Una sonrisa contra la desorientación

M. Cedrón REDACCIÓN

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FABRIZIO BENSCH

Polonia pone en marcha un proyecto de ley para ayudar a los refugiados

08 mar 2022 . Actualizado a las 08:58 h.

«Una persona que huye de las hostilidades está en shock. Esto puede durar alrededor de tres meses. No siente frío, sueño, incluso no siente hambre o sed. Cuando se trata de un adulto con hijos, lo único que le importa es proteger a su hijo. Hay que cuidar que se abrigue, se acueste, que coma o beba». Esta es la primera instrucción que ha dado el Gobierno polaco a las personas que están acogiendo refugiados en el país. El domingo habían entrado desde Ucrania más de un millón de personas. Solo en un día llegaron a cruzar la frontera 150.000. No es fácil meterse en su piel porque lo que están pasando, como añade el listado de consejos del Gobierno polaco, «es como un período de luto, pero no por la muerte de una persona, sino por todo lo que les era cercano y por su futuro». Además, ha puesto en marcha un proyecto de ley para mejorar la calidad de vida de estas personas. Esta incluiría, según Europa Press, un permiso de residencia legal de 18 meses que les permite trabajar, ampliable a tres años, o un pago único de unos 60 euros. También sopesa, entre otras cosas, dar una paga a quienes que acojan refugiados.

Esos polacos son los que deberán explicarles cuál es su habitación o cómo funcionan los enchufes. Porque aunque pueden parecer consejos obvios, ellos necesitan que se lo digan. Porque han de resetear su vida.

La instrucción del Gobierno para tratar a los refugiados«no hablar, ni obligarles a hablar de lo que han pasado, escucharles en caso de que quieran contar». Pero cuando les asalte el pánico no hay que olvidar recordarles que ahora están seguros porque ya no están en una zona de guerra. Cuál es la mejor medicina para curar esa desorientación: «Ayuda el contacto físico, tomarlo de la mano, poner la mano en su brazo, hombro, espalda», dice la instrucción. Y después de la hostilidad de las bombas hay que «sonreírle».

Cuando son niños todo es más complicado. «Pueden encerrarse en ellos mismos o no permitir el contacto. Es necesario tener mucha paciencia» y «cuando el refugiado llora, hay que dejarlo llorar, no decirle que no lo haga, llorar desahoga. Y decirle que puede contar con ayuda».

Los polacos se la están brindando. Se ve en las fotos que mandan los voluntarios como una en la que, junto a una ventana a través de la que se ve un bosque, hay tres mesas diminutas escoltadas por doce sillas de la misma escala. Es un aula de preescolar en Sopot, una ciudad ubicada en las inmediaciones de Gdansk, en Polonia. En esa clase está todo preparado para que los menores refugiados puedan volver a colorear cuadernos o ensuciarse el mandilón con plastilina.