Raúl, el benjamín del Villa de Pitanxo que se tomaba la pesca como algo provisional
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Se enroló, con 24 años, en el pesquero hundido para realizar su segunda marea; su padre conoció la noticia del hundimiento y su desaparición navegando en otro pesquero en las Malvinas
19 feb 2022 . Actualizado a las 15:58 h.Raúl González Santiago era de benjamín entre los tripulantes del Villa de Pitanxo. 24 años y demasiados sueños por cumplir. Todos, como el pesquero, se fueron a pique en las aguas heladas de Terranova. Nació y vivió en Cangas. Incluso su excolegio, Casa de la Virgen, donde cursó los estudios de infantil, primaria y ESO, está orientado al océano que lo vio partir, el Atlántico. Desde sus aulas, patios y jardines, vistiendo uniforme azul, vio zarpar y arribar pesqueros y faenar a mariscadores durante años. El miércoles y el jueves, la oración matutina diaria del centro se dedicó al Villa de Pitanxo y a su tripulación. Raúl, en calidad de exalumno, estaba más presentes en el recuerdo de todos los asistentes.
Raimundo, director del Casa de la Virgen, lo recordaba este jueves: «Fue alumno, eso hace mella siempre. Vivimos en una zona acostumbrada a, cada cierto tiempo, estas tragedias. Yo mismo soy hijo de marinero y sé muy bien qué se siente. Raúl era un chico tranquilo, estudió con nosotros y lo recordamos con cariño, ni más ni menos que a otros. Se fue hace ocho años y ahora, de repente, te enteras de su muerte en unas circunstancias tan trágicas».
Raúl dejó el centro para cursar Bachillerato. Luego vinieron estudios superiores. Hizo las maletas por primera vez para cambiar de provincia. Se matriculó en la Universidad Laboral de Culleredo (A Coruña), donde cursó el primer año del ciclo medio de Patrón de Transporte Marítimo y Pesca de Altura. «El segundo ya lo estudió en Vigo, y también los dos cursos del ciclo superior», relata Miguel Pena, director del centro, que este miércoles organizó un homenaje al exalumno con una concentración silenciosa en el patio central. «Ha sido un golpe muy importante, sabemos de la dificultad de esa profesión, ellos tienen una vocación que engloba un riesgo», añade Pena.
Regresó a Cangas y se desplazaba a Vigo para completar su formación. Siempre orientada al mar, igual que su padre, jefe de máquinas en barcos de la Armadora Hermanos Touza, y que su hermano mayor, también profesional de la pesca y acostumbrado a surcar las aguas del Índico en busca de atún. Raúl hizo su primera marea el año pasado, cuatro meses que coincidieron con el verano y acompañado de su progenitor. Supo a qué sabe la salitre en las Malvinas durante su primera marea. Hizo días de mar (expresión que significa coger experiencia cuando se empieza en la profesión) y regresó a Cangas durante unos meses.
En el horizonte
Se enroló en el Villa de Pitanxo para hacer la segunda marea. «Ya no fue como marinero, era algo más, aunque también el más joven de la tripulación», explica un amigo de Cangas al que le cuesta hablar sin llorar. Confiesa que Raúl, tras quemar varias etapas de la vida, como cualquier persona, tenía muy claro por dónde iría su futuro. «Siempre tuvo claro que no era para toda la vida. Hay gente que sí, hace mareas hasta la edad de jubilación. Él no, siempre decía que sería por unos años, no más, ahorrar lo necesario y buscarse un trabajo o iniciar un negocio en tierra para vivir tranquilo. La mala suerte le impidió hacer realidad su anhelo».
Sus allegados coinciden al recrear a Raúl de persona tranquila, con un gusto especial por los coches, buen amigo de sus amigos, con querencia por disfrutar de los mejores enclaves naturales de su ayuntamiento natal o de las playas en verano, como cualquier chico de su edad. Su ausencia la sufren ahora sus familiares en Cangas, menos el padre. Él conoció la desaparición de su hijo, y la suspensión de las búsqueda por parte de las autoridades canadienses, a bordo de un pesquero enrolado para completar su enésima marea.