Garamendi: «Europa no ha hablado de la reforma laboral que a mí me están contando»
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El presidente de la CEOE asegura que lo que toca ahora en España es «rigor y ortodoxia»
14 nov 2021 . Actualizado a las 10:17 h.Antonio Garamendi Lecanda (Guecho, Vizcaya, 1958), presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), participó este viernes en Santiago en el 40 aniversario de la asociación gallega y coronó en la Catedral el proyecto Camino de las Empresas 2021. Pone cara de circunstancias cuando se da cuenta de que recibe a La Voz en una sala del Hostal dos Reis Católicos que en su día fue el «observatorio de agonizados», al que acudían los moribundos hospitalizados.
—¿Cuál es su diagnóstico de la economía española?
—Estamos levantando el vuelo, y creo que es algo que hay que agradecérselo a la sociedad española, porque el alto nivel de vacunación está siendo clave. Lo que lamento es que la CEOE acierte y reciba premios por acertar y adelantar que íbamos a crecer al 5,5 %, y puede que no lleguemos, mientras otros hablan del 6,7 %. Significa que no vamos tan bien como nos dicen, pero tampoco es un desastre.
—Ese «otros» es por el Gobierno, ¿cree que se está haciendo política con las previsiones?
—Nosotros no estamos en política, por eso decimos lo que pensamos que va ocurrir. Y lo hacemos con el respaldo de los mejores analistas de las grandes empresas. La política está como está, y a nosotros nos gustaría trabajar en un modelo de mayor moderación y tranquilidad, por eso nos da mucha envidia Alemania, donde hay acuerdos por el bien del país.
—Sin hacer política entonces, ¿cuál es su receta para España?
—Con el déficit que tenemos, la inflación y la deuda al 123 % recomendaría lo mismo que a una familia en dificultades: ortodoxia económica y más rigor.
—La pregunta del millón, o de los 3,2 millones de parados: ¿Cómo pueden faltar trabajadores en la construcción y la hostelería?
—Porque tiene que haber un cambio en la educación profesional. En FP estamos muy por debajo de Europa, y la cualificación es muy baja. Esa es la asignatura pendiente de España. Pero además de la aptitud puede haber algún problema de actitud: hay que recuperar el discurso del esfuerzo y de la superación.
—«Páguenles más», dijo Joe Biden y repitió la ministra de Trabajo.
—Son frases que no tienen mucho sentido. Hablamos de que faltan electricistas, fontaneros o soldadores, profesiones bien pagadas, con buenos convenios.
—¿No hay comunicación entre las empresas y los servicios públicos de empleo?
—Los servicios públicos de empleo colocan al 1 % de la población, y esto lleva años siendo así. Se han regado con 2.500 millones para seguir haciendo lo mismo. Por la misma razón no funciona la Fundae, la formación que gestiona el Ministerio de Trabajo. Es un mal endémico, 1.800 millones que pagamos los empresarios y que no están dando resultados.
—El debate de los sueldos se ha centrado en los últimos tiempos en el salario mínimo, ¿está bien pagada la clase media?
—Las empresas están encantadas de pagar lo que tengan que pagar, y de que los trabajadores se puedan quedar. Mi pregunta es, ¿el problema son los salarios o son los impuestos que nos están metiendo, las subidas energéticas, el cobro de las autopistas y las plusvalías? Todo lo que se plantea acaba igual, que paguen las empresas, como si fuéramos un ente que no existe, cuando detrás hay personas.
—Hay síntomas de enfriamiento en el diálogo social.
—Nosotros llevamos 44 años firmando acuerdos. En los últimos meses hemos firmado hasta doce, pero ahora escuchamos cosas que no suenan bien..
—Pero de esas cosas no se habla, solo nos dan a elegir entre Nadia Calviño o Yolanda Díaz.
—Nosotros hablamos con el Gobierno, que es colegiado. Si lo hacemos con uno u otro nos da igual. Son ellos los que se tienen que coordinar.
—¿Se sienten apelados cuando se habla de «derogar la precariedad?
—La ministra de Trabajo le ha llamado a la reforma laboral «fetiche». Si esto se ve como un trofeo político, mal vamos, porque este es un tema muy técnico. A mí, por ejemplo, me parece pura demagogia identificar la temporalidad con la precariedad.
—Los contratos encadenados de lunes a viernes están ahí.
—Ya, pero eso mismo lo hace la Administración pública con los profesores y los sanitarios. Se lo tendrían que hacer mirar.
—Hay unanimidad en que los ERTE han funcionado, ¿por qué no les gustan los cambios que quieren introducir?
—Porque nos han pasado un montón de papeles y nos parece todo más intervencionista, farragoso y costoso. Los ERTE son del año ochenta y se mejoraron en el 2012, pero es como si los hubieran inventado ayer. Nosotros sabemos lo que quiere Europa. Soy vicepresidente de los empresarios europeos, y también tenemos oficina en Bruselas, y puedo asegurarle que Europa no ha hablado de la reforma laboral que a mí me están contando.
—Con el empleo de los más jóvenes hay un problema evidente.
—Hay un problema de formación, al que ya me he referido. Y luego pienso: en el transporte hacen faltan 15.000 personas, y para conducir autobuses, casi 10.000. ¿Por qué no ayudan a los jóvenes a sacar esos permisos, que son muy costosos, en vez de pagarles otras cosas?
—Pues los transportistas se van a la huelga.
—Ya ve, aquí tiene un ejemplo de que el problema es la subida del gasoil, que al final son impuestos que cobra el Gobierno. Y lo mismo le ocurre en Galicia a los ganaderos, que siguen cobrando lo mismo por la leche y las cebollas. Nos olvidamos que detrás de la agricultura hay autónomos, son familias.
—¿Tienen salvación las industrias electrointensivas?
—Nosotros defendemos la industria, porque allí donde pesa un 20 % del PIB, el paro está por debajo del 10 %. Yo creo que España ha planteado mal la transición energética, solo hay que mirar a Francia, con la energía nuclear, y a Alemania, con el carbón.
—Las comunidades piden margen para manejar sus propios impuestos, ¿hay dumpin fiscal?
—El problema es cuando piden margen para subirlos. En España no hay que cobrar más impuestos, lo que tiene es que pagar más gente. La media de la economía sumergida en Europa es del 13 o 14 %, y en España llega al 23 %. Ese es el problema, que no todo el mundo pone dinero.