Arrepentido ante un jurado de matar a su camello por dos gramos de coca en un bar de Ourense: «No se lo merecía»
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La Fiscalía y una hija del hostelero asesinado en el Bar Novo piden doce años de cárcel para el hombre que lo mató
07 mar 2022 . Actualizado a las 17:09 h.Lo que suele pasar cuando un acusado se sienta ante un tribunal es que diga que es inocente, pero en el juicio que este lunes arrancó en la sala de vistas de la Audiencia provincial de Ourense no ha ocurrido esto. Lejos de negar los cargos que se le imputan, y por los que podría ser condenado a doce años de prisión, Jonatan R. P. admitió que el 4 de febrero del 2020 acabó con la vida de Evaristo Morín Machado, el propietario de un bar de la capital ourensana que solía suministrarle cocaína. El crimen, de hecho, tuvo lugar en el bar Novo, situado en la calle Colón, al que acudió el sospechoso desde Celanova para comprar cuatro gramos de droga.
Ante el tribunal del jurado que se encarga de decidir sobre este crimen, Jonatan detalló lo ocurrido aquella noche en la que, antes de salir de casa, cogió una pistola. «Tres días antes Evaristo me había amenazado porque tenía una deuda con él de 300 euros, así que llevé el arma por precaución», contó el acusado antes de centrarse en lo que pasó cuando entró al bar, que a esa hora ya estaba cerrado al público. «Yo quería que me fiara cuatro gramos, le dije que le iba a pagar, estaba con el mono, o no sé como llamarlo», recordó, detallando que el hostelero le dio solo dos. «No me quedé conforme y él me dijo que me fuera, pero yo estaba enfadado e insistí; le dije que lo necesitaba y me dio un empujón». Ahí empezó a complicarse todo. «Yo se lo devolví y cayó al suelo», dijo, relatando que después empezó una pelea durante la cual él golpeó a la víctima con la pistola en la cabeza, degollándolo después con un envase de cristal roto que había cogido primero el hostelero. «Cuando vi eso, ya se me vino a la mente que o me mataba él o lo hacía yo, así que le quité la botella y se la clavé en el cuello», confesó, admitiendo cuando la fiscal le preguntó porqué no se había ido que ese había sido su «error».
Y es que además de admitir los hechos, Jonatan se mostró arrepentido. «Tengo remordimientos a diario, sufro pesadillas con eso, y me tuve que empezar a medicar», afirmó, advirtiendo que «si pudiera volver atrás, me hubiera ido del bar cuando me lo pidió Evaristo, por lo que me pasa a mí ahora y por él, que no merecía perder así la vida». Precisamente, el arrepentimiento, el consumo de drogas y la confesión serán las bazas de la defensa para tratar de atenuar las consecuencias penales que tenga que afrontar el sospechoso, quien tras los hechos permaneció tres meses callado, el tiempo que tardaron los agentes policiales en llegar hasta él.
Y es que tras matar al hostelero, Jonatan cogió su móvil y las llaves del bar y huyó de vuelta a Celanova. «No conté nada porque sabía que iba a ir a la cárcel», admitió, alegando que tenía miedo de no volver a ver a su sobrina y a su mujer. Es posible que nunca hubiera confesado si no lo hubieran detenido, él mismo lo admitió, pero desde que fue arrestado colaboró con los agentes, por lo que quedará en manos del jurado valorar si la circunstancia atenuante de confesión se puede o no aplicar a su caso.
Respecto al consumo de drogas, Jonatan, que tiene 40 años, explicó que había empezado a tomar estupefacientes a los 25. Hace seis empezó con la cocaína, y, según dijo en el momento de los hechos necesitaba a diario entre 5 y 6 gramos. «Tenía una taberna y necesitaba estar despierto», afirmó.
El juicio seguirá este martes con la declaración de los agentes policiales que investigaron el crimen. El cuerpo de Evaristo se descubrió un día después de su muerte. Un cliente, preocupado porque el negocio había permanecido cerrado durante todo el día, se dio cuenta de que la persiana del bar estaba bajada pero no cerrada, así que la subió, entró y vio el cadáver en medio de un gran charco de sangre.
Lo primero que se hizo fue comprobar las cámaras de tráfico del casco histórico, que mostraban a Evaristo hablando por teléfono. Luego se comprobaron sus llamadas y apareció una de Jonatan, poco después de las nueve de la noche. Ya tenían un hilo del que tirar, aunque el confinamiento paró la investigación y pospuso el arresto hasta mediados del mes de mayo. Desde entonces, Jonatan está en prisión preventiva.