El intenso episodio de polvo procedente del Sáhara da paso este miércoles a una lluvia de barro
18 ene 2023 . Actualizado a las 18:15 h.Esta mañana muchos gallegos se han encontrado con sus coches muy sucios. Es un efecto más de la calima. Las precipitaciones de las última horas y el polvo del desierto que ha estado llegando desde el corazón del Sáhara han generado una lluvia de barro. Lo cierto es que se trata del último coletazo de este episodio tan intenso de aire africano que ayer provocó incluso que España fuera el país con el aire más contaminado del planeta.
Pero si bien es cierto que la calima supone un riesgo para la salud, sobre todo para personas que sufren problemas respiratorios, para la naturaleza supone una verdadera bendición. De hecho, el polvo del Sáhara protagoniza una de las relaciones más sorprendentes del mundo natural.
La ciencia y la tecnología tienen cada vez más información sobre cómo trabaja la naturaleza y de qué forma conecta el mundo, hasta tal punto de que el desierto más cálido alimenta a la masa forestal más grande. El Sáhara existe, al igual que otros como Atacama o Mojave, por el movimiento que generan los anticiclones oceánicos. En el caso del Sáhara, las altas presiones de las Azores inhiben la evaporación y evitan que pueda llover. Claro que desde un punto de vista meteorológico no se trata ni mucho menos de un lugar aburrido. Frecuentemente se forman tormentas de polvo, un fenómeno que también puede ser un problema para el tráfico aéreo. Además, cuando esas tormentas de polvo salen al océano y la temperatura del Atlántico es elevada, acaban transformándose en huracanes.
La invasión del polvo del Sáhara en el océano es conocido desde hace décadas, pero gracias al satélite Calipso de la Nasa se ha podido cuantificar este evento. Cada año se precipitan más de 180 millones de toneladas de polvo, que pueden atravesarlo por completo y acabar en el Amazonas. La arena del desierto cruza el océano empujado por los vientos alisios de componente este, los mismos que llevaron a Colón hasta América.
El polvo va cargado de fósforo, un nutriente fundamental para la fertilidad del bosque tropical más extenso del planeta. Así es cómo África nutre de vida a América del Sur. Este intercambio de nutrientes entre dos regiones separadas por miles de kilómetros también tiene su huella en el clima mundial. El 20 % del agua dulce que ingresa en los océanos proviene del Amazonas, un mecanismo muy importante para mantener el equilibrio en las corrientes oceánicas. La selva amazónica actúa también como uno de los grandes pulmones de la Tierra, ya que retira grandes cantidades de dióxido de carbono de la atmósfera.
La ciencia ha descubierto recientemente algo sorprendente en la parte sur de la selva. A través de un proceso conocido como transpiración, similar a la evaporación, pero que procede de las propias plantas, la humedad asciende hasta alcanzar la troposfera y forma nubes que terminan precipitando. Este proceso pone de manifiesto hasta qué punto tiene vida este ecosistema, capaz de alimentarse de un desierto y darse de beber a sí mismo cuando lo necesita. La naturaleza no deja de sorprendernos.