por miles de laboratorios de genética y microbiología de todo el mundo. Los resultados, que acaban de recoger en un artículo publicado en Trends in Genetics, dan a estas personas «supercontagiadoras» el papel de catalizadoras del virus, y de hecho variantes tan conocidas y aparentemente tan contagiosas como son la delta o la alpha «difícilmente podrían tener el éxito poblacional que tuvieron si no fueran catapultadas por el efecto catalizador de los eventos de 'supercontagio'». 

Esto, explica Antonio Salas, es fundamental para entender cómo se han producido las diferentes olas y qué medidas son las más exitosas en el control del virus. Y es que las grandes oleadas se produjeron en distintos países del mundo tras la llegada de la relajación de las restricciones y los confinamientos, como épocas festivas, vacaciones de verano o eventos deportivos. Y todas las olas se redujeron cuando se recuperaron las medidas restrictivas. Esto significa que, apunta Salas, «por una parte el cálculo de la capacidad infecciosa de las variantes del virus podría estar sobreestimada; y, por otra, se trasladaría la carga de la responsabilidad de la pandemia al comportamiento social, y no tanto a las variantes del virus».

Un dato que respalda esta teoría de los investigadores de la USC es que muchas de esas mutaciones potencialmente peligrosas aparecieron antes de los brotes en los que se dieron a conocer, pero en su momento no habían provocado daño. Por eso es por lo que el estudio defiende que las variantes solas no tendrían éxito epidemiológico de no haber sido catalizadas por el comportamiento social. Los autores, de hecho, cuestionan los mensajes catastrofistas que frecuentemente acompañan la aparición de estas mutaciones. 

Martinón añade que los niños no parece que sean estos «supercontagiadores», y aunque hay estudios que sugieren que factores como la edad o la obesidad pueden favorecer que una persona lo sea, es difícil encontrar a priori un «supercontagiador».  

Hasta el momento el comportamiento social es por lo tanto el factor principal en la dispersión del virus, pero en un futuro sí puede que cambien las tornas. Y es que el SARS-CoV-2 tiene una capacidad de cambio importante, por lo que en el futuro puede que el peso de la pandemia recaiga más en el patógeno, sobre todo si surgen variantes que escapan en mayor o menor medida al efecto de las vacunas.