El coronavirus se cuela en una campaña electoral en Portugal, donde el debate entre reforzar el sistema público de salud o avanzar en una fórmula concertada con la privada es clave
27 ene 2022 . Actualizado a las 17:36 h.A la entrada del hospital de São João, en Oporto, hay un mural con diez rostros picados en una pared que representan a los profesionales de la salud. Son «hérois do dia a dia», como los definió Alexandre Farto Vhils, el artista que los esculpió. Justo delante de esos rostros está Jorge Almeida, el director del servicio de Medicina Interna del que es el mayor hospital del norte del país: «Concretamente, nuestra área de Medicina Interna es la más grande de Portugal», dice. Por ello, cuando el covid desembarcó de lleno en la vida de la gente, fueron las dos plantas que ocupa las que alojaron al mayor número de ingresados. «Dividimos el pasillo en dos partes. Por una caminaba la gente sucia, la que venía de estar con enfermos, por la otra los que estaban limpios. Si te cambiabas de fila, no podías pasar a la otra», recuerda. Para este facultativo, el mayor impacto que tuvo el covid en la salud fue más allá del propio virus: «Al principio de la pandemia, en el 2020, los centros de atención primaria cerraron prácticamente para atender labores burocráticas y de seguimiento de pacientes covid; en los hospitales prácticamente solo atendíamos pacientes con covid porque el resto tenían miedo a venir al hospital. Eso provocó que Portugal cerrara el 2020 como el de mayor mortalidad del país en los últimos veinte años. Pero de esas muertes, solo un 20 % fueron realmente por efecto del covid, el otro 80 % fue debido a otras patologías diagnosticadas tarde».
Ahora con más de un 90 % de la población vacunada y con predominio de la variante ómicron, la carga hospitalaria de pacientes con covid es muy baja, pero hace una semana la Dirección General de Salud estimaba que durante el domingo 30 podría haber unas 600.000 personas infectadas o en aislamiento durante el período legislativo en un país de 10,3 millones de habitantes.
Con esas cifras sobre la mesa no es de extrañar el covid se haya colado en campaña, sobre todo después de que hace una semana, la ministra de Administración Interna, Francisca van Dunem, anunciara que los contagiados o aislados podrían salir de sus casas el domingo día 30 solo para ejercer el derecho al voto. Y, aunque el Gobierno recomienda que lo hagan entre las seis y las siete de la tarde, lo cierto es que podrán hacerlo mientras estén abiertos los colegios electorales.
«Es inaceptable que se deje votar en urna a los aislados por covid -explica el doctor Jorge Almeida-. Porque no se puede salir de casa para otras cosas de importancia, pero se puede para votar. Con qué autoridad luego dices a un contagiado que no puede salir».
Pero el temor a qué pasará con el voto de los contagiados se ha colado en el seno de los partidos como un ingrediente capaz de hacer crecer la abstención en unas elecciones donde la salud es uno de los grandes temas de los programas. Pero mientras el Partido Socialista de António Costa quiere fortalecer el Sistema Nacional de Salud (SNS) con nuevas unidades hospitalarias en Central do Alentejo, Lisboa Oriental, Sintra y Central do Algarve, el conservador PSD propone revisar la ley de bases de la salud para crear una red que englobe atención primaria, hospitalaria, cuidados continuos y cuidadores informales, además de fomentar los conciertos con el sector privado. La protección real del modelo público de salud, dicen algunos analistas políticos, fue también uno de los asuntos que llevaron al Bloco de Esquerda a no apoyar los presupuestos del PS que desembocaron en estas legislativas anticipadas. Y partidos con menor representación como Iniciativa Liberal también son partidarios de los conciertos para eliminar listas de espera.
Para Javier Gallego, presidente de la Asociación de los Médicos Españoles en Portugal, una buena solución para aliviar las largas listas de espera en cirugía serían los conciertos con la sanidad privada: «Por una mera cuestión política no hay comunicación entre la sanidad pública y privada. Hay que pensar en el paciente, no en la ideología», dice. Y, mientras, el sistema sanitario portugués continúa enfrentándose a un gran problema: que no logra retener médicos en la sanidad pública. En la privada ganan más.
De algún modo eso fue lo que le pasó a él. Tras estar unos quince años en la sanidad pública decidió pasarse a la privada. Y pone como ejemplo los sueldos: «Un especialista haciendo guardias en la sanidad pública puede estar ganando unos 1.500 euros».
Buscar fórmulas para retener a los médicos dentro del Sistema Nacional de Salud (SNS) es algo que observan también los médicos jóvenes. Marta Fernández Fernández es una facultativa gallega, de Baralla, que estudió la carrera de Medicina en Portugal. Sus primeros tres años los hizo en Azores y los tres últimos en la Universidade de Coímbra, instituciones que tienen un convenio. Su título es de Coímbra. «El modelo de enseñanza portugués es un poco diferente al español. Acabas la carrera en junio; en noviembre tienes el PNA, que sería el equivalente al MIR: Desde hace tres años en lugar de ser una examen teórico, son casos clínicos que tienes que resolver, un modelo que a la larga va a ser mejor porque vas a saber enfrentarte mejor al trabajo real, pero para lo que las universidades todavía no están preparadas: Después tienes que trabajar un año en prácticas pagadas. Al acabarlas, en noviembre, eliges la especialidad que empiezas en enero». Uno de los problemas que ocurrió este año, como explica, es que no había suficientes plazas para poder hacer la especialidad. «No recuerdo bien las cifras, pero había como unas 3.000 personas para unas 1.900 plazas. Se fueron cubriendo y, al final, sobraron unas cincuenta. ¿Por qué? Porque muchos médicos no quieren trabajar horas y horas; prefieren repetir el examen o hacer servicios puntuales por los que cobran o se van a otros países a hacer la especialidad». Y luego, añade, están los sueldos, que en la sanidad pública no son muy altos. Pero más allá de eso, esta médica de vocación -está a punto de ir a hacer un voluntariado a Mozambique con una oenegé- cree que lo que necesita la sanidad pública portuguesa con más recursos: humanos y materiales. No tiene duda.